martes, 12 de noviembre de 2013

Ojos en la pálida luna, las doradas estrellas en la piel.

La calle se deshace. Sólo se escucha el quejido de los gatos posados en los despojos de un contenedor. Elegantes en el paso mantienen la nobleza de dos enfermos maravillados por la sublimidad de la raza. La intimidad de la tiniebla da fuego y promete herir a la memoria.

Felinos indolentes, apegados en la oscuridad que se arremolina en las aceras comienzan a remover y con el gemido más silencioso pierden los vientres en los pechos. Ahora son animales creando poesía, ordenando el mundo.



Finalmente, 
sus patas hacen una reverencia ante el otro concediendo el cielo,
regalando la libertad,
mezclándose en lo salvaje.