lunes, 22 de abril de 2013


Tras el último gemido, el gélido escalofrío levanta todo tu vello, eriza cada poro de tus milímetros y como si plomo fueras caes entre mis pechos desnudos que abren las puertas a la paz que has traído contigo, que has dejado dentro de mí.

Comienzas a retorcerte todavía lleno de mí entre mi cuerpo 
y estás tan indefenso, tan desnudo, tan lleno de mí y aún yo tan llena de ti. 


La naturaleza derrama gotas de placer desde tu frente y a mi ombligo desembocan las últimas pizcas de saliva. El aire entra por la ventana y remueve tus cabellos, mientras la madrugada abre los ojos envidiando la forma en que el brillo dibuja en tu cuerpo figuras abstractas enlazadas a tu desabrigo como escultura marmórea perfecta. Sólo puedo desplegar mis dedos en tu pelo, la particular calma que dejas cuando el amor has hecho, la natural magia de una conexión vigorosa en esta lucha carnal que con fuego desatamos y la duda de como he escapado de morir en el misterio de tu cuerpo.

Poesía son tus curvas, camino al infierno tu cintura.

Eres huérfano, eres tú, eres bello, eres mío,  
Eres perfecto.



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