lunes, 27 de junio de 2016





Te dejo en la cuna, niño hambriento. Yo me quedo en la luna. Nada que nos una. La bruma de tu mentira es la fina línea de mi sonrisa. Tú, fantasma que camina, eres la envidia del ridículo. Los hombres se quedan como niños, ¿y ahora con quién me alivio? Repiten que mis palabras suenan vulgares y sólo es la dulce cólera, ya sabes, sin educación. ¿Hacer daño? ¿Yo? La espontaneidad siempre es bondad. 
¿Poco cuento? Ahora hinco los codos en la mesa y no busco ayuda. Yo soy mi puta y mi cura.
La desamortización de tu cuerpo es la esencia de mi conocimiento. Fuera, hombres, tengo trabajo que hacer con mi intelecto. Cúbrete de mi territorio, la traca.
Mi mujer se solventa cada día en el espejo. Y no cree en el reflejo, sólo en el efecto. ¿Rota? Vamos, pásame otra ronda. De lo que sea.
Las hostias me las tomo para tomarme el vino. Vete. Másturbate.
Sin deseo se siente mejor. Cuando quiera, coitus interrumptus, por si me encuentro con quien no deja alargar sus sentimientos y sí sus menosprecios al amor. Emérita en mi templo, portadora de mis cimientos. Mis palabras son el Estado. Y tú eres, el súbdito que bebe de lo que proclamo.
Lo que me diferencia es la fuerza. Fecundo a la fémina con la experiencia. El estoicismo también es prenderte hasta las cenizas. Y la algarabía de mi ira, es la brisa cristalina y justamente está cuando digo lo que quiero decir.
Sola en la emboscada, ya no le temo a nada. Dime algo por lo que no haya llorado ya. Pedía que me dejaran seca, pedía libertad pues fermento a la fulana. Concibo la zona, hoy soy más animal que persona. Te ataco, te araño, te escupo, te meo. Mea, mía. ¿Tú? Mejor juego al yo-yo. Comparto el ritmo del teatro, me encanta. ¿Control? Ponchos indígenas y no burkas. 
Vamos, diversión, sé como hacerlo sola. Sé como levantarme de la lona. ¿Entiendes? Es la explora. 
Soy lenta aguantando y rápido echando.
Así, sin fe ni corazón marco el adiós.

Acoplate en el aula. La mujer se toma como ídolo y no se doma. Mama que se derrama cuando narro la armada. Ay, mamá, mira como asesino mis sentidos. Mi pelo no es rubio, es pura filigrana. Parto la partida. Sudo por mi talla. Sonora en la sesión. Traga, traga lo que cavo. Ahora, que estoy en caliente me siento la predominante. No me importa pasar hambre porque me alimento de mi inmensa alma, mi arma. Soy el gallo montando el pollo. No me importa quedarme afónica porque esa es la crema. 

Cómeme el coño.

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