jueves, 13 de julio de 2017

María Antonieta

El día del nacimiento ya dilucidaba la tragedia, en Viena repicaban réquiem por el Día de los Difuntos. El terremoto de Lisboa rajaba edificios y la fuerza de la naturaleza se sobreponía a la de la ciudad, por ello los reyes de Portugal no acudieron al primer sacramento de su ahijada.

1755, 2 de noviembre. La emperatriz de Austria, reina de Bohemia y de Hungría da a luz en un parto consagrado a alianzas de poderío o a acuerdos de paz con sus enemigos. María Antonieta Josefa Juana perdía su cordón umbilical para ser un ombligo. Madame Antoine nacía en el seno de ocho hermanas en el palacio de Hofburg.





La madre de María Antonieta tomaba la vida sin amago de ser madre únicamente en el parto, era devota de su gobierno por lo que sus dieciséis hijos no le importaron, sólo tenía en mente el anhelo que tienen las intenciones maquiavélicas; conquistar para la reputación. Era la mujer más poderosa a la hora de salir victoriosa de los ultrajes que condicionaban la fuerza de los Habsburgo. Al mirar a María Antonieta, la vistió en su imaginación como reina de Francia, un rival que era preferible aliar en el momento que se habían unido para abarcar Prusia e Inglaterra. El poder corrompe hasta la maternidad. Se encarna en las entrañas y hay un eclipse entre la ternura y la solidez. María Teresa, hija del emperador Carlos VI, sólo advertía el camino de la victoria y usaba a sus hijos para alcanzarla. Su trabajo eran sus condiciones. ¿Qué importa más el reino o los sentimientos? El uso de la razón se acuesta con la ambición, los sentimientos son un camino a la perdición. Ella optó por no sufrir de altercados en el corazón y se dedicaba a asistir a la cristiandad, reuniones de ministros, escribir epístolas, sentenciar decretos y recibir los altercados.


María Antonieta baña en agua bendita en la Iglesia de los Agustinos. La vida en palacio contenía un hábito de vigilancia que trastornaba la libertad hasta desecharla. En el palacio rococó de descanso de Laxenburg se siente la paz de campar y los niños salpican sus juegos en el idilio. Desde pequeña entonaban, teatralizaban, danzaban.

Sus padres la concienciarían en la buena música -afin a Haydn, afin al arpa- y el bel canto. Tenían la intención de modelarla en la sumisión para que obtuviera una actitud satisfecha, pero la rebeldía era el ápice de la educación estricta de la corte. Mantuvieron que debía ser fiel al requisito. Para la creación de su propio corazón, fue duro tener una madre tan autoritaria, el hierro era imposible de apaciguar, la sensatez de mantener el reinado se denota en una tara de una conciencia indisoluble que no deja términos para sentir. En la inocencia, María Antonieta hace un trampa con sus conocimientos donde su institutriz le hacía el deber y ella sólo tenía que anotar la respuesta. Así, sería sustituida por la severa condesa de Lerchenfeld que no le hizo sucumbir ni al sentir literario, ni al placer de la escritura.

Pareciera que la crianza fuera la naturaleza para un futuro basada únicamente en contentar a la nobleza, así trataría su amor como escapatoria en su hermana María Carolina. Cuando la emperatriz es consciente de las condiciones de las conversaciones que no acordaban con la rectitud, decide separarla.

1765, agosto. En sus nueve años ve truncada su paz cuando fallece su padre por una apoplejía en Innsbruck destruyendo los ánimos de toda una familia. Todo se volvió triste y sombrío para María Teresa, relató el luto hasta el fin de sus días en una vida donde no volvió a tener una felicidad complaciente, pues la fe en el amor deja el recurso desconsolado y todo lo soñado se vuelve amargo. Aunque pensó en dar su vida a un convento, su obligación la reprimió.

1767. Las desgracias comenzaron a extremarse al miedo por la muerte. María Cristina recibe una grave enfermedad alcanzada hasta la extrema unción donde sólo un milagro la salvó. La viruela descansó en Viena. La adolescente Josefa acompaña a la cripta a María Cristina al rezo a la enfermedad que la mataría a punto de su boda, dejándola enterrada con su vestido de novia. En la agonía familiar, en el lugar de su hermana, Carolina fue la consorte del rey de Nápoles ante la muerte de su hermana instigada por el interés de la emperatriz.


En la tristeza de María Antonieta, se inicia la aprobación de unirse al Delfín de Francia, Luis Augusto de Borbón, Luis XV. A María Antonieta le asumen sus defectos y comienzan a corregirle hasta que sus bustos y la instancia de su estatura quedan corregidos al gusto.

A los doce no le interesa ni lo escrito, ni el hecho histórico, ni el atuendo literario y cuenta con faltas de ortografía. Sus idiomas son pequeñas, medio del italiano y chispas de francés. Y en la ruptura de sus futuros, María Teresa acontece con más esfuerzo e incisión en la lengua francesa con el abad de Vermond, cargo oficial del preceptor de la Delfina, donde se refugiaron en consejos y el cariño amistoso se forjó. Ejerció su sabiduría en el idioma y la historia del llano y de la realeza y ella tomaba como ansias en la Corte de Versalles. El ingenio y la pereza asumieron sus consecuencias, y María Antonieta buscaba ser rápida para rehacer sus quehaceres. Su hija partía sin haber ocupado el rango que ejercía la coronación, así que intentó recuperar su tiempo perdido cuidando con consejos en el habitáculo. 'Nunca te averguenzes de pedir ayuda'. 'No manejes tu capricho hasta que posea e infrinjas el poder.' Teme que al ser tan vulnerable, las críticas pudieran destruirla.' Teme que el decoro quede calumniado por las extravagancias de la corona francesa, que la fe católica ya no esté predispuesta como ocurrió con el escándalo de María Amelia.

6 de junio, 1769. El embajador de Francia pide formal la mano a los trece años. Para colmar su alma de paz, realiza un retiro espiritual con el abad de Vermond antes de entrar en la historia. 7 de febrero, envía un carta a Luis XV donde deja claro su predisposición a confirmar que la infancia había acabado. 17 de abril, María Antonieta decide ante la Biblia la renuncia de Austria y Lorena. 19 de abril, se celebra la boda real en la Iglesia de los Agustinos. El banquete puso a prueba un banquete puso a prueba a María Antonieta hasta dejarla exhausta. Todas las relaciones de Luis XV pasaron a ser parientes, y ella se colmaba de posesión pero pedía indulgencia por ser inexperta en el arte de reinar. 1770, 21 de abril, da la despedida a su Austria natal para comenzar su prestigio. Antes de partir pide comprensión ante el pueblo para que se perpetúe como un ángel.


Al llegar a la abadía de Schuttern, el conde de Noailles la espera y la ofrenda con la prepotente duquesa de Noailles que actuaba con poco cuidado en la sensibilidad de María Antonieta. Al día siguiente, la ceremonia de entrega, es otra dura despedida tanto de su estabilidad humilde hasta vetar el protocolo en un abrazo rechazado.

La hipocresía de las damas de compañía Adelaida, Victoria y Sofía pecarían de hipocresía y ésto le transmitía peligro. Algunos disfrutaban de la jovialidad de la niña y otros la acusaban de torpe e ingrata.

En el castillo de la muerte, continúa conociendo al séquito. Esa misma noche conoce a la amante del rey Mercy-Argenteau, donde María Antonieta se sintió empequeñecida ante el asombro de la bella amante del rey que así de cínica había acudido al viaje. Sin embargo, Madame du Barry le resultó de mala comprobación pues su impertinencias la sobrepasó.

En la entrada de un día soleado para concebir el reinado, irradiaba Versalles, hogar magno de su vida. Fue llevada a la planta baja ocupando lo suplente de la antigua Delfina, María Josefa. Trataron de comprar el malestar de la rotura de la privacidad con perlas.  
  

En la ceremonia del matrimonio presidida por el arzobispado de Reims en la capilla de palacio tomaba la unión María Antonieta vestida con una esplendorosa sonrisa. Tras la consolidación del destino, doran el espectáculo bucólico de los jardines hasta que se torció roto por una tormenta y el pueblo abandona a la pareja a un banquete nupcial. La toma del acostamiento se da con el paso de compañía del séquito donde rey y religión bendicen el lecho. Cuando ya toman la cama, los presentes marchan dejando a la pareja en una nada consumada.

A María Antonieta no le interesaba todavía más que realizarse en su cuento de hadas. Versalles contaba con unas decadentes costumbres de etiquetas vacías desde que lo implantó el Rey Sol. Pronto reconocería que era una consecución de escenarios donde se administraría un papel teatral frente a la nación. Podía asistir cualquier visita a la soberanía con agravio de la delfina. Las personas se abarrotaban en el habitáculo, mientras ella daba su día. Pronto le repercutiría la rutina y la soledad se hizo morada de lo monótono. Apenas la querían, sabía que actuaban con hipocresía, pero ella corría por un pasadizo hacia las tías para afrontar el abandono.



