domingo, 4 de junio de 2017

Nos sufrimos en los suspiros de las arterias,
con un ente que se hace cuna,
extremadamente experimenta el cuerpo más místico que he conocido de lo que no se ve,
será que le sobra y no ve ná, da igual, así será, úsela.

Agua, calma el karma
que brota de chakra a humana,
y muda la acupuntura a manía,
a iré hacia abajo mermados y ría iría,
¿reiría?

Clemencia, ordena que la condena se haga ida y vuelta,
para que sea pálida y hunda a una mártir de la ética,
la vuelta de la caza de brujas.

El ser sabe de sed,
quiero quedarme jalonando el jaez
en sueños a caballo con Paula de sus redes -porque vi tús en impacto en tus largos caballos- compartiendo el miedo de gobernantes,
he aprendido a inventarme mujeres,
Luz Divina, qué bien cargas con los colores de mis errores,
¿no ves que efervescente es mi vida y mi estima?

¿Qué sabré yo de cinco si te tengo incomprendida cuando te hinco?
Autócrata de una calamidad corpórea
de esas que te tocan poco a poco
hasta que parezca mentira que te digan que tienes que morir y comer y llanto y ay que te mañana te quiero pintar los labios y Anne Sexton no es un fantasma aunque sea una imagen sin salida.

Yo tenía mucho acierto aunque me hayan quitado los espejos, tendría que ser lo habitual,
y tenía más alimento que un cartel publicitario que siempre resta,
oye, ¿cuánto queda para que le dejes sola?
Lo desea.

Ella piensa que vale lo que vale Sierra Nevada, mientras nasal y visual en un tenedor.
Ella ve que es verano ya, las cutículas deberían ser del color solsticio, negro negro, la inmortalidad es temporal.

Adivina la división,
'yo estoy para salvarla y para matarla',
¿te doy una larva?

Con la verbena de un barabunta,
yo voy a donde las vértebras,
que se acurrucan en una columna,
masaje a vello dedo,
alucinación de ángulo.

La indulgencia cálida está tan acabada,
tan dominada como entrecortada,
tan frágil y desahuciada desde que tú te tatuabas.

El infierno es un compromiso.
Y juzgan de mi verdad.
Todo viene a mi culpa,
escuece el rizo,
ruge ruge sin compasión.

Ay, la lástima senil,
unos alcanzan el cariño, otros se ensucian los dedos con dinero,
yo por monedas no te vendo,
te compro porque eres el puerto de mis planteamientos,
porque partí tus alas y te creo, paloma.

Permitir el desvelo,
acabar a menos cero,
vals triste Sibelius, en cenizas, sobre el suelo

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