martes, 24 de junio de 2014

Qué mi cuerpo es fuego, ahora que entras.
Real porque lo sentimos.
Nadie abre grietas en las horas prohibidas para no escupirle al centro en la tierra,
donde habitan los muertos.
Bendecidos ángeles nos llenan el colchón de un manto de flores.
Podríamos ser una batalla de rosas.
Lo único que veo son nuestras sombras en una pared llena de pétalos,
te mueves, te estampas, te rompes en mis costillas.
Y bajas los ojos, sediento. Entonces, yo moveré tus venas para que despiertes.
El semen sólo es la sangre de los que se desgarran jodiendo los momentos,
arrancando los fantasmas de las sombras de lo que nos rajan las gargantas.
Me llenaré de oscuras vidrieras cuando el pináculo masturbe al templo.
Y tú, derrotes los últimos cristales.
Álzame que llegue a los cielos.
Que cabalgue en los infiernos como sólo Lady Godiva supo hacerlo.


Fue medusa en los terremotos de mi vagina,
necesitaba que las algas pasearan por mis olas.
Y que los animales despertaran en los amaneceres,
delfines deslizándonos en la cresta de la marea de mis caderas.


Vuelo, vuelo, vuelo
Creo, Creo, Creo
en la reencarnación del hombre,
en dejarse las heridas en las camas,
en buscar el relámpago en el instante.
Amen.
Amén.


El amor no nos convierte en mejores andantes.
Sólo es tiempo que nos pertenece,
y el amor nació,
buscaremos un brindis en los cuerpos por ello.