sábado, 21 de noviembre de 2015

La mentira de la verdad.

Érase una vez la vida tras un ahora qué. 
Hija, gracias por la publicidad publicada bajo tu publicación.
Twitter comentando mis hojas de la adormidera.
Facebook cortando mis bellotas acarameladas.
Tiger, bolsa de plástico, recordando al recordado que mata nuestro amor cada día.
IP deja de direccionarme a lo que quiero esconder.
Webcam deja de  vomitar a mi William Blake.
Me toco en la televisión teatral.
Temblor de ser la Gran Belleza del pecado original.

Privacidad perdida, pérfida.
Nada está claro hasta que nieve el veinte de diciembre.
¡Oh, pero el mundo se llenó de amor, música, miradas!
Y parecen llenar mi nombre.
También el de mis hombres.
Y todos conocen mi enana vagina,
mis diminutos pechos precisando presión.
Tan cerca no me sustenta,
me asusta.
He estado sola y misteriosa tanto tiempo que no debiera.

Érase una vez una explosión artística desde un núcleo de una bomba que alguien activó,
asesino de mi serie.
¿Dulce da dinero?
No sé.
Hazme el amor, 
más que la cuenta.
Resucita, muerto, antes de que te mate.
Háblame hora tras hora en la historia,
evitando el eche de la leche. 
Tú eres la acción. 
Y yo además, 
soy todo,
luz,
cámara,
reacción.



¿Cuánto cuesta una esencia con cara?

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