1770, 14 años. Como primera dama de Versalles la tristeza de ver al amante, los protócolos con las damas que la desvestían, su vida sumisa ante las convenciones basada en el respeto y en dejarse amaestrar sentenciaban sentimientos. Olvidaba en los movimientos de la danza que aseguraban un porte de empedernida diversión. La madre de María Antonieta piensa en su nieto y el futuro no llega. María Antonieta elige el error y lo cuenta en la corte, corre el rumor. Luis no muestra ningún interés en la pequeña, cazar era su jornada y el aposento tomaba su carácter de encierro. María Teresa le preguntó por su nieto y él le toma la propuesta tanteando probando que era tímido, a su hija le tirará la culpa por la impotencia. Perturbada la conciencia, María Antonieta crea bailes en sus dependencias para que asistiera su esposo y le daba el máximo tiempo. El adolescente se enamoró de la nueva niña. Cuando llega a ser rey, nunca dejará de serle fiel.

Por no consumar el matrimonio, Luis XV  se entregaba a las concubinas, ¡hasta tenía un Intendent des Menus-Plaisirs!' que creaba la cita. No le resultaba un escándalo aceptando su virginidad. Pero cuando se hizo dolor, fue cuando vio el poder que ejercía otra mujer cuando un ministro fue deportado. Monsieur Choiseul fue cambiado por Madame du Barry. Ahí ejerció su enojo María Antonieta estableciendo una afrenta con la elegida del futuro rey. Luego, viéndose pordiosera en la situación le dejará unas palabras y nunca más volvería a hacerlo más.

La descendencia se intentaba, pero no llegaba. Como la anatomía no cambiaba de opinión y de paso acallar los rumores que hacían sobre ella festejando con los parisinos. 1773, 8 de junio. La primera visita a París resultó de honra, y quedaron muy contentos de como habían sido acogidos. Luis le mostró su admiración en su buena actitud. Nunca dejará de huir del aposento para preparar París a su vista. 1774, conoce a un portador del Consejo Real de Suecia, el conde de Artois, Hans Axel de Fersen fiel en su confianza hasta el final.

Año de luto, 1774. Luis XV deja la vida por la viruela. Cuentan que cuando Luis y María Antonieta cayeron de rodillas implorando 'Querido Dios, guíanos y protégenos. Somos demasiado jóvenes para reinar'. Aún no alcanzaban los veinte y temblaban ante en un avistamiento de decadencia por su poca experiencia. Pero pensándolo mejor, el orgullo de reina componía la atracción al trono.  


La vida de María Antonieta desde su entrada en Francia. En las cartas a su madre lamenta que su vida matrimonial no sea suficiente, aunque su marido la cuida en su capricho. Pero el tiempo en el que ocupa en sus cuidados son la dualidad de lo distinto, él hacía el exterior se vertía en ocasiones de caza, buen alimento, modelar en la fragua y admira su soledad, que le ocupa más tiempo sin importarle el resto, ella era muy extrovertida y todo su albedrío en la danza y la música y en propiciar su diversión. A medida que pasan los meses, comienza a ascender en su propia imagen volviéndose con un atavío de insolencia. Sabe que ella sólo es tratada como un vientre para el parto, y que no será brillante hasta que no traiga un heredero.

Para combatir su fracaso, se acurruca a María Teresa de Saboya princesa de Lamballet haciendo encantador el Petit Trianon. Inventa su vida como sólo lo decidiría una reina niña. Era una mujer de luto, dulce, prudente, respetuosa y tímida, llena de bondad. María Antonieta la tomó hasta compartir la economía. Aún controlada la mente por el poder supo como aprovecharse de ella y eso añadió para la mala fama de la soberana.


Todo debería estar limpio para el vestuario que representa el centro rococó, al igual que defendía su reputación pues París era el centro del mundo. Cuando Rose Bertin, le confecciona los trajes derrocha su ambición y será criticada por no querer conocer sus bajos reinos. La ministra de la tela había encontrado a su mejor clienta, para promocionar su sofisticación y la extravagancia había tomado el escenario. En ésto podía derrochar miles y miles de libras, mientras el pueblo vivía con una libra al día.

No ignora la crisis económica que tiene Francia, deshecha en la cosecha. El célebre acto
en Reims se aplica en 1775, 11 de junio. Lo sublime fue el precio perdido en la coronación. Por una parte, sonrieron cuando la multitud tras el trono invade la salida con un '¡Viva el rey!'. Y otra levantaban calumnias contra ella para destruirla acusándola de libertina y de despilfarrar el efectivo en la frivolidad, cuando todo estaba desatado en el pueblo.

1776. Afincandose en el hedonismo, gasta en la apuesta por su placer hasta la deuda que ascienden en el tiempo a quinientas mil libras. Luis la complace prohibiéndola que no cayera en las tentaciones a favor de su fidelidad.

En la desesperanza de su fertilidad, pide ayuda en su hermano José para intentar parar su desgracia. El motivo de aceptar ir a la invitación es doble. La intención era convencerle de una operación del miembro para consumar su unión y otra, para explicar a María Antonieta que sus tentaciones resueltas acabaran por terminarla. Cuando llega a verla queda muy entusiasmado con la nueva y ella en su vulnerabilidad a pesar de su grata apariencia le confiará la sinceridad de su soledad, sus problemas de matrimonio, las intrigas de la corte, las discusiones de sus favoritas, sus deudas por las dudas de darle a su vida y sobre todo, lo que se esperaba de ella, ser madre. Antes de partir le da consejo 'Has nacido para ser feliz, virtuosa y perfecta. Pero te estás convirtiendo en mayor y ya no tienes la excusa para ser joven. ¿En qué te convertirás? En una mujer infeliz y todavía más desdichada...'




Durante los dos meses siguientes es triste por la partida, la soledad se preguntaba si se puede soportar por lo que se valía de la compañía de su marido a la caza apartándose del lucro de los juegos de cartas. En esta época, los cónyuges se unían en relaciones sexuales plenas tras la intervención quirúrgica del rey. Al año, logra estar encinta y no tarda en hacer una epístola para su madre para desembocar la alegría de su familia.

1778, 19 de diciembre. Las contracciones se avivan en un parto de tradición. El fin de la fecundidad era un acto público. Cualquiera podía asistir al nacimiento. Su esposo sufre viendo su sufrimiento donde la intimidad era erradicada hasta el momento más crítico. Tras doce horas de parto, nace María Teresa, nace Madame Royal. La angustia de ver a los asistentes, el ardor sofocante que sufre la fuerza y el cansancio provoca una hemorragia haciendo desconocer a su hija después de dar a luz. La alegría del nacimiento es bendito. No tardaron hasta adjudicarle una exigencia como esposa de tener un hijo, que pudiera ser descendencia donde no se optaba a ley sálica. A los tres meses, el amamanto es entregada a una institutriz, la princesa de Guémenée hasta que el rey exige que una madre es una madre y María Antonieta vuelca todo el amor maternal que nunca tuvo.

María Antonieta ejerce un gran cambio, aplica su conciencia a una vida certera donde sólo tenía ojos para la pequeña. Pero la corte era cruel, y por su vulnerabilidad inciden en darle daño, en arruinar su popularidad con ataques de calumnias. El infierno que se había prendido hace meses no cesa en los que veían usarla como diana de forma vil. Aquí es cuando el rey se enamora de ella y de su fortaleza para soportar la intriga. Juntos soñaban con darle un heredero al país, juntos cuidaban el uno del otro con entusiasmo haciendo eclipse con la confianza, negándose a tener más amantes para amarla como única.


En 1780, María Teresa de Austria redacta su última carta, pues pronto la respiración de la emperatriz cesaría a los 63 años dejando huérfana a María Antonieta. Los remordimientos fueron insoportables, al no ser la hija esperada, al no ser la inspiración de la perfección del seno de su madre. Con ella, habían cesado los consejos y había caído en la desgracia del arrepentimiento desesperado.

Marzo, 1781. La suerte genética trae el germen de un heredero. Esta vez, el parto se hará con la dignidad debida y nadie osará entrar en la alcoba. En el bautismo de Luis José, la emoción del padre fueron una inundación de lágrimas festivas.

La maternidad ha compuesto María Antonieta en una edad madura. Los tiempos en el Petit Trianon le alejan de los jaleos de los súbditos que la sancionaban con cada una de sus muestras.

 1783. Agrega a su estancia una aldea de lucro bucólico, un pueblo en miniatura. 1785, familias en la miseria son invitadas a compartir con ella la naturaleza y además procura su manutención. Pero el derroche volverá a desear más y manda construir un palacio en Versalles donde procura la decoración como una réplica del palacio de su infancia. El amor por la resolución de su diversión era su dividendo de divisora, así que crea un ambiente de teatro amateur con sus allegados para adoptar un personaje de pastorcilla o doncella de villa. Así, se encerraba en idilio donde se refería a sus favoritos desertando de palacio. El rechazo al pueblo y la elección de la resolución a los que dotaba de títulos y presentes daba una baja opinión en la nación.



Finales de junio. Axel de Fersen es el secreto que domina el amor de la joven. El aristócrata sueco vuelve de Norteamérica, un hombre de armas que a dejado su valentía en la guerra de la Independencia. Su aspecto irresistible encandilaba a todas las damas. La reina se muestra como una escena mitológica, sentada encinta tocando el arpa, cuando Axel entra el Salón Dorado. No había duda, ni deuda, eran amantes. Su valentía y su lealtad eran el visado de su sentimiento. No parará hasta hacerle honor militar y así Luis XVI nombra al conde de Fersen coronel y propietario del regimiento real suecofrancés. En su partida, confiesa a su hermana la congoja de que dos enamorados no se encuentren en consumar sus sentimientos. Poco después, la reina aborta.

