sábado, 20 de abril de 2013


Detente. Observa. Mira tu alrededor. 

La prosa ha llegado con la primavera con un contraste perfecto capaz de aspirar al dulce exilio que a través de mis dedos descubro.

La primavera regala otro año más la juventud a la naturaleza. La brisa descorre un telón de sublimidad. 

Ansiosas las flores nacen al amanecer llenando de color la idea y la forma de las palabras que de mi cabeza se retiran abandonando mis entrañas y ocupando éstas hojas. Ayudadas por el aire, complacen al mundo con su delicadeza y eclipsan humildemente al quebranto que trae la debilidad del simple hecho de ser humano. Mecen sus tallos al viento y pintan la tierra con el color de sus pétalos. Regalan la felicidad al viajero que se desorienta y contempla.

 El aura adquiere la forma del sabor de un primer beso de amor, el aleteo de una mariposa que deja posar su polvo entre los pies descalzos, el legado del movimiento del pincel de Renoir, el ácido de la fruta, el choque de unas gotas de agua que como si fueran rocío se desbordan tus mejillas cuando los rayos de sol despegan tu cuerpo de tus sábanas.



La tierra ha vuelto a crear una obra de arte.




¡Qué la renovación te cubra cada esquina!
¡Que la belleza arrugue tus mejillas!
¡Qué tus horas se llenen de primavera!  
¡Qué vivas cada día de tu vida!

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