sábado, 6 de febrero de 2016

Arte dotado, arte del ghetto.
Huelo a hembra,
huelo a feudo de consecuencias.

Trenzo Ginebra, 
púlpito millonario.
Con la punta de la lanza pasó página.
Una hoguera quemando quieta.

Tachada de indecente,
aceptando el accidente.
Huyendo al convento con pavor,
descalza.
Erasmo alarmó el limpiar.

Todo es experiencia,
la pirueta cartesiana.

¡Pío, Pío!
Llevaba una mentira del perdón.
La lloraba después.
'Nena, sigue tú que yo no puedo.'

Al alba trinó la reina.
Elogio a la locura,
loggia de gestación.
De la depresión,
salí depredadora.
Hambrienta por la herencia.

Agricultura ósea.
¡Oh, verdaderamente lo son!

Vivificando la pasión,
afrontando la destrucción.
La voz que baila en el desierto desterrada,
ofrenda a mi a amo.

Mil y una noches ya,
al son de una guitarra.
Conquistando el camino.

Hago mi tala.
Vómitos invisibles.
Mi cabeza y yo sabemos el aspecto que adquiere nuestra definición de ello.
Canela en rama y bolas chinas,
para llegar hasta el fin del mundo.

Para practicar la audacia,
Alicia,
hay que leer.

Spotify play,
pasteles en la fuente azul,
acuarela en la la marea.
Y después,
barroquizante desconcierto.

Bipolar en los hemisferios.
Todo estaba en paz.
Y quería explicar el poder de la  guerra.
Hablar con años de tempestad,
por más tiempo.



Me visto en un hotel.
Joya sobre el viento.
Vengo mi reino.
Donde ser libre es divertido.

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