domingo, 14 de julio de 2013

Los días tienen sabor a nicotina y las noches reproducen a efímera existencia de los cigarrillos que se me consumen en las horas.

La belleza debe pasear por los contenedores o divirtiéndose en las alcantarillas, quién sabe.

Las excusas que me impongo al día para ser feliz se multiplican con mis obsesiones y las tonalidades de gris con los que pinto el cielo.

En la intimidad de mis dedos me duele el recuerdo de los que se fueron. En los despertares, me duelen hasta los sueños que ya no sueño. En las sensaciones, me pierdo moribunda.

El alma no late, la mente me deshace y en mi cuerpo he encontrado a una extranjera.

... Y de repente, el dolor ha pasado de ser pasajero a ser mi pasajero.

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