jueves, 11 de mayo de 2017

Es demasiada la oscuridad
para distinguir que las cosas son distintas.

Te digo que me pido,
el clavo es un tono,
me grito cuando estudio,
sugiero que evoluciono cuando me masturbo.

La noche era una aguja.
Yo soy la droga.
Yo soy la metadona.

La lona con la inmersión de la plástica
evalúa la didascalia de la prosodia.

Cuando te persigue la vanita
en el día que nacen las naturalezas muertas
son las nuevas acuarelas
cuando se contagia la magia.

Será que el tiempo es dulce si son azares,
será que es salado si lo vuelvo a reformular.

La sugestión nos debe gratitud,
no puedo ver mi actitud.
El objeto se reconstruye,
las paredes se llenan de mosaicos si entusiasmos.

Casta docta,
algunas miradas huelen a mala propaganda,
otras huelen a comprender la democracia.

Es tiempo de adorno,
vuelta al ginocentrismo
colapsando el androcentrismo
en los tiempos del humanismo

Controla un poco el todo,
dora el foco,
emerge poco a poco
hasta que se desgaste lo indeleble.
Nos fumos a mover la redundancia,
nos precipitamos en la confianza de que cambiaría.


Te convalido,
pero no te imito.
Te exprimo
por eso no te evito.

El recuerdo se desmonta tal y como se va dispersando,
se me va en él donde ya no quiero preguntaros,
su encuentro era dejar de ser compañera de mis entrañas.
Me robas.
Hundo al esperando,
¿dónde te encuentras, reflejado?
Como otros te tienen, tú eres mi motivo.
Mordisco de mi cántaro,
juramento de mi decoro,
te quiero incierto.


El calambre fue impertinente.
Las virtudes cardinales calcaron la cocción
para tomar la paciencia como una discusión con el hastío,
con la templanza en los fragmentos de lo amargo,
con la fe predispuesta a ovalados esquematizados.


El temperamento es imputado como una maldición,
irritarme es un derecho,
influenciarme es un debate,
esconderme es amontonarme.




Estamos prometidas como el artefacto que ajusta en tu acera si obtuve
en la suerte de que el tinte no se oculte.

Todas las esquinas están limpias,
conciencia corriendo en las aceras,
salvadoras superponiéndose a los sistemas.

Cogiste con mi nombre en el umbral del adentro,
especulaste con el límite de la selva según decoración
ahora por hambre afilarías tu lengua porque te han dado la sumisión como reclamación.
El hielo, el hielo derretido hasta que lleguen los créditos.

Si no tuviera nada que decir, el ruido no existiría.
El sol me da energía, pero me matará porque lo estoy contaminando.
Y las sonrisas no son lo que yo sería, sino lo que el fundo con el mundo.
Y las lágrimas son de león, y las lágrimas son de crisantemos
con el último respiro que pide la certeza del testamento.

La destrucción es un condimento,
la hierba se pisa porque el camino no se puede interrumpir así,
pediremos la relevancia de vivir en una cascada,
nacida para ver la mejor partida del alba
me deslizaba en cualquier bordillo,
me notaba en cualquier suministro.

Aplicamos sus secretos
tornamos el Credo,
terminamos el Ave María hasta te pertenecía.

La lluvia cae, pero tú naciste superflua,
limpia de pensar que me limpio,
hasta proveer en tu rosas de 'me caso' o en tus despedidas de confirmación.
Adiós, coalición.

Rezo por una mujer nueva,
atrinchero las barreras.
Sin metabolismo,
no existe lo sensitivo,
si hoy por invención,
crecer es un artilugio de la confesión.

Lo suficiente se desprende como una demostración,
igualamos la necesidad con el ocio siempre.

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