miércoles, 1 de febrero de 2017

No puedo hablar con mis voz, sino con mis voces.
Alejandra Pizarnik



Lactescente incesante,
prodigo de azar,
ancestral falta en el primero de febrero ya estará fuera de pagar.

Eso es mío, eso es mío y estoy inmersa porque es instinto.



Me despierto en toda triza,
la correspondencia de la enseñanza referida a la herida,
como un correspondido iza,
como un eco psicoactivo parece que los hechos pluscuamperfectos se descuartizaran,
en retales de búsquedas sedientas,
donde pudiera alcanzar la ventaja
y tener la naturaleza de la tecla virtual.

Me deshago del anticipo, me desangro.
Desequilibrarme es sostenerme.
Forjar la impresión ínclita en una grieta.
Mi sesgada rapiña encarnada es mi nueva esposa,
es un 'no perecerá la compañera',
Ausonia, tomé el viento quieta viéndolo en el síntoma.


La fortuna es cierta, la for tu na se arranca.
¡Oh, función pequeña, función gemela!
¿Acto entusiasmado o acto ensimismado?

Si tenía ambición de facturas, se ha desinflado al postergar,
para ser un disipado completo, hay que mascar natural.
Nacerme horizontal y yacente, el arte supera a la muerte.

El animal niega el orden humano,
es convulsa la interpretación.
Mi desobediencia es estoica,
una escalera otorgada a la corona.

Una marabunta en la misma silla,
un pensado trozo de trono,
donde el saliente me mira como un regazo.
Donde no paro de pensar que en el club, sería gato.
Estoy a ras de la hierba en un sol ópaco,
donde el poema es un sombra.

Sirena, retiene Finlandia sibeuliana en la licuefacción,
con salario digno en la faúla,
levanta, descorriendo y descarrilando toda la cuadra,
una ménade que camina, reprime y quiere.



Te exhibiré el vientre del que naciste,
sumisa a lo salvaje,
haré el lupanar incesante
consolatio ad helviam matrem,
donde la inocencia se fue para siempre,
bébeme, cómeme,
 evolucioname en lengua vernácula.

Delira mi '¡baila!' en precipicios retorcidos,
son ráfagas que cuentan con tus secuestros,
estoy en grito de anhelo de: '¡hasta en silencio, la embriago!'

Al anochecer, hazme no ayunar en la ayuda.
Mi lujuria dentellea.
El exilio es el ostracismo de todas las piedras de tus putas.
Zoofilia lírica, al ilusionar he tenido que posicionarme en tus psoas.
Forma fila una extranjera,
que quiere arremeter viajes candentes,
rodar transparente en el muro del comprometido momento inalcanzable.
Las muertes han ido por turnos.

Mi vacío más orador, nunca volveré a ganar así otra vez.
Mi secreto lejano, tengo una caída en tu investidura y un trato con tu vestidura. 

Podríamos oler el sol,
en un salón desértico, 
podríamos desmentir a la madrugada
tú y yo en la lastimada quemada la casa.

Huelo a caliente carencia,
estoy destinándote a mis caricias,
Con el alimento de imaginarte atascado en un autobús,
como un animal que se incendia en sus propios sueños,
que sus manos saben hallarlo.
Cantan y miro celosa como lo hizo con el pájaro.
Sucumbo a ser tu sermón.



Injurio en el freno de mano,
me declino en el derecho de dudar de los Olimpos por tu pecho.
Imploro tu sembrado.

Una lengua trífida a mansalva sosteniendo a un envuelto,
ensambla el asfalto conmigo,
mi recibo sin ser recibido.
Permíteme gobernar volcando el obstáculo,
a camino abierto, todo es nuestro.
Mi paraíso contigo no es cielo, es celo.

Dedos diestros que se masturban con auspicio.
Que vuelco en la olla ahíta,
gúmena de energúmena en la hermenéutica se toca
de tu palabra, que es chispa.
Y reposada adelanta, lánguida, ambigua y epilogada,
tras el recorrido en la analogía de la loggia,
el yugo en el rayo,
anido ardimos.
Para ti, de Hebe, desde el Himeneo donde no halló nexo.

Mis suegros son su ego.
Exhorto mi extremo en mi exceso con el centro elevado.
El valor no merece sosiego en el incierto.
 Hécate en la simiente,
Dictina en tu silencio ausente.



Un curso de honor en la constancia.
Para que sea la suave mordaza de la prudencia, no te tienes que comparar.
Y abarcar cada canal.

Crear la armonía y desposeerla,
me desnudo y me uno,
he olvidado el vértigo,
una guitarra que raja el directo,
la ira del sacrificio.

El ilustre se desenfunda y se confunde.
Semejantes pecadores,
si me aconsejas,
ya te aconsejas.

De la intranquilidad metafísica soy víctima,
día logos.
Acabo mi juicio es bastante coñazo.
Porque el arbitraje de bienestar no era resignar.
Soy el gavilán de Ahura-Mazda,
afilando el ave rapaz,
siendo el lazo en la distancia.

¿Prueba o prenda?
Argumentos de eclosión en la retórica,
donde se escucha el mayor vicio de la provincia:
la decisión republicana.



Náufraga en mi patria,
extraviada plañidera hacia ser puramente nominal
La cuestión está resuelta porque se anunció y así se dio.
Se alarga y aleja el jardín,
en la presencial elipsis.

Llévame como una princesa a vivir del cuento.
Niña taza - niña tiza - niña feroz.

Ahogadas pétreas membranas,
son las magdalenas que ahora comeré,
surcando la leche como se rompieron las tintas deslizadas ante la eternidad,
absorbidas y suavemente digeridas.

Y tú vuelves a moverte en un repleto,
que ahora no es tierra de nadie.
Ya soy mi aire.

Indecible solvencia,
tertulias con un premio.
Estas excusas van vestidas de comunión,
donde aquel tétrico psiquiátrico muda a la altura,
una concomitancia en la escultura,
hasta quizás pacificar el seno por que no haya nadie que lo distribuya.





Una piedra entre lo seco y el musgo,
hundo viejo hierro.
Acelero las falsas alarmas,
me divierto como una recién llegada, aleluya.
Pulso en los espejos y despido coordenadas,
Si no pudiera reciclar, no podría recordar nada.

Unas muelas de papel que me miran y me dicen:
Cúrame.

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