miércoles, 30 de diciembre de 2015

Me beso sola.

Mi poesía es la basura embarrada de la que ejercita vivir. Sin técnica, ni rima, ni nadie que la comprenda. Pero tengo un alistamiento de vivencias y féretros en ella. He matado al hombre que amaba. Me he independizado. Y pretendo, sólo dar gloria a la mujer venada que me sacude. La reina bebe poesía y después, mea. ¿Cómo el resto no se obsequia? Todos son artistas y que me dejen creer.

La situación es la anécdota del corazón. Todo mi dinero perdido. Todas las estrellas circunvalando. Los vales son mi piscina de la que puede ser más blanda. No habrá premios a mi arte. Ni medallas a mis galeones. Todo será efímeros secuestros de mis secretos.

Patino entre el resto. Me mezo en el sueño. La piel pide que me limpie los dientes así. ¿Qué quema más cuando quema todo? Sola hacia la eternidad. Sola hacia la oscuridad. Es adorar lo dorado. Nunca tratarán de a mi imagen semejar. Esta mente siempre en guerra, a nadie le gustaría portar. La mente donde todo lo ordinal es una orden para una crisis existencial. Sorpresa será el hombre que me quiera hacer levitar. Una mujer que me quiera arrullar. 

Abrí mi ventana salvaje llevándome a mí estado más lamentable, más levitante, más impresionante. Y no encontré razón para amarme, si no es como portante. Y tapé mi ventana a mi sin sabor. Mi alma me pide otro día más para cruzar el mar en mis manos. Prendada de mis bragas. Prendada de mi dadá. Las trompetas apocalípticas volverán a relinchar.




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