jueves, 20 de junio de 2013

Ella.

Quizás la persona que más me cueste querer sea a Alicia.

Si comienza a sonar los primeros acordes, rememoro los cálidos días.
Si deslizo mis pies por los callejones, mi mente vuela hacia atrás y me deposita en tiempos que creo mejores.
Si el verso de un poeta se repiten entre los ojos, anhelo la magia de los nacimientos o me resigno al padecimiento de los desenlaces.
Y si el destino lo reclama, me olvido de querer a Alicia.

Si paseo por las letras de un libro y de repente el personaje a mí se parece, el protagonista se revoluciona recordándote.
Si hundida en las costillas de un hombre espero, me manifiesto en el mejor de mis ritmos para acelerar más su respiración.
Si en la cumbre del segundo me hallo, me deslizo rompiéndome.

Y siempre se me olvida querer a Alicia.

Siempre olvido querer a Alicia cuando Música la inunda, cuando pasea al compás de Viento, cuando Poesía la traspasa con su belleza, cuando Destino la deposita en la dicha, cuando se revuelca en el Ingenio de un escritor, cuando exhala vida en Orgasmo, cuando Lágrimas da Brillo a su rostro. 

Cuando su cuerpo, su alma y su mente dibujan sus nexos.

Y así, la vida se escurre en las manecillas de un reloj mientras abre los ojos y vuelve a reencontrarse con  
la naturaleza
el universo
lo invisible,
la belleza
la esencia.

Entonces yo, mirándola a los ojos, prometí que nunca volvería a dejar de querer a 
Alicia.









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