jueves, 25 de julio de 2013


A un noble anónimo que yo intento nombrar como “ciencia” debemos la Creación, la unión de elementos que se enlazan en una perfección invisible que a muy pocos ojos se les concedió el don de observar. 


Entre las múltiples posibilidades emergí en un planeta un diciembre que guarda el camino de mi existencia y me deposita en un destino disfrazado de lo que intentan nombrar como “casualidades”. A cada paso que mis pies caminan, en cada olor que mi esencia aspira, en cada material que repasan mis dedos, en cada melodía que mis oídos detienen y en cada percepción que mis ojos contienen yo sólo concibo la idealización de un mundo agrietado donde tan difícil es encontrar magnificencia pero cuándo la descubro comienzo a comprender la respuesta a cientos de preguntas.

Belleza eterna en los componentes inacabables. 
El movimiento de un beso. La manifestación del corazón en una lágrima. El pecado en cuerpos libres que dejan de esconderse. La creatividad del arte con las infinitas posibilidades que propone un bloque de mármol, lienzo en blanco, cámara, papel, pentagrama, el propio cuerpo con su propia voz y sus propios movimientos. El humo de un cigarrillo que se pierde en el aire. Los enlaces entre las personas cuando roza un cuerpo con otro que también pasea por el mundo. El tesoro indiscreto de ser joven. Lo masculino de un hombre donde se unen fuerza y verdad y la feminidad de una mujer real que deja paso a la pureza y a la elegancia. Los esculturales accidentes materiales que guardan reposo en la naturaleza. Las innumerables teorías científicas de mentes privilegiadas.
… 
Belleza en la esencia de lo infinito.

Cuantiosas son las elecciones y estilos de vida que deja el nacer. Se conoce de quién opto por una vida pasiva, de innovación, de vanguardia, de aceptación del sufrimiento constante o a la felicidad permanente. 



















Yo nací para vivir en belleza.

domingo, 14 de julio de 2013

Los días tienen sabor a nicotina y las noches reproducen a efímera existencia de los cigarrillos que se me consumen en las horas.

La belleza debe pasear por los contenedores o divirtiéndose en las alcantarillas, quién sabe.

Las excusas que me impongo al día para ser feliz se multiplican con mis obsesiones y las tonalidades de gris con los que pinto el cielo.

En la intimidad de mis dedos me duele el recuerdo de los que se fueron. En los despertares, me duelen hasta los sueños que ya no sueño. En las sensaciones, me pierdo moribunda.

El alma no late, la mente me deshace y en mi cuerpo he encontrado a una extranjera.

... Y de repente, el dolor ha pasado de ser pasajero a ser mi pasajero.