La amistad con la duquesa de Polignac, Yolande de Polignac hace saltar de nuevo el escándalo en el rechazo del pueblo llano que se acompañaban en comentarios malversados por la frivolidad de la duquesa. María Antonieta la elige como institutriz.

1784. El interés de Versalles era explotar a la reina para que fuera una máquina de concebir herederos, por ello agregan la alegría ante las fértiles noticias de un nuevo embarazo.

A diferencia de la pequeña María Teresa, su hijo era encantador pero padecía de serias fiebres que colmaban de precaución de sus padres. María Antonieta pedía y pedía y pidió otro capricho; el castillo de Saint-Cloud para que curara las fiebres en beneficio de la salud del Delfín. Ésto le valió para ganarse el título de Madame Déficit por la responsabilidad de la ruina que asolaba el país. Los últimos meses de su nuevo embarazo vivía en nubes de crear lo precioso en el costoso lujo. En la madrugada de marzo de 1785, nace su tercer hijo Luis Carlos nombrado duque de Normandia que se hará favorito por la dulzura en un albergue de fortaleza física.

Al presentarlo el desprecio y la frialdad fueron consecuentes con la reina cuando meses más tarde marcha a misa en Notre Dame. Aunque pedía afecto, el temor de no verse querida era el suplemento real. Buscara donde buscara todo el amor era odio.


1785, 12 de julio. María Antonieta recibe una carta de Luis de Rohan donde se describía un collar de diamantes. Irritada por un ser libertino que se reía de ella porque no alcanzaba los medios para conseguirlo y que además quería desempeñar un poder en la corte como ya había ejercido en Austria como embajador de Francia. Una mujer sin escrúpulos, Jeanne de Valois, condesa de La Motte haría tergiversaciones para salir de su pobreza aprovechándose de los placeres que acostumbraba a usar la reina, falsifican su firma para dar lo fácil. La gran estafa funcionaba ante los ojos cerrados de María Antonieta, que se dejó llevar por la adquisición. Los cómplices reían cuando la reina era usada, y al darse cuenta su marido hará el encarcelamiento entregándolo a la celda de la Bastilla. Acaba de comenzar un asalto social. Herida pide justicia para renombrar limpio su nombre y él se disculpa ante el Parlamento.

Los últimos sucesos le traen la profecía, presa de la humillación. El cardenal es absuelto y la condesa condenada a cadena perpetua., flagelada y marcada con una V -voleuse, ladrona-. Enferma de ira por su condena, escribirá el manuscrito de la guillotina que condenaría a madame Antoine.



El refugio de Saint-Cloud resguarda a Carlos José que padece enfermo, mientras que su madre embarazada en su cuarto embarazo, no se deja ir de la cama de su hijo aún los médicos le habían dado el descanso.

1786, el 9 de julio, María Antonieta da luz a Sofía Beatriz desde su cuerpo llorado. Lo que supone la alegría de dar a luz, se transforma en una depresión porque su imagen había sido blasfemada y sola, ya no contaba con el apoyo noble, ni con el apoyo parisino.


1787, febrero. El primer abucheo en la ópera la dejará rota. Ante el juicio social, se carga de arrepentimientos en su hogar y se mantiene en secreto pues su cuerpo puede ser atentado. El reinado de la bancarrota acababa de comenzar. Monsieur de Calonne, ministra del gasto, reconoce que todo está agotado. Y esperando para destruir a cualquier precio a la reina, muestra al pueblo el derroche de Versalles además de hacer un presupuesto de reforma. Por este alzamiento, marchará al exilio de Lorena. Su plan de reformas podría haber salvado palacio, pero el orgullo es más convincente.
El dolor verdadero llegó con la pérdida de la niña Sofía. No pudo salir de su desesperación llorada cuando vió a su hija con una diadema dorada y cubierta con un velo mortuorio. El padecimiento senil que trae aprender de la muerte era un protagonista hasta quitar el brillo de sus ojos por las tensiones que había sentido.

Luis XVI ya es colmado de depresión. No puede soportar su error, se lamenta de que debiera haber sido consciente de que sólo vivía entre enemigos. El Parlamento sólo quería enemistad, y así lo comprobó. Al concienciarse y sufrir por su esposo, se le ocurre tomar los asuntos de Estado pero las buenas estrategias llegan tarde. Todos la querían ver muerta.
En la pesadilla, se empeña en mantener en la Corona haciendo balance de la humillación. Disminuye el ambiente del lujo, destituye a consejeros pagados, asiste al consejo de los ministros junto a su marido, suspende sus aficiones y reduce la alta costura. Apuntan que es 'mujer melancólica que sólo encuentra paz en el silencio y la soledad'.


No llega a chocar nunca con la dicha. Su hijo mayor cae enfermo de tuberculosis, circunstancia vitalicia. Actúa con miedo maternal y lo instala en Meudon. Él ocultaba como su columna había comenzado a retraerse y mantuvo temor a verse. María Antonieta no cesará en sus visitas donde le suplicaba al aire que lo curara.

1789, invierno. Los precios ante la escasez son más altos. En la corte, la crudeza del fuera por las hambrunas se sucedían pequeñas revoluciones. Al convocar los Estado Generales, buscaron darle más poder al pueblo en busca de una aprobación. Pero el daño cada día era más caro. Protagonistas de burlas y sátiras, los periódicos se llenaban de ofensas como ofertas de la destrucción de la fémina.

1789, 4 de mayo. Con la comitiva, bajan hacia al pueblo parado de aplausos. Ellos ignoran lo que sufre una madre al ver perder a su hijo. El sufrimiento es la distancia que medía con el pueblo.
Al día siguiente, se reúnen los Estados Generales en la suntuosidad del salón para reformular los estamentos. Ella disimula ante la hipocresía, pero su interior era incomoda. El presentimiento de la intuición le obliga a escribir 'No hay ningún partido aprovechable en esta Asamblea, no es más que un amasijo de desalmados, locos, bestias'.

El pequeño Luis José padecía en el Castillo de Meudon, disputaba a la temprana muerte hasta que vence la última fuerza de la vida, la muerte. Recibió su solemne entierro de forma humilde en palacio ante la vista abatida. Perdido todo, sus hijos eran lo único que tenían. Diez días después, rey y reina marchan a Marly para pasar una semana rezando al luto, el dolor era merecido.

En su ausencia, los Estados Generales extralimitan sus funciones creando constituciones. El rey ante su concentración de absolutismo, los niega y los disuelve. Pero el nacimiento revolucionario ya había comenzado.


1789, 14 de julio. El pueblo se había cegado en su salvación, arrendaban las armas y la barricada será la lucha por la República. La cabeza del carcelero de la Bastilla es el estandarte. Veinte mil hombres lucen los creados símbolos de la revolución.

Mientras, rey y reina descansan durmiendo plácidos después de destituir a su ministro financiero con la conciencia centrada en mantener su absolutismo, con la intención de asistir a los Estados Generales. El duque de Liancourt es el encargado de anuncia al rey que la cárcel había sido liberada y que la revolución no es una pequeña revuelta. Todos los conservadores comienzan a retirarse de sus puestos porque el pueblo había levantado su voz con violencia, porque nunca vieron remordimiento. Maria Antonieta veía las huidas de sus querido círculo y no pudo contener las lágrimas cuando Yolande de Polignac se retiró de ella, como tampoco pudo retener ante el abad Vermont.

El consejo de exilio es denegado, María Antonieta se ve capacitada para asumir. El caos no es un problema, al percance sólo le apetece continuar con la educación de sus hijos donde al final será instituida la marquesa de Tourzel.

Los panfletos con caricaturas son la dureza que tiene que soportar la reina. Estaba completamente sola. Convivía con comentarios de promiscua, intenciones lésbicas, succionadora del arca. Ella cerraba esos rumores en su conciencia. Pero al volverse tan repetitivos afirmó que eso era lo que la iba a matar.


El 5 de octubre en la tarde, pasea por sus jardines, saluda con cortesía a las gentes en las granjas, en el musgo piensa en la deslealtad. En su tranquilidad, recibe una carta, el pueblo toma las riendas y marcha hacia Versalles con pistolas y cuchillos. La razón colectiva era el terror, nunca más podrá probar las mieles de la felicidad. En su desgracia, intenta animar a los demás. Todos chillan afilar la violencia para arrancarle la mente. Siente un sentimental peligro, pero se promete no temer a la muerte. Esa misma noche, despiertan chillidos en su aposento de '¡Muerte a la Austríaca!' y 'Maldita ramera, puta del demonio!'. Los rumores sólo le echaban las culpas al pan de la muerte que había acaparado iba a ejecutarla. Huye, huye por un pasadizo a un escondrijo en el aposento del rey. El insulto y el odio era un trauma de una vida que tocaba ya a su fin.


