jueves, 5 de mayo de 2016

Vengo del pasadizo de la fuerza del manicomio. 
Mostrándole a María la misa de la miseria.

La gente habla de cosas que me han pasado,
pasado procesual.

La boca de tu cuerpo yo besé,
la pena está en este paso mío.
La fianza que lo que me llevo es melancolía.
De todo lo que me quita el sueño.

Mire, yo le daré mermelada y miel.
Y el 'sólo de pan no vive el hombre'.

Mezclar la oniria,
cambiar de clases.
Yo soy el clavel que ve.
Su rama es la cuerda de una viola.

Pasa por mi nombre, 
pásenlo, pásenlo.
Mi pensamiento es el pan.
Es la cárcel de las formas de mi aliento.
Ay, eso es mi pensamiento.

Mi corazón en los cielos se ha metido,
y yo lo estoy llamando,
y me responde volando por los vientos.
Entre la fatiga del humo de la muerte
y el vivirá, vivirá.

El signo de su suposición es la habilidad.
Yo quiero ser pastora y fumar.

Al fondo de la mina,
vinieron mineros 
y tuvieron que quitarme el sentido.
Me pican los labios por la sal de los sentimientos.
Me he quedado recontando todito su dinero.

Tenía que partida salvar a la reina,
atravesar todos los destinos de la tarde,
y ver lo que para mi mente es la amable realidad.
Desde aquel día solo quiero libertad.

Lenguas lamiendo el gusto,
llorar la gota redundante de mis grutas,
peinar los cabellos en la mañana,
desenredar las telas de araña.

Ya te alejas de mí,
idea.
Ya soy madre joven.

A mí me han visto en los suelos sucios de las fiestas.
El agua está sembrada en mi arma y en mi alma como barniz.
El agua son tus manos húmedas de minerales marinos.
El agua fue arroz en Valencia.

Que no me quiero ir al infierno.
Que volvería al día después del espino con duelos y lutos.
Para ser las valencia de la mar.

Siendo una minera de la minoría de la filosofía,
¿dónde he ido a parar?
A las vueltas de este remolino mental.

Ésta es la última cita.
Dime que el único mal de verdad es el morir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario