domingo, 1 de enero de 2017

Desde 1994, sufro la enfermedad de la orfandad,
el golpe del manzano que le arrojaban a Kafka con sus manzanas.
Puta directa a la putrefacción,
nadé y nadie quiso besar mi estiércol.

Tumbada,
en el mismo rastro que el techo,
pienso como sería vaciarme bebiendo lejía. Sí, ahora, la escogería.
Total, si soy de vosotros apoteósica, los frutos serán póstumos.

La agresión física la patrociné yo,
la agresión verbal será indeleble en el ego.
Intenta tú olvidar el insulto y a ver que tal.

A vos, os salvan los domingos paseando de las manos directos a las mantas del amor.
Mis hombres son cuervos críados, ahora otras mujeres van a deleitarse de esa sensación.
Sabe a morfina sobria.
Mi ansiedad es, que a pesar de todo, yo he sido mi madre ejemplar.

Fijo mi ojo en la navaja y creo que el argot sería más elegante si fuera veneno y desaparezco.
He jugado tanto sola que al final resultar en la estratosfera es una demolición.
Los lavabos de casas con familias armónicas conocen, en la cerámica, tener familia sin aflicción.
No me dejan jugar a ningún juego de mesa familiar.
Fam i liar.

Acto I. Sé que, a veces, la vida es salvarse del dolor.
Acto II. Sé que la palabra suicidio es mi premonición.
No sé en que órgano del cuerpo no me han pegado ya.
Necesito renta para una madriguera ya.
O alguien que bifurque mis mechones sabiendo que soy pura pirotecnia.
Alguien que me done su alma y sepa que sólo despierta ajena en busca de belleza.

Digna de psiquiatría, si volviera a caer ahí, juro que por juzgada de proscrita sociópata caería.

Con 2 años buscaba una camada.
Con 22 años, moría, buscando un clan.
Hoy me abriría en canal para dejar de respirar, tal y como se merece en la matanza el deshecho animal sin alcanzar una personalidad. Haced la matanza y quedaros con la voz que os guste más.
En el insulto, soy una reverencia.
Juro que me he dejado llevar por la que más salvaje he sentido en el mundo.

Él se ha dado la orden de arrancarme el Rimmel. Salvadme, respuestas, a mi favor, por favor.
No paro de dejar fluir que quiero finalizar toda la sensación.
Soy el escombro de mi rendición,
y soberana de toda salvación.

Hablar tras ésto y proteged la tormenta de esta habitación.
Me asustan mis pensamientos, piden abandonar toda mi reino.

La defensa es una ultranza. Y no es que vaya de víctima, no. Es que todo ser me aborreció. Alejaos, quedaos con lo que más os gustó de mi voz.

Dedico toda mi repercusión a todo el ostracismo donde me han ido a mandar, necesito el exilio par aumentar.

Sola en la sed,
fría en el auxilio,
mi boca es un lazo,
una petición de una venda,
una anulada ayuda.
Aún yo, aú/\o.
Apartada del a iré.

Noto el labial roto en mis trece,
los hematomas en los diecisiete
Noto la estancia del derecho instruido y destruido.
Sí, soy culpable. Estoy mejor muerta.

La vida interna entera eterna se irá con las venas abiertas.
Espero que seáis caníbales de mis letras.
No plagio a la felicidad,
indulto e insulto al culto.
Temo contaminar,
estoy encajada y no me puedo abandonar,
sólo atropellar.
No plagio a la felicidad.

Mi juicio penal no es Navidad,
es como cuando un humano siente que su excremento es vulgar.

¿Inmersa en inmensa? Tampoco.
Pido un deseo a la realidad en la tremenda tiniebla.
Extraño mundo, ¿mereces ser admirado por una ánima que se muere en momentos?
Ceremonia muerta, abominación en la abdicación. Decido suicidio, quizás porque era necesario  un directo donde alguna vez me hubieran dicho que creían en mí.
Mi trono tronó y tornó.
Hueste de huésped, trágate el humo, así menos tiempo seguro.

Custodiar es un intento de domar y yo no prometo nada, pero intenta sacarme la celda de la cabeza. Que los animales se acerquen a mí. Que mi gato me bese como una serpiente venenosa.

Creí y por Pi latos matasanos ejecutada.
Acusada, por calmantes custodiada.
Asesinada en la conspiración maternal.
Separada de la armonía que amas, los días se alargan.
No he parado aún de llorar. No pasa nada, nada. Vas a ser todavía más lapidada y limitada.
Aún no he parado de llorar.

¿Ser o no ser?
Fecundar, sí, siempre.
Abrazaría ahora cualquier adepto que no me golpeara, que no esquivara el pis de mi empirismo. Vuestra honra me enrrea en la agonía hasta el ansía de pulir.

Da igual, matadme.
No cambiaré mi destrucción por la tuya.
Ejecuta a la reina,
salpicará el Valse Triste de Sibelius en la quema.

Extiendo la crucificada del día recóndito en mis últimos segundos.
Los siete pecados, palabritas de rosario, me rezo.
'En mi fin está mi principio.'

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