sábado, 16 de abril de 2016

La debilidad de una oveja frente al sol moribundo
-Leopoldo María Panero-

Hallé el sentir sintiéndome.
Tomé mi bestia y bebí cinco.
Jugando con el ahora no me ahogo.

Apadrinada por París,
a punto de decir algo.
El tiempo inútil es el tartamudeo.

Mi cerveza en los cabellos,
mi certeza en los camellos.
Dómame como dragón.

Muevo por trabajo.
En el carro,
cuerpos brincando a altos vuelos.
El cadáver de  la fortuna.

Balanceo la balanza,
manos de Midas.

Pelo la planta 
y todos están silbando.
Atención.
Los hombres no tienen culpa de que les guste las mujeres.

Cabeza de la tierra cae. 
Quizás sea Jesucristo.
Quizá sea la parte de la cruz.
Y sea una espiga.

Acudo a mis llamadas. 
Y floto como florezco,
en una eterna Navidad.
Bailando la maldición.
Canta porque mi piel es la nieve navideña.

Mi pedazo se despedaza.
Y pacta con la pieza.
La flor de la tortura.
Crack.



Esnifo la ficción.
Conecto la ciencia.

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