viernes, 26 de agosto de 2016

Pide que yo te daré mi ultima gota de sangre',
el traspaso de la corriente,
el dominio del excedente.
La brisa que te traspasa el occidente,
el tránsito del accidente.

Suave vital,
libérate a lo salvaje,
condiciona lo errante,
trasplanta de un tiro,
suena el sarmiento,
atrapa el trueno.

La perversión me desviste,
me da las manzanas,
me marca las adivinanzas del cuervo,
que viene a robarme lo visto.

Me critican por hecatombe y no me solloza el nombre.
La hierba hostil es la hostia de la raíz febril.
No sé que decir,
sólo elegí.

Era oro como ayer,
esperando que me desvelara el vendaval,
la paloma estaba agonizando en agosto,
ya si quieres, puedes cortar la mala hierba de tu campo.
Cicuta nace en tu costado,
y te muerden los lados,
los  lodos.

En la barra,
vibrando,
dame de beber el consuelo consagrado,
la fuente de la felicidad cuando no puedo aguantarme la pena que llevo dentro.

Y en la orilla,
me pongo temprano bravía.
Con el tiempo, me parto en pedazos.
Y entre las rías, pasan los años.
Los recordaré rabiando cuando ya no puedan ser.

Tú raja la razón.
Para yo quererte,
marca el quejido de la corriente.
Era el instante,
era el diamante,
era el día del amante.
Puntual, 
puntúa la conversación,
la fiera relucirá si te vas.



¿De qué está hecha la luna?
¡De mi locura! ¡De mi locura!
Tiene la luz encendida.
Aplico la cara llena,
por diosa, 
vente conmigo y no tengas ataraxia.

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