Al día siguiente, ocurre el abandono del idilio. La duración del viaje a París en siete horas estaba cargado de la presión de insultos, amenazas de alcanzar el vacío vitalicio y manos que empujaban para el descarrilamiento de la carroza. Detenidos en el palacio de las Tullerías, descubre un palacio totalmente arruinado y su vista no para de llorar el tiempo que contaban con el ditirambo. La vida se acaba al perder la gana. Viven como presos políticos, únicamente mantienen relación en una desértica corte con los que aún guardan su aprecio en la afrenta. Las únicas sonrisas la traían sus hijos. En el litigio, todos coinciden en que la reina adquiere una personalidad de coraje para sorpresa del resto, la histeria había desaparecido para hacerse justicia de su dignidad. Cuida a su marido que muestra más en el fracaso y ella como protectora de la Corona actúa como defensa. Para llenar, actúa conforme a nuevos consejos. Actúa con vísperas a seguir viviendo una vida histórica, conviviendo con la tragedia.



1790, febrero. Fallece José II, dejando rota a la reina, dejando el puesto a Leopoldo II, un hermano de poco trato que toma el trono. En este instante, el ministro Mercy-Argenteau la abandona por ser ministro de un país que no estaba en peligro. Con la partida, se sirvió del conde de Mirabeau para hacerla recapacitar en la Asamblea.

1791, había que abandonar la vida real. El conde de Mirabeau sustituyó a la suerte y se marchó. Ambos quedaban completamente necesitados de la huida. Querían arrancarle las entrañas, eso pedían los gritos. Levantan los puños, escupen a las ventanas, quieren la muerte más drástica. Prematura y senil a sus 36, se deja caer en el aposento resignada a la base de sólo existir. Pero no había razones y marchaba pronto a dormir.

26 de junio, Luis XVI muestra que han sido obligados al arresto. Ésto será el argumento que perdonará en la Asamblea esperando a la aprobación de una Constitución. 14 de septiembre, Luis XVI acepta la Constitución donde pierde su autoridad absoluta. Ya no hay trono, sino una silla que tenía tallada la flor de lis. Unidos abrazan su desgracia.

  
A los meses siguientes, nada podía matar su moral. Su sueño era que su hijo alcanzará el reinado. María Antonieta necesita en su desesperación mandar cartas para conseguir apoyo extranjero y salvar la situación. El eco será ahogado, todos abandonan su grito de emanciparse de la Revolución. Su fragilidad es la risa de Europa. Sin embargo, la princesa de Lamballe será fiel y no dejará de preocuparse por su amiga abandonando Londres. Todo lo atroz ocurre fuera de palacio, el temor recluye. Otro compañero, Fersen, propone un plan de fuga argumentado por el rey Gustavo de Suecia. Pero Luis XVI se niega, abandonar su real tradición sería traición fallando en su última oportunidad de seguir existiendo.

La madrugada del 10 de agosto, la histeria colectiva se dirigía a las Tullerías dispuesta a destruirla. Abandonan palacio ante un sol oscuro seguidos de la princesa Isabel, la señora de Lamballe y Madame de Tourzel. No miran atrás, la espera de la muerte les resulta paraíso pues sepultan el doloroso castillo de la pena. En la Asamblea, asumen el arresto y con la cara alta ven el expolio que habían sufrido. Deciden un encierro en la Fortaleza del Temple y a pesar de todos los dolores del destino, siguen juntos. Sus manos enlazadas pronto serán separadas por la tumba.

Todos los enemigos de la Revolución, habían sido encontrados y asesinados. En el torreón María Antonieta se destroza ante la muerte de la princesa de Lamballe y no contentos el pueblo con eso traen entre risas, la cabeza de la princesa para mostrársela a su amiga. La noche se dio entre rezos y llantos. El desastre ya está desbordado. 



1792, 21 de septiembre. La Asamblea es la Convención Nacional. La monarquía es erradicada. La República gana. Luis es ejecutado el 21 de enero de 1973. El crimen comenzó a las seis de la mañana. La víspera del crimen comenzó a las seis de la mañana. La última noche, la reina rezaba temblando. Y así, con un libro de oraciones recogerían al rey. El júbilo era el cinismo de la ejecución. A las diez de la mañana, María Antonieta era una viuda con ojos secos.

Su única salvación de la alegría que puede salvar sus días era tener a su hijo cerca. Pero en la noche del 3 de julio, la petición de la cabeza no atiende ni a la negociación, ni a la desesperación de una madre que no quiere que se lleven a su hijo. Morirá aislado, enfermo y llorando porque le habían hecho creer que su madre se había desenlazado de él.

Ella no distinguía ya la vida de la muerte. La vida en prisión no es cuidado de la existencia completa, ¿qué más da estar muerta? 1793, 1 de agosto. El traslado a la prisión de la República con nada que perder porque ya lo había perdido todo. Sabía de la savia de la guillotina, la miraba y pensaba 'Ahora ya nada podrá hacerme daño'. Así, se despide de sus últimas personas y marcha al cadalso, negándole la posibilidad de despedirse. Pasa su última noche en la sucia celda. Su mirada perdida perpetra en la gravedad durante dos meses que dura la reclusión. El 15 de octubre entra en el Palacio de Justicia donde se decidirá el destino. Su cuerpo estaba encerrado en un cadáver. Su cuerpo respondía con justificaciones en todos sus juicios. Tuvo que enfrentarse a la peor revelación, su hijo había inventado que había mantenido relaciones incestuosas con ella, ante la presión de un periodista que había dicho el invento de que su madre vivía y ya no le quería.


María Antonieta escribe con el temblor del miedo en las manos su testamento. Aquí muestra su amor maternal, su arrepentimiento del reinado. 1793, 16 de octubre. Repasa y repasa un rosario a expensas de su verdugo que la arranca de él y corta sus cabellos para ridiculizarla. En el traslado al cadalso, sus manos van atadas en forma de criminal.


Sale de la oscuridad, para cegarse con su último sol. Aún tuvo que sufrir con sus oídos la poca piedad que tenían en la plaza, lo último que escuchó eran insultos. Los últimos pasos eran el estrado de la guillotina. 

Su última voz 'Os pido que me excuséis, señor. No lo he hecho a propósito.'


jueves, 6 de julio de 2017

Sissi



Su infancia fue su continuado anhelo pues no ofrecía ninguna preocupación, andando en los días se toma la natura y la regalía es lo inexplorado en el ancho sol. Su madre, la princesa real Ludovica de Wittlesbach casa con el excéntrico Maximiliano de Baviera con un regalo de bodas; el abandono. La sumisión era la expoliación de su felicidad matrimonial. Sonaba la sinfonía de las lágrimas de una madre y el consuelo en los campos de la corte, donde alejados de los problemas sociales se inmiscuían en la evocación de problemas sentimentales. Los desfallecimientos de las fanegas se transformaron en tertulias de poesía, música popular donde argumentaba su mesa redonda como un compositor, Arturo en la Mesa. El abrazo a Sissi era para su regalo de Navidad. Les transmitió amor por la sencillez, la naturaleza y la libertad.


Sin prejuicios sociales y amaestrados por la curiosidad infantil del jardín, Sissi juega entre un corzo, cordero y conejos hasta que la tristeza sería la tiniebla de unas profundas depresiones que habitaban más que el capricho núbil. Dejándose dominar por la ilusión de la sabiduría de su hermana mayor, contenidos en sus propios carencias y quebrantos. La nota del garabato, verso ingenuo de los primeros años de conocimientos. Que son mímesis en apuntes de lejanos Andes, especiales especies de árboles, detalles animalescos. La intención de su padre, al aire libre o al espectáculo, escudriñaba más su inquietud. Su infancia fue su continuado anhelo pues no ofrecía ninguna preocupación, andando en los días se toma la natura y la regalía es lo inexplorado en el ancho sol.





















Francisco José es requerido en la abdicación de su tío el 18 de agosto de 1848, seguido a ésto el archiduque Francisco Carlos poco apto perece como jefe. Francico José se legitima como jefe de la casa imperial de los Habsburgo con detonante de una revolución aburguesada amansada que dejo satisfecha a Sofía, ningún territorio estaba emancipado, la coronación vibrará en Moravia. La promesa de madre es no entrometerse en el emprendimiento, pero maneja su interés a través de la demagogia que nunca se llegara a absolver por la inseguridad cierta de él. Cinco años más tarde, representa al Antiguo Régimen, jefe de la fuerza armada con un gobierno sin Parlamento y anulada Constitución. Aceptará todo a lo que el corazón le propongan.

Verano, 1853. La archiduquesa Sofía invita a Ludovica y a sus dos sobrinas, Elena e Isabel a las termas de Bad Ischl. Elena marchaba con un encanto. Isabel viajaba con el corazón ingenuo avasallado por el amor hacia un hombre al servicio de la corte de su padre, que marchó a una misión desterrado de Munich donde murió. El luto era el poema, las lágrimas eran el consuelo del recuerdo. El luto debe estar manifestado en profundos centro artísticos pues no cae más benevolencia y pureza que en la belleza. Su nombre cada vez era más silencioso en la sala, no quería pronunciar la suave voz de la tristeza, sólo el camino a su grandeza acogido por manifestaciones pintorescas que no debieran caer en pozo hundido darían continuidad y a un amor que no se olvidará, pero sí se allanará.

1853, 16 de agosto. La duquesa llegaba a Bad Ischl donde los contratiempos eran las paradas matriarcales. Elena fue perfeccionada por la camarera y Sissi sola se enturbió el recogido en dos trenzas. La espontaneidad de Sissi era el punto de mira, el truco era despedido. 'Enamorado como un cadete, feliz como un dios'. El impulso del amor en guerra con la cordura coronara cualquier sentimiento, es el único que no podemos escoger, nos elige. Le eligió por elogios. Sissi no tuvo deleite, no tomó alimento, comió nervios. Tan cohibida como la sociedad estaba dispuesta a opositar.

