lunes, 25 de abril de 2016

Tiré del pecado.
Desayuné cerveza y decidí en el cigarro.
Para verlo todo en la retina,
te tienes que irritar,
ejecutar la guerra al hastío.
Estrecho y trato hecho.

Bien, estoy entre ciudades.
No me pongas condiciones,
porque no me adopto.

La última letra necesita un  reparo.
Recreo a un pigmeo en el cuerpo.
Inundación de erudición en el conocimiento.
Arte, hazte.

Yo me absuelvo de mis siete capitales.
Purifico y afirmo:
¡Fiesta, sí, sí!

Como cónyuge, el mimo del mundo.
Como cónyuge, el veneno del mundo.
Cómo cónyuge, la destrucción del mundo.
La autodestrucción es mi sensación sensible.

El bolígrafo hace baladas abominables,
caricias de malicia.

Dilato el adelantado.
Empujo a la próxima.

Me falta cariño.
Tengo que darme aire. 

Me jode que piséis mis germinales geranios con los prejuicios.
En cuanto les doy mi nombre,
todos están haciendo por mí.
Véndeme el motor.
El mío, sólo es una cesta.
Lo que quiero decir es que hablar conmigo es lamer hielo.
Desagradecidos no saben que todo no puede darse.

Limosna que me ampara,
el ojo de la cara.
Hay que irse.

Filosofía para hambrientas.
Destreza en las trenzas.
Trampas en los permisos.
Aún veo el humo de lo que he arrasado.
Suficiente pasado.
Mi esperanza es la fuente del sudor.

Era la guía.
La locura venía como tentadoras tarántulas.

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