lunes, 29 de febrero de 2016


Todo lo que cocino cacarea en el clítoris.
Lo racional es la ruina de la reina.

Revivo en un quiero,
la salvaje sesión de las sienes de las sierpes.
Los garabatos dicen:
'Gatea, gata'.

Duermo sin conciencia,
progreso en sentido contrario.

Revivo al mito.
Las velas para el final de la peregrinación.
Porque me quiero quieta.
Y no quiere el cuerpo.
Mi cabello me otorga el terreno. 

Mi caballo me otorga el asiento.
La pared se descorre.
Y entra el sol que ha de servir,
la ultravioleta del clímax.

El concepto es el peso.
La tecnología de la siderurgia sideral,
sabe como colar y colmar el lazo.

Absoluto neutro.
Si no sé, 
vuelvo a la infancia.
No al control.
Sí al latido.
Para ganar el pulso,
para pagar el inserto.

Es el amor la lengua de los cielos.
Amor, amo los segundos.
La primera es la quimera.

Todo el día,
toda la noche,
al compás del podré en la lumbre de la  podredumbre. 



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