A los diecinueve, la archiduquesa Sofía de Baviera contrajo matrimonio sin aprensión a el amor, con tintes políticos donde emergió una personalidad independiente y activa. La fortaleza de la situación nos consolida con un narcisimo necesario, para no ejercer la destrucción de la enmienda de la situación. Yo seré reina de cerca de cuarenta millones de habitantes que me engalanaron con gasas en un prestigio convertido de acompañar al Imperio. Yo debo alzar el poder una torre que en la corte tomarán como amplio disposición hacia un destino que no es mío, pero del que debo disponer si me quiero en vida.

La mañana puntuó. En la noche, con Sissi se casó en sueños. Y no fueron ni veinticuatro horas, cuando el baile ya estaba aplicando el sometimiento que le ensañó. Prepara la corona. Y en su inocencia, ni osaba repartir su ramo. Al ser elegida, el profundo sentimiento de ganadora le impidió compartir el podio. Su trofeo era un vals, sus puntos de vista a oscurecer son los ojos que observan. La continuación de la enérgica ya era contemplado y decidido.

Coincidió el 18 de agosto en una ceremonia íntima donde la principal preocupación de Francico José fue darle todos sus propósitos. Cuando la pregunta fue enviada directa, entre llanto asintió que traería toda la felicidad para el emperador y sería fulminante en cariño con Sofía. Ante la situación inexperta, el impulso de divorcio por la época sería romper más la ruina.

Las horas siguientes, eran el trono. Trasplante de baile a condecoración, banquete que era el intermedio de la diversión. Eso significaría el insulto vanidoso aristócrata vienés, el aura de la envidia, el descontento de la inmortalidad.

24 de agosto, se acepta el compromiso. La alcurnia de Sissi fue demoledora al no estar a la altura de los Habsburgo. La iniquidad para destruir su fortaleza sólo acababa de comenzar. Le reprendieron en primer lugar por el linaje. El 31 de agosto, los caminos se bifurcan a Viena y al castillo de Possenhofen. El delirio era la burócrata tinta ante un hombre totalmente extasiado en el amor profesado. El profesorado de Sissi era el nuevo contraste, así tomará el francés y el italiano para ser la responsable emperatriz a la que su cuerpo ha ido a pertenecer. El conde Johann Mailáth fue maestro político hasta que sobresaltó a oradores armonizando que la República sería el estado de derecho más conveniente.





Ajena a joyas, ajena a gasas, no disponía de apariencia de su sello actuando según sus inicios. La nostalgia reina en el silencio, hasta que los labios de los amantes fueron dulce pesar de júbilo. Sus despedidas fue su continua tristeza. 

En su indulgencia epistolar, mandó una carta íntima a Sofía sin protocolo. Decidieron una relación imposible. La suegra marca el correcto advenimiento de su hijo, sin saber que la enamorada se reprende por un protectorado que teme perder, pues no está forjado a línea cerrada como se conmueve un vínculo familiar.

Sissi deshizo el ajuar para ser la modestia. Renegada por la alcurnia, simbolizaba un futuro decadente sin grandes riquezas para la patria. Pero los elegantes vestidos que se sobrevolaban unos a otros, parecían alzarse como alas de libélula de bailarinas. La etiqueta era la presencia, la renuncia eran las miradas de desprecio.

En la carroza de oro de la entrada, caían lágrimas de plata. Su nuera la dejo sentada distante. Las lágrimas son la intromisión de emoción que el corazón quiere dejar, y se deslizan a la boca, las más amargas son las que se incrustan en lo que el corazón ya no puede dejar. Una sobrecogedora seriedad es maestra, hija de la composición negra de darse cuenta del abandono debido a una obligación de amor con el pago de su ida libertad. Su existencia contemplativa ya no pertenecía a lo ecuestre, sino a galas, intervenciones en ceremonias, pulsos sobrecogidos en desfiles militares y fingir en recepciones sin poder volver a su propia actitud, una actitud para los demás. Es norma su aislamiento, sólo pueden dirigirse a ella como respuesta. Infringida norma que bajará por la voz de su espontaneidad como sucedía natal. Sissi no predicaba con ser rienda de su propia historia, sino una acusada y aceptada en su propio destino.

Dirección al palacio de Schönbrunn, residencia veraniega de los Habsburgo vio el descenso de privacidad y un exceso de dar una imagen sonriente, que no acompañaba a su propia naturaleza de acurrucarse en el pasto, ahora era el punto de mira de la congregación. El cansancio por la sorpresa social debe ser aprendido como un método de entrenamiento al futuro. En la fatiga de su aposento con su respectivo pesimismo de insatisfacción, no acabaría hasta que hubo de conocer a las damas bávaras o a su camarera mayor, Sofía de Esterhazy, princesa de Liechtenstein. Su intuición fue un desencanto, al no contar con su empatía sino con una sensación de espía. Remediaría los encuentros con falta de interés, usándola como institutriz confeccionada por los catálogos de la corte que desde luego, tampoco le interesaba, sin embargo, 'Ceremonial para la introducción en la Corte Imperial de Su Alteza Real la Serenísima princesa Isabel de Baviera'. La archiduquesa incide en sus errores cuando son continuos, criticando cualquier movimiento con alarde de forjarla débil. Por otro adminiculo, mujeres desinteresadas la apoyaban con dulzura. Aceptaba que nunca podría estrechar lazos porque en su rango cualquiera podía usar sus infamias podrían crear tergiversaciones a ojos para crear la muerte de su aspiración.




Y fue llanto lo que su suegra lo dijo sobre excentricidad, pueril decisión, destructora del deber a expensas del capricho. Abandona con precipicio un acto de protocolo y vuelve a caer en la cama con semejanzas a sus anteriores tragedias. Amaba al emperador, pero no amaba su condición. Podrían llevarse los ciertos imperiales, el ajuar y la riqueza y sólo quedarse con el dulce nombre de él. Admitía su amor y se dejaba en su propia sumisión de acompañante y estatua elegante por tener un beso en su frente. Pronto eso se convertiría en envidias, ultrajes de descorazonados que no comprenden la severidad de estar enamorada hasta donar las últimas reservas de tu vida de la 'novia-niña'. Soportaría todo lo amargo, si se llevara a cabo por ser un mutuo desahogo. Caería por su propia presión, por tenerlo en la bendita prisión de 'eres mío'.



Sin embargo, la concesión no llegaba. Aceptó el ritual de acostamiento donde las dos madres tomaban la vigilia de la cama. Al alba, hubieron de desprenderse de su compañía de nuevo para recibir al día. Si rehusó de su propio ardor, fue sólo por quedarse cerca de él, como una especie de extinción protegida. Sissi, en su '¡calla!' cuando él la abandonaba por sus asuntos, jugaba con sus mascotas Possenhofen, escribe en el cuaderno de los dolores.

16 años. Su suegra maldecía todo lo que hacía, arrebatando a la emperatriz su lustro ante el Estado, por ejemplo, temblor. Aprisionada en una jauría que contraataca su actitud anulándola. Abrían los jardines para que ella no pudiera sentir la seguridad de no ser vista. Ésto cabría en el impulso de sentirse despreciada, sino fuera porque existe la cura del pensamiento donde es imposible amaestrar a alguien que ha nacido para ser independiente y no un instrumento. La pérdida del lugar donde quería convivir casada era más de lo que podía soportar, pero verse vestida y desnudada por damas era una imposición si quería arrendar. Su errar era aparentar y no marcar su propio incentivo en ser como a la existencia le preocupaba. Su marido no entendía lo mucho que sufría al estar en esta situación pues estaba tan colmado en su vida de engendrar su propio interés y el de su país, que no podía comprender lo innecesaria que era la educación y la avaricia de cariño. Pronto descubrirán que sus personalidades son alternativas pues mientras uno, busca la alza de su Imperio, Sissi se dedicaba a ser sensible e inteligente buscando el poder en lo culto mientras que su marido, lo haría en el asunto siguiendo únicamente su propia ambición. Sissi se alimentaba de sí. Supo ser fría y darse cuenta como había quedado a un papel irrelevante donde su condición había quedado a ser a los ojos del resto, una mera marioneta llena de títulos.


Tras el levantamiento de Viena y Hungría, la huida de Olmutz. El viaje era un acto de agradecimiento a los Habsburgo por sus coyunturas ante las dificultades. Allí ella alcanzó las manos que quería tocar; conventos, iglesias, orfanatos, escuelas y hospitales de caridad. Por su personalidad y educación, podría haber sido la donante de los más desfavorecidos en tan empobrecido imperio, sin embargo la decepción llegó cuando sucumbió a la idea de que iba a alcanzar un papel decorativo. Esta decisión contra su vida, sólo podía ser rota por la fuga.

