miércoles, 29 de junio de 2016

Ven, verano, ven.
Vislumbro el Vesubio hacia mis venas.
Vislumbro una estampida de palabras en personas,
luces de concierto centelleantes,
el pseudónimo de las estrellas.

Que tibia la mañana cuando la hago tambalear,
en la rotura del radial,
partiendo la proporción áurea,
poniéndome púrpura,
por ser la Virgen de los Remedios.

Ando por la calle entre el piropo y la pelea,
entre la alegría y cuando rozó la  conversación con la tristeza,
entre el beso y el disparo.
Nunca lo nupcial está presente.

Inmoral como el mar,
tú me mecías.
Tú no me des más tormentas,
tú no me des más castigos,
no acabes conmigo.
Cree en la eterna vagina.

Brusca busco,
sin selección,
aún así el águila aguja el ojo.
La quietud y la cinética le daban la coral a la canción.

Cruzo mis piernas,
fuera de las cavernas.
Es la fuerza de la belleza cuando es una cascada en la entelequia. 
Y me hace ser ella.

Es un sueño real,
es un sueño made in me.
Mi dulce aceptación me guía.
Era lo que fluía.

Rescato el rayo,
y él es el cetro de mi centro.

De la barca de la barraca,
 yo soy la vela blanca,
navegando mar adentro,
yo soy la inmensidad.
Las algas son el vello de mis brazos.

Calla, niña, éste secreto lo vas a guardar hasta la tumba.
De los manantiales mentales de mis pensamientos,
son para la mañana,
tiros al alba.

Estoy disfrutando.
Quiero la contractura de ser la contracultura.
Yo pico de todo corazón,
y úh,
sorpresa,
yo gané.
Mi mi sostenido.
Están lloviendo sensaciones que me arrancan por alegrías.
Teatralmente, â bientôt!
Sí, más pronto,
más fuerte
y más cerca. 
Intenso sol,
olor a hierbabuena en mi pelo.
Soy la  Santísima Trinidad de Plotino.



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