miércoles, 16 de marzo de 2016

La vocación pesa.
La gana me prensa.
Alabar me piensa.

¿Qué decís?
¿Quieres flores?
¿Qué hago inmóvil?
Valientes veinte.

Quiero serlo.
Quiero sacarle brillo al anillo.
Quiero la sobreplenitud,
dejarme de quejar por los dolores,
no saber el nombre de los colores,
caldear los calores.

Cosas como mariposas, sean de mí.
Ardo, ardo como bruja.
La brújula se ha despertado.
Obtendré una bujía.
La que diga que beba de la poción.
Sangre ineludible catapultada a inhumanidad,
a lo incorpóreo.

Ya en la noche de espuma,
ya vestida de agua,
donde los ángeles no han venido a saludar,
es tiempo de reír,
de llorar,
 y ante todo, no recordar.
El volver a empezar es la 'otra vez'.
'Otra vez, estamos aquí.'

Los barrancos borran tu barro.
Arrojo al  deshecho,
más lejos de mis lluvias.

Instalo en mi hogar al día,
acondiciono a la noche verduga.
La rutina de libros de fundición,
de películas con mi acción,
de baile por defensa,
es lo que le doy a Miss Fantasía.
Tiemblo por lo que poseo,
al pensar que pudiera perder a
 miles de ninfas gritando:
'¡Estás viva! ¡Estás viva!
¡Te haremos a ti!
¡Despierta en el primer día de tu vida!'
Entonces, soy al cubo.
La Santísima Trinidad,
en el triángulo vaginal.



Cruzar los océanos,
mearlos.
Joder, ¿qué hace Alicia en los espejos?
Lamen, los ciervos, el cristal.



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