Encinta se mira a los ojos y en su vientre está su anhelo más esperado para perpetuarse en su soledad. Fue amonestada como una especie de ovación ante las turbulencias de Rusia, de Turquía, enemiga de Austria para eclipsar la densa peste que cubría la inseguridad.  Alojar un hijo que nace desde un claro de la gestación, su apariencia -obligaban a marcar su ombligo cuando era expuesta- hubiera debido de ser un único espejo y dar la protección al feto para abrir el nido como cuidar su voz a una nana hermosa. La placenta siente el absoluto, de nada sirve tener la hija si la vida no acababa de ahí. Ser desposeída para las pequeñas. Las niñas se llamaron Sofía y Gisela. Arremetiendo contra la emperatriz, su suegra decidió que debía condenarla apartando a sus propias primaveras venidas a confiscar habitaciones de cuna cercanas a su suegra. No pudo elegir ni los nombres, no pudo tener caricias en soledad con ellas siempre ocupadas en sirvientas y visitantes, no pudo instruir su propia educación, tuvo que guardar su amor. Y el amor no se guarda porque nos despedaza, el amor maternal es la leona que entra en la lucha por salvar el dolor de su parto. Es dueña de su maternidad y ni aún en el peor de los casos, puede desprenderse de su propio instinto. Y así lo dedujo en una carta que escribió Francisco José, de un juicio del que salió ganando, aún en el empeño de hacer la vida imposible a Sissi arrebatando la tutela.  



1856, en un viaje dispuestos al aprecio, marcharon a Hungría y Lombardía-Venecia. Cuidados cuatro meses en Milán y Venecia, desplegaron su máxima virtud para ser queridos y fueron recibidos con odio. La emperatriz mantuvo su firmeza ante la constancia de saber que debía conformar su propio intelecto con dignidad. En ese ritual, tuvo que dar su torso a la concentración que se dispuso porque el misterio de la belleza escondida en no-retratos de Sissi había surcado las casas. No hay vuelta atrás y Hungría. 1848, enfrentamiento de Budapest y Viena en unas penas de muerte para nobles por la represión del ejército. Los aposentos vieneses eran hostiles con Sofía al frente, pero Isabel era atraída por su valentía. Él estaba seguro de que el encanto de ella amainaría a los sublevados. El viaje sería enorme, la estancia estaba convencida durante cuatro meses. Sissi pidió el amamanto de sus hijas, así tuvo otro enfrentamiento con su suegra pues ella pensaba que el trayecto que se daría a hacer era perjudicial. Y ella mostrando su poder como madre en su autoritaria potestad infinita sobre el parto que se dio. La madre muestra su fecundación como una apropiación, pues así ha nacido de su vientre.

Budapest fue Síndrome de Stendhal, nunca pudo olvidar aquella belleza casi autoritaria, donde dejó de contemplar su anatomía para estar presa de delirios de pinceladas de realidad. Para su sorpresa, después de tanta reticente rechazo en Hungría, Lombardia-Venecia el aprecio fue la certeza de que podía ser sensacional la estancia a pesar de la opresión política tirante, con necesidad de exigir asuntos de Estado a Francisco José. Como ella la quería, en calma. Cuando un día, Godiva vestida sí, fue galardonada aplaudida con entusiasmo, aún fuera juzgada por su acto por aparecer a la hípica como deplorable.

En su primer viaje oficial a Hungría, su hija se desvaneció en disentería -infección inflamada en la úlcera y fiebre que causa colitis con secreciones nasales y sangre-. Seeburger diagnosticó dentición. Sissi no se separó ni un segundo de las sábanas debilitadas de Sofía. La fiebre y el delirio, el dolor de la sen y la erupción en la piel, el tifus fulminó a la pequeña Sofía, un ataúd ataviado por una espina en la madera en una anatomía tan mínima y una experiencia tan medida por el destino. El funeral era un solemne silencio. Yace en la cripta de los Capuchinos como Sofía Federica de Habsburgo-Lorena.

Durante el luto, Sissi nunca alcanzó la fuerza, ni la visita. Del impacto, regresaron a Viena con el cuerpecito velado. En la impotencia, se intentó destituir al médico por parte de la emperatriz, pues su suegra estaba tan ensimismada que se le siguió marcando un respeto. Él fue el encargo del peligroso ayuno y la invasión de crisis nerviosas. Vana era la vida con la súbita muerte de Sofía, el sentimiento de culpa conllevaba el recuerdo de aquel largo viaje destructivo que se le venía a la mente como consecuente. Vana era la vida. Aislada al llanto sin probar alimento nunca se sintió perdonada. Este sentimiento caló tan hondo que decidió dejar de ser madre y dejó de luchar por la crianza de Gisela, con once meses. El arrepentimiento nos muestra en una experiencia sensible donde el ser se convierte en benevolente consigo pues nos estamos negando a otros mismos.
Verano, 1857. La preocupación era tan emergente que la duquesa Ludovica de Possenhofen acompañada del doctor Fischer que inspira más y más soledad ante el quebranto. La reducción de abrazos ante un corazón roto es esencial, pues no se puede salvar el alma sin dar determinados consejos de uno a sí. Aún tengo que pasar por el dolor más inhumano, el ente se proyecta con un sentido de desesperación donde el fracaso está aportado por el mismo creando la sin salida del laberinto.

En su primer viaje oficial a Hungría, su hija se desvaneció en disentería -infección inflamada en la úlcera y fiebre que causa colitis con secreciones nasales y sangre-. Seeburger diagnosticó dentición. Sissi no se separó ni un segundo de las sábanas debilitadas de Sofía. La fiebre y el delirio, el dolor de la sen y la erupción en la piel, el tifus fulminó a la pequeña Sofía, un ataúd ataviado por una espina en la madera en una anatomía tan mínima y una experiencia tan medida por el destino. El funeral era un solemne silencio. Yace en la cripta de los Capuchinos como Sofía Federica de Habsburgo-Lorena.

Durante el luto, Sissi nunca alcanzó la fuerza, ni la visita. Del impacto, regresaron a Viena con el cuerpecito velado. En la impotencia, se intentó destituir al médico por parte de la emperatriz, pues su suegra estaba tan ensimismada que se le siguió marcando un respeto. Él fue el encargo del peligroso ayuno y la invasión de crisis nerviosas. Vana era la vida con la súbita muerte de Sofía, el sentimiento de culpa conllevaba el recuerdo de aquel largo viaje destructivo que se le venía a la mente como consecuente. Vana era la vida. Aislada al llanto sin probar alimento nunca se sintió perdonada. Este sentimiento caló tan hondo que decidió dejar de ser madre y dejó de luchar por la crianza de Gisela, con once meses. El arrepentimiento nos muestra en una experiencia sensible donde el ser se convierte en benevolente consigo pues nos estamos negando a otros mismos.

Verano, 1857. La preocupación era tan emergente que la duquesa Ludovica de Possenhofen acompañada del doctor Fischer que inspira más y más soledad ante el quebranto. La reducción de abrazos ante un corazón roto es esencial, pues no se puede salvar el alma sin dar determinados consejos de uno a sí. Aún tengo que pasar por el dolor más inhumano, el ente se proyecta con un sentido de desesperación donde el fracaso está aportado por el mismo creando la sin salida del laberinto.

En esta época, sufre la comparación con la esposa del archiduque Maximiliano, Carlota, hija del rey de Bélgica. Aprovechando ésto su suegra la archiduquesa Sofía comenzó a comparar las excelencias y cualidades de la nueva cuñada, mostrando constantemente una preferencia por su nueva nuera. Sissi tenía a su imponente marido y su propio satélite personal hegémonico paseado por intensas sensaciones para no sentirse hundida en su porvenir porque pudo contemplar su alma bella todo el tiempo a pesar de no tener un árbol genealógico tan espléndido, ni su belleza aún presente, ni la inteligencia que había mostrado en sus quehacer pues cada una se diferencia por su moral y saber ser. La relación de su suegra ya estaba completamente indispuesta, por lo que no era necesario aceptar ningún tipo de juicio pues sólo mostraría aceptar que la contradicción de su personalidad, la personalidad sólo es conocida por uno en su propia razón. Nadie atiende al pensamiento. Los intereses de hacer daño sólo muestran la carencia de otro humano querer sobreponerse.

El 21 de agosto de 1858, Residencia de Laxenburg, nace Rodolfo, coronel de los ejércitos, en memoria de la dinastía de los Habsburgo. La alegría en palacio, los donativos en el pueblo llano, los regalos de su esposo... Todo significaba debilidad y que su hijo debiera pertenecer al ejército. Tampoco en esta entrega se prometió el amamanto que fue mermado por Marianka de Moravia, elegida por la archiduquesa Sofía para flagelación de la emperatriz. La realeza pudo más que el ruego, el silencio pudo más que el chillido.

Corrieron tiempos de enlace y el amor real volvía a ser la tragedia de participar en una investidura. Sissi temía porque sus hermanas corrieran la misma suerte de prejuicios y perjuicios que ella había padecido. Elena 'Nené' casaba con Maximiliano de Thurn y Taxis, acaudalado y ocupado de Austria. María Sofía se comprometió con Francisco de Borbón, legado de Nápoles y Sicilia sin amor, sólo por el alto cargo a un hombre débil en su promesa mental y de anatomía débil que la llevaría a la ruina. Antes del exilio, insistió en hacer brillar a la emperatriz, 'quédate antes de que no tengas un esposo que te ame tanto como a mí el mío', 'quédate, hermana', 'quédate en mi salud que cada día empeora más'. Ella no ofreció el monólogo de su empirismo tétrico, ese ir y venir de máscaras que había tenido que soportar donde ella era la única neutral por la humildad de los tiempos de cuando niñas.

