martes, 26 de julio de 2016

Calma, karma.
La provincia está en el vicio.
La economía es mínima.

Pinto las palabras con la armónica,
mis ecos son regalos desterrados,
que se mueren de mi lado.

Los niños juegan en la tarde tibia,
y los tomo desde el centeno del salón.
Y sus risas serán las guirnaldas del llanto.

Sírveme, 
vals, 
a mis venas.
Soñando a la vieja luna por el rumor oscuro de mi frente.
¡Entelequia, entelequia! 
¡Al estiércol, el excedente!

Que la fiesta de después no sea gris,
no sea fotografías de ríos,
que el pensamiento sea la serpentina de las cintas a revelar,
hasta que ya no le de sombra al sol.

Modélica lencería es la elegancia de la frase glandular,
mujer de agua,
en su orgánico andar.

Pulso para pagar,
sólo necesito que me digas que el sueño no está marchito de banalidad,
que lo sensible es el ocaso del misterio.
Imán barroca,
hojarasca que recorro.
La muerte de mis neuronas,
repetían,
el éxtasis de la Madonna,
excusaba.

La fosa osa cavarme,
la cerveza bendecirme,
la muerte suicidarme.

Las letras libertinas muerden mi ruina.
Soy las siete musas en las siete colinas clásicas,
soy el suceso del silencio,
sedienta de cicuta.

El renuevo son los cuervos viniendo a ponerme los ojos,
cuando entreveo el oro en mi pelo si lo ora Quevedo.
Mujer, ¿por qué estás en toda descripción?
Sé  tu son.

En el final de María Estuardo.
En el efecto de la herejía de Juana de Arco.
En el fermento de  emancipación de Cleopatra.
En la fusión asceta de Hipatia.
En la flor divina de Juliana de Norwich.
En el ganado de la sabiduría.

Mi angustia es densa,
mi agonizar silencioso.
Aspiro estelar estertor,
disparo como un extintor,
rectifico como un aspersor.

Las perlas de mis pasos pulen mis versos,
sin conocer la advertencia del veneno de las víboras.
Da igual, bésame por el boceto.
¿Cuántas veces necesito variar de miembro?
¿Se te queda pequeña?
Edad macilenta,
alma y cerebro en el género.
Te sangro azarosa.

Rehén de mi guarida,
espero que ésto sólo sea pasajero.
Caerá el infortunio en la criatura,
queriendo ser inmortal.

Horca simbólica, 
siempre como sudario.
Sucia por impura,
brillante por desnuda.
Derrumbo rumbas.
Nada al despertar.
Vislumbrar el vacío,
era el cálculo de lo seco.


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