miércoles, 22 de junio de 2016

La sabandija del olvido se postró ante su indiferencia.
Tengo que correr en la nieve quieta.
Él es la ida.
Y yo, el deseo de tu venida.

Un suicidio, 
el vertedero del incendio.

Nadie arropa mis lágrimas por tus partidas,
tus embestidas y cuando me desvestías.
Después de años, como varios días.
Nuestros besos eran las crecidas.
Nuestros humos eran las alegorías.

Me mandaste a la hoguera diciendo 'vete a la mierda'.
Eso es lo que aspiré antes de tu partida.
Las cinco farolas son la condena.
Nuestros fracasos son la cadena.

Ruego treguas.
Menosprecias mis angustias,
mis anginas abruptas en las que te gustaba hundirte.

Es la oscuridad el ritmo del seísmo.
Siempre es lo mismo.

Rompe la risa la rata que roe mis entrañas.
Mi cuerpo te retaba y ahora soy la rabia.

Callas a Maria Callas.
Mojas las calas.
Ahora, me calas.
El cólera se coló.

La histeria es mi historia.
Me niegas la inestabilidad.
Y soy un cascabel.
Y yo quiero que me ames como amaras a todas las mujeres que merman en tus sillones.

Cada lecho es un dolor.
No das tiempo para volver a ser el autor.

Mi cabeza, loca.
Mis entrañas, gotas.

Acogemos la predestinación con un adiós.
El porvenir son ácidos.
Ciega de tu cuerpo,
tus huesos pierdo.

Soy tu viuda ebria,
la perdida a la que echas de tu vida.

Otro hombre muerto.
Diosa, dime que seré la mujer renacida después del lamento.

Ha muerto nuestra ultraviolencia,
ha muerto mi veneración,
y nuestra esencia.



Repito 'te quiero' al bloque de hielo.



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