1858, septiembre, fallece Margarita de Sajonia. Pese a la maldición de la cripta capuchina, asistió al entierro. El final de los Habsburgo estaba en ese lugar repleto de sarcófagos y antorchas. Negada por su negación de la muerte, impidió ser enterrada como miembra familiar de la corte.



Primavera, 1859. Francisco José callaba la mala política. Sissi siente en la política interna la tensión de Italia y Hungría sobre Austria. Él parte hacia la Alta Italia en supervisión del destacamento y organización de la operación militar que por la inexperiencia será la derrota. Tras la partida en la estación de Murzzuschlag, regresa al palacio de Schonbrunn a sentarse en su llanto a la soledad de la tiniebla. Toda la esperanza queda envuelta en la pérdida de sus sentidos, su marido y sus hijos. Sin fuerza de independencia y la corte como único sustento de vida, se sitúa como su única situación. En la pérdida, caería presa de la ruina de su vida donde el abandono y su sentenciada capacidad como madre se hundiría tras la muerte de él. Ante la ausencia, se deja en las paredes de su recovecos que se llenan de angustia y horror. Monta a caballo por la exigencia de sentirse libre en alguna actividad, ayuna porque como pensamientos con disparidad y la única alegría son las cartas de amor que se debían ambos. En el desierto de la unidad, la pena se rehuía con el escándalo del tabaco en el humo.

Las noticias del frente son un desastre austríaco, que el emperador intenta amainar amando a su amada preocupada. Tras las derrotas de Magenta y Solferino de Napoleón III, asume su responsabilidad de ser un fracaso. Reprochado por cometer una guerra en lo absurdo donde perdían la vida los soldados, donde la sangre corría por la ambición, donde la falta de mando político era la exclamación. El reinado de hombres siempre ha llevado a la emancipación de la paz que aguarda la mujer como ya se ha observado en tiempos pasados. Los hombres enferman de codicia, las mujeres son las enfermeras.

En el palacio de Laxenburg se toma un hospital para tomar y salvar vidas heridas. Pero hay más de 62.000 en riesgo y la medicina no alcanza. Todos los lugares eran improvisados centros de salvamento. Sissi criticó como se puso en peligro el esplendor del Imperio por la avaricia, estaba convencida de que las ideas de Sofía acarrearían la ruina pues tenía mente de aspiración áurea para Austria sin predisposición de ser consecuente con las vidas. La riqueza mediante la guerra siempre trae podredumbre pues las vidas están dirigidas hacia la muerte de la violencia ciega. El humano se ha disipado en destruir todo lo que pueda tener en su mano para alcanzar un abstracto sensación de poder, al derramar la sangre, la dignidad y el camino de vida de un individuo pues así podría tapar su carencia como ser humano egoísta. La excusa sería la guerra desenvuelta en un establecimientos de la maldad humana. El hombre aprovecha la debilidad y la grandeza para exigir poderío a su persona, el número de muertos que ha recontado será el calor de su hogar almidonado con una recompensa bélica.

Sissi se contraría al absolutismo y destrucción del reinado de su esposo, exigía la paz con Napoleón. Exigía en su corazón conmovido el fin de la masacre, contraataca contra el régimen. Apartó su consejo y en mano equivocada tuvo que ceder Lombardía y Venecia. El Diploma de Octubre estableció un régimen parlamentario constitucional, destituyendo al absolutismo que dejaba a los primordiales regentes en favor de aceptaciones y opresiones.


Invierno, 1859. Primera crisis matrimonial. La presión interminable entre suegra y nuera, hace perder los estribos a él. En los lechos ya se comienza a rumorear las relaciones extramatrimoniales del emperador. Cansado del sexo, la emperatriz alcanza la desilusión. El fuego que ocupa otra se enciende y la llama se detiene, se pierde en nuevas pieles. No hay en una unión algo tan doloroso como tal. Perecen las intenciones de futuro y las horas pasan pensando en como otro cuerpo besa otra carne y los celos son termitas del hambre. Las noches ya no son la práctica de la oratoria con final en lo carnal, ahora todo está arrebatado por el fin del hombre; ampliar su extensión de visionado de féminas que le desnudan. El amor fiel es una utopía que ella como un tesoro vendido.

Sissi opto por su diversión y convocó bailes de ilustres familias que la entretenían hasta horas de la madrugada para olvidar lo que la desesperaba en la primavera de 1860. Su cuerpo se mecía al compás, siendo musa de la música, siendo extrovertida con los invitados, siendo el olvido en lo privado. Su excentricidad empezó a rebosar, pero no, no era ésto, era su verdadera personalidad en una peligrosa realidad para las mentes retrógradas de la corte. Ésto sólo fue un servicio para criticarla aún más, una temática más para intentar destruir a un corazón desconocido que sólo buscaba soñar.

Los vértigos, los dolores de sen, las náuseas, la fatiga, la fiebre, el ayuno, el insomnio, el tedio se sublevan. Después del parto de Rodolfo, luchaba contra su palidez y astenia con ejercicios de adolescente, pero su debilidad con el alimento la amedrentó con anemia. En su obsesión por mantener su cuerpo delgado, se exigía su gimnasia y el galope hasta la extenuación. Comenzó a acrecentar una enfermedad aún desconocida; anorexia nerviosa.


23 años. En la presión que la obligaba cada día de una belleza rutinaria, pero encerrada decide marchar a la isla de Madeira aconsejada por el doctor Skoda que temía porque el desenlace fuera una tuberculosis. Y así, marcha a la serenidad del tormento de un desesperado espíritu. Supo el ingenio que la soledad brinda el remedio. Supo como dejar callados los truenos, que también ansiosos de su pérdida para conquistar el prestigio que ella eclipsaba. Como la madre del emperador que tramaba sólo volver a obtener su imagen y la educación de los infantes que consiguió con hipocresía de apoyo y dándole el parte. El yate en Amberes de la reina Victoria fue su pasaje. El crédito ilimitado fue por su marido. La elección de su seguimiento fue por la emperatriz. Libre de toda condición marcha a su disposición en la vida que ella siempre esperaba, una vida sin asperezas gubernamentales, una vida sin críticas a movimientos, una vida que quería vivir con sus hijos pero tenía que hacer el sacrificio. La despedida fue de lamento, pero decisiva. El trayecto aún la baja salud de la dualidad de su fortaleza mental y su anatomía débil no le hizo dejar de gozar la llegada a Madeira, no se dejó marear en el golfo de Vizcaya cuando las olas empezaron a jugar y a molestar y a despertar el mareo.

Su vida esteta y errática acababa de comenzar como ella de querer, disminuyendo Viena por envíos de ella como individuo y no como soberana. Quinta Vigia, su residencia de hibernación en el placer estaba amurallada tropical. Su tranquilidad y su soledad es obtener lo que das dentro del cascabel vital. Todo es tan idílico como la infancia, sin complicaciones ni comparaciones ni compañeros adversos. La primavera le estalla en un saludable bienestar con una mezcla de añoranza por sus hombres, por sus crías. Su destino estaba hecho para no ser dos mujeres a la vez, sino tan sólo una.

La de la libre elección, se ve como ella no tiene sentido de la decadencia sino una lucha instintiva para su supervivencia altruista y cuando no ha podido por sus truenos en ellos, narcisista como se puede ver en el cuidado de su cuerpo y su búsqueda de apariencia aceptable y mejorada por su psique. Oía la Traviata de Verdi en una mandolina, leía todo lo que se le posaría, ¡oh, filosofía y poesía!, aprendiendo idiomas, ¡húngaro de Hunyady que pronto fue censurada porque la marca de su amor por Sissi no podía ser ocultada y de nuevo, Viena!

1861, abril. La añoranza es la clave de la esperanza. Decide volver a Hofburg con sus tres hijos en el temor de tener que volver a estar con la madre del emperador, y además reprimida por su decisión que sabe que sería tomada como error, sería otra vez el gobierno de la cruz.



Antes de la reunión de Trieste, paró Cádiz, toma asiento en una corrida de toros de Sevilla donde todos admiran su sencillez y humildad con los del pueblo llano. El escape del peñón de Gibraltar, el paso por Mallorca y el fin en Corfú. La isla inglesa fue cautivadora hasta ansiar detenerse en ella más tiempo, pero él la tenía que arrestar en Trieste. Con el estrés de la corte, llegó el motivo del llanto, el cuerpo roto por el quebranto, le pedían que fuera un dulce bálsamo, pero sólo era esclava, de su propia negación a la situación. El diagnóstico fue tisis por el trote. La emperatriz se hunde en su enfermedad, presiente su desgracia y anuncia su partida clamando ojalás.

Sissi carga con un séquito de 33 personas y Skoda, se alejan las fiebres en Citerea y todo vuelve a la primavera que era. La alegría es una ola de aprendizaje para saber cuales son los motivos indispensables. En el campo, decide la vida retirada y solitaria, únicamente con su conocimiento y el paseo por lo salvaje. El claro estaba colmado de aire fresco y el pulmón atrae la mejoría. La ría de fe en una vida nueva trae la compasión del pasado, lo cuenta el olor a Mediterráneo.

