domingo, 6 de marzo de 2016

Nadie me quiere,
nadie me quiere
Sólo mi camello,
sólo mi camello.
Y ni siquiera le he comprado.
Y ésto tampoco es la tranquilidad debida.
Y ésto tampoco es la venganza de la danza.
Ésto es: 'ven, danza.'

Podría estar acabada,
pero insultaron.
A la sana manera.
A la salsa de la hierbabuena.
Podría explotar como un bloque de cianuro,
como ácido cegador.
La luz está mientras paso de página.

Los valores se van a lo lejos.
Cada día, sin quererlo soy cara.
Cada noche, sin quererlo soy cruz.
Resiste entre las deudas de ser mala o buena persona,
entre pillar crítica 
y
 la interpretación crítica tiende a mostrar de un modo diferente la intención y prejuicia la información. 

Oye, nadie escucha.
Quizás estar cerca,
quizás perder las piernas,
las aletas como aleros.
Os veo a vista de pájaro.

El repudio es la piscina.
La diferencia con el segundo.

Los bultos de los conciertos,
roban a las jorobas.
Copian la capa,
desnuda, limpiada.

Hierro errado,
la caratula no es una caricatura.
De dos, en dos,
les hago el avioncito con versos.

Pico y pico en el epíteto.
Áticos de atasco.
Litros y litros.

Hola,
Buenas tardes,
échame.
Lerelelé.

Cúbranse las cortinas,
cae una buena.
Rompiendo las cadenas con las caderas.
Me suelto la melena.
¿Te fías?

Coraje en jarras,
ropas rasgadas.
Robo barro,
como premonición.

Nadie soltero,

nadie en el salero.
Las pulcras cortinitas son las sucias leonas.

La bendita cadena que me separa de la pestilencia,

está pendiente de mi parámetro.

El miocardio respira el cóncavo.

Azúcar y vinagre,
nieves y agriedades.
De momento,
dictadora.
De momento,
tormento.

Competir al compás,

salvaguardar la vanguardia,
hartarme de vitrinas,
comerme los trofeos.

Rabia sería como arañar al perro.

El murciélago durmiendo conmigo como muérdago.

Amamantandome el desanimo.

Vuelvo al vicio del paro y reparo.
Lindas burbujitas para viajar por ellas como en una Odisea.

Un segundo tras otro de 'yos, profundos'.

Así, soy de los indios ángeles de la parte alta.
Nos separamos.
Viuda del difunto.
Malicia en la ciudad de leones,
aun bailo por encima de tu tumba.
Cuando tumbados,
no te adelanta.
Entonces mi luciérnaga vendrá a recoger el diezmo,
lo desbocao. 

Normal que te choque.

He nacido para el azote.
Él superarlo sería complicado para ti,
pero yo voy por el peaje sin equipaje.

Volver a hacer sin pensar.


No sé como respirar.






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