miércoles, 30 de septiembre de 2015

Captura.
Captura.
Árabes velos de mujeres fueron las que no quisieron decir el nombre.
Enriquecida de saber que lo estás temiendo y teniendo en energía,
es cada segundo que aparece en el bebé.
Tengo que probarme esta noche,
y pienso en ello.
Quiero que tengas mi supuesto en el cometido.
Hombres incendiados,
movidos con el suave extremo que mana de sus vicios,
mi precisión en el diafragma.
 Nada se equipara a lo que necesito,
a lo que me vuelve al trastorno.
 Mi cuerpo son sueños formados en la costra de la que pide fiesta.

Me siente duro.
Y nada le importa.
Quizás me haga llorar,
muévete con los barcos errantes.
Haré sus mares.

Otro tren,
quizás atropelle.
Quizás yo sea la que te ate a los raíles.

Nacida Inmaculada,
María hará que esta noche se haga de idea.
Yo cincelaré la cera.

Mi mejor marqués me pone por encima de la lluvia,
tan fértil como el deseo.
Peca mejor.
Tú no quieras volver a casa.
Tú no quieras encadenarte al árbol.

Ella quiere cantarte.
Ser la ciudad que promete su mente.
Arribaría.
Bajo los espantados asteroides,
no sepan como volver.

Andaré.
Por ahí piensan que debía morir esta válvula de venerada venada.
Tú aprietas el sonajero,
sus arroces son la venida de lo que me haga estar en tu vientre, 
mamá.
Usándote siniestra como base.

Dulce cosa.
Sargón no está en mi jardín.
Augusto no te ama.
En julio, era ama.

Tu dices que América nunca querrá tener en destellos la explosión de la pantalla de una máquina rota.
Misterios,
miradme ir.
A través de la llama, no me nominan.
Soy lo que soy en la zona azul.

Yo,
tiento a los pentagramas.
Madre Tierra,
hija de la menstruación.
Póngase las reglas, Padre.

Tres corrientes,
 como idos, 
como idos,
como idos.
Viajando a través de la boca.
Nunca pronuncian bien tu nombre cuando yo no quiero vivir así.

Tras los Grammys,
cada canción es una nueva era en mi habitación.
Y yo soy el himno universal.


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