miércoles, 2 de noviembre de 2011

Suspirar.

Esperaba sentada en una calle lluviosa a no sabía qué mirando el firmamento buscando respuestas y reflexionando ya que la lluvia siempre es buena aliada en momentos rápidos y efímeros en los que nos sentimos sin propiedad solo de nosotros mismos. En ese preciso instante en que la gente en que las personas cada una con su historia se mezclaba entre la marea de un paso de cebra, cuando en una tienda  cercana un joven compraba el equipo de música para el que tanto tiempo había ahorrado... En ese preciso instante, él apareció y la consumieron los recuerdos y las noches despiertas que él le regaló en su ausencia.
...
Se quedo inmóvil y guardando aquel beso que le ardía los labios en su más firme fortaleza. Repasó sus rasgos y comprobó por su boca que ahí estaba él mismo y disimulando agachó la cabeza y decidió correr en dirección contraria arrepintiéndose de haber estado en esa maldita calle esperándolo ya que a causa de volver a enseñárselo a su memoria volvería el insomnio y con ello sus incontrolables lágrimas en aquellas inalterables noches.
Estaba clavada en la calzada cuando giraron su cara despacio y el beso que le ardía yació en los labios del joven que reclamaban sus caricias como si de ellas hubiese vivido conseguido sobrevivir al rutina del día a día.