En los despachos donde sacuden los disturbios de Hungría con el empobrecimiento y lo debilitado que se muestra en las actas de su Imperio. Difuminado por su ansias de estar con ella, él se sitúa hacia Corfú para recuperar a su esposa. No es un encuentro como los anteriores en las estaciones, sino en la frialdad y respetuosa pero con la concepción de tomarla de nuevo entre sus brazos. Después de permanecer en Corfú y Venecia, la resolución a volver era inquebrantable y quería seguir perpetuándose en Possenhofen, fuerza de ilusión y saber que la vida era más que la insoportable vida de Viena. En Baviera, los animales eran predilectos y así debieran marcar su supremacía pues son seres más bondadosos que el ser humano, al tener una comunicación basada en la propia supervivencia y no la destrucción pues carece de moral.


Mediados de 1862, Bad Ischl, cumpleaños del emperador. Al saber que ella era el fue del hogar, admitió su presencia advirtiendo las condiciones retirando la angustia. Montará a caballo el tiempo que le colme, actuará en actos sino puede verse obligada por su importancia a la clandestinidad, paseará sin control policial, será la madre que ella quiere ser para sus amados. Y la catástrofe ética llegó a la corte cuando destituye a la condesa de Esterházy. Ante su alterado bienestar, sucumbe a una buena anatomía con una alegrada mentalidad que la mantiene sin restos de enfermedad.


4 años, Rodolfo de Habsburgo. Su padre tomó su destino donde gobernaría una educación militar para que fuera el coronel de los ejércitos. Para ser un rígido ejemplo era sometido a tutelaje físico hasta el agotamiento, gélida agua tras ellos y hambriento esófago, hambrienta alma para tan sólo un niño. Pero su sensibilidad y excitabilidad hacían estragos con fiebres, náuseas, indigestión y trastorno en manos de la baronesa de Welden y el maestro conde de Gondrecourt. Como madre emergería su dominación, abandonaría Austria si era necesario ante Francisco José que la valoraba como su joya más preciada, daría la expulsión por su hijo que era su trozo y vida entera. Al sobreponerse inapelable, se apropió de los intelectuales para que su hijo palpitara en el Parlamento del conocimiento. Nunca pudo partir de su pasado y se mantuvo con grandes secuelas y pesadillas el resto de sus días.

Sissi sabía que tenía la seducción en sí. El cuidado de su cuerpo por intensos ejercicios y la dieta estricta mantenía un cuerpo voluptuoso que la convertía en un ídolo. Su espejo le respondía piropos y se lleno arrogancia, caprichos y ego. Todos estaban enamorados de ella. Y ella, que era consciente del poder de su belleza sabía como saciar sus sensaciones por el lenguaje, sí que para su vista decidió rodearse de mujeres bellas que hicieran brillar más el escenario. Como Luis I de Baviera en Munich en su Galería de Belleza comenzó a coleccionar retratos de mujeres hermosas.
Pronto lo que siempre había previsto para su cuerpo, sería convulsiones certeras pues los acercamientos se enfrentaban a su timidez. El temor a las personas desconocidas se hizo patente. Isabel se seducía a sí por su propia seguridad. 'Belleza, encanto, distinción, sencillez, bondad, nobleza de sentimientos... ingenio, gracia, picardía, sagacidad, inteligencia, pero como una maldición todo se vuelve contra ti, y hasta tu hermosura no te causará más que disgustos y tu elevado espíritu volará tan alto, tan alto, que conducirá al error.'



Isabel no mudó sus modales de acogimiento al pueblo húngaro y acogimiento por sus revoluciones que además de repercutir, abría la defensa. Así, conoció en 1864 a Ida Ferenczy, íntima confidente hasta la muerte. 'Usted ya sabe que teno varios amos, el rey, la Cámara de los Comunes, la Alta Cámara.. Pero no tengo más ama que una, y precisamente por una mujer que puede mandarme obedezco'. Gyula Andrássy líder de la revolución de 1948 y por ello líder nacional por los rumores de amor fue condenado a muerte por traición por el emperador. Huyó a París donde se dio su amnistía después de la huída. Debiera usurpar el usufructo de merecer amistades y una vez, elegidas a ella embadurnarse de su efecto y luchar por ellos hasta quererlos en su camino vital.

La verdad política salió a la luz y el recibimiento fue una protesta policial para reprimida por la policia. La revolución fue también el sentimiento del ejército que daban su cuerpo para encontrar la justicia. El partido comunista se ahogó. Imre Nagy, sustituto de Rakosy, decidió aislarse del pacto de Varsovia pidiendo a las Naciones Unidas para que se reconociera la ciudad como un país neutral. Suficiente para que el Kremlin entrara el 4 de noviembre y Nagy tuviera que alojarse en la embajada. Las huestes húngaras contra batallas soviéticas. La catástrofe se calmó con el exilio, las heridas y los exilios. En 1857, los reyes austríacos fueron coronados en Hungría donde fueron bien recibidos por las intenciones que mostró la emperatriz basadas en la ayuda, la misericordia y la caridad. Como recompensa, le regalaron el Castillo de Godollo.



A los diez meses de la coronación, nacía María Valeria bautizada en el castillo de Ofen. Tanta regularidad había en su cuidado que sus ojos sólo iban a ella que Sissi había perdido sus manos para ser madre que se convirtió en la llamada 'La única'. Años después, diría que ese amor se le convirtió en insoportable por un hábito maternal exagerado. Una sensatez de sobreprotección dota de carencias en la línea del buen cuidado, pues la infancia no toma a la soledad, ni la individualidad de los primeros años donde se empiezan a desarrollar las decisiones más ilógicas, pero del sometimiento a la actitud.

En la decadencia de Austria, Francisco José fue la terrible derrota de Sadowa que anuló Alemania y Venecia. Su esposa se arrulló a su propias decisiones para ser reina de sí misma y de su hija Valeria, favorita en predilección.   

La muerte llega a las generaciones. Los ángeles traen la cartela de la apocalipsis. La archiduquesa Sofía en su lecho muere antes anudada a las manos de su nuera con 67 años. El séquito plañidero que la consideraba como la verdadera emperatriz lavaban sus paños en el entierro en la cripta imperial después de sacrificar su existencia para llevar el Imperio a la gloria.
Se deshizo de toda vida de cara a los allegados del pueblo llano y desmembró hasta su meticulosidad que hacía mermar a su nuera, abandonó la bonanza de sus benevolencias a sus otros hijos hasta que su padre tuvo que tomar las cuestiones del crecimiento.



A los 37 años comenzó a tapar su belleza senil disimuladamente con velos para dejar la consecuencia de las opiniones, que podrían alterar su concepción de sí misma en su retiro. El físico es un accidente que nos guarda como recipientes y no como muestra a los demás. La sensación del eterno femenino se trastorna por el ideal que se alimentó en la juventud, pero al ser ser visual sólo debiera ser consciente de alcanzar la intelectualidad.

La emperatriz tomó su altibajos, pero en la distancia a su marido, no volvió a concretar su imagen como primera dama por el insulto y el desprecio que se fecundaba. Marchó a Godollo. Decidieron reunieron sólo en ocasiones de compromiso como cumpleaños o ceremonias. Alejada de comensales que no le aportaban más que silencio en su búsqueda de la realidad y del espíritu con lecturas de sentir por la vida y no por la política. En su refugio, era amazona por el día con y gitana por la noche.



En 1883, su decaimiento en Hofburg, fue la astenia y cambió la hípica por paseos de más de ocho horas porque su gran amigo Bay Middleton sucumbió a dejar de acompañarla por dedicarse a su vida matrimonial.

En 1879, la pareja celebró las bodas de plata en la acomplejada felicidad, como el final de 'El graduado'. Entre ambos amantes existe una disolución por la imposibilidad de donarse en un mutuo las añoranzas espirituales que tenía Sissi pues sus asuntos lo tenían doblegados a la tierra y la emperatriz surcaba altos vuelos cavilando sobre la existencia. Ella se rodeaba de hombres de ingenio que la admiraban y la completaban. Su inaccesibilidad la dotaban de fría, por una parte estaba encomendada al emperador y sólo hallaría amables amistades y por otra parte esa entrega a la fortuna del hombre más enamorado y más afortunado, la convertían en más reina de su vida todavía.  Ni siquiera las aventuras amorosas del emperador le resultaban peligrosas pues había dejado de quererlo, mientras que el sexo era insatisfacción por parte de él que nunca podía comparar a su mujer. Catalina Schatt se convirtió en amante por la ausencia de Sissi, lo que le sirvió para ausentarse en Viena. Ella no sentía ningún tipo de intervención destinataria con Francisco José y apoyaba a Catalina, e incluso la proclamó su amiga. Cuando la rutina es la piedra angular, el río de cariño se determina hasta quedar seco de monotonía. Él se limitaba a los regalos y Sissi se empeñaba en su narcisismo, lo que la hacía consolidar su psique sin consideraciones en su atuendo. Ella siempre estuvo en el empeño de quererlo, pero las circunstancias de la corte y ver a un hombre político en su dormitorio e imaginar que probablemente estuviera ahondando en como salvar la nación, obstruían el entusiasmo. En un esfuerzo de tenerla, pidió al arquitecto que construyera la Villa Hermes.

 La extenuación de la vejez la imposibilitó sin paraísos rimada con la angustiada muerte fiel que tanto le espantaba. 1889, 30 de enero. Leía a Homero cuando la desgracia rondó por la esquina de la vida maligna. EL heredero yació suicidado en el dormitorio del pabellón de caza de Mayerling junto con María Vