martes, 11 de abril de 2017

Es la profesión del montón,
una llama ahogada calca la materia,
hora tras hora, una espera, Penélope teje lo que no puede sostener,
mirando fija una lámpara y en la mesa se desdibujan los ojos de una ansia como un guadamecí.

Podría invitar al brillo lejos de las sábanas,
el tiempo libre se da a medias,
mi columna está ocupada en mezclar las fresas con nata,
las pequeñas hogueras cítricas son suavizadas,
mientras tú sientas tus hombres en un somier,
qué quiere atraparte en un 'A ver, explícame.'

Recorren las yemas teclas hacia donde me lleva donde tú vayas,
con el sol que ha entrado con un rayo con los sonidos con el que te llaman.
El negocio dije que tú nunca marches,
la intrusa implica ser pesada y abundante.
Aún no puerta, no lo dejes ir.


Alma mía, tengo un sentimiento en la cantina.
Mi juventud es pura panacea,
atracando la esperanza en el mismísimo Santo Grial
me he encontrado siempre niña.
Y la curiosidad meterá los dedos en los enchufes,
cómo se abre bucólica los versos y prostituta los sueños de Baudelaire.

Respira la piscina que poco se afeita,
él es mi laguna Estigia.
Donde la muerte de mis razones me sobresaltan.
Depárame el augurio de tu estremecimiento,
qué la siguiente llamada está enviada desde todos mis agujeros,
por donde entran termitas irreparables,
de tener tus carnes y morder porque por ahí, sólo puede acceder a tus inquebrantables.

La corona que toca el inconveniente,
echo de menos todo lo que puedo darte.
Bajo tus calles, compositora de la tarde.
Ha llegado el mar como un muro.
Y no es porque no sepa hablar de ti como amor, es porque tu sexo es mi mejor acabado.
Nací para alcanzarlo.



Arco al tiro,
cinturas rotas,
fluctuaciones de decisiones

Pasos corrompidos,
cuadros parisinos,
mentales hospitales

El océano concuerda bajo mi ducha,
una enorme soga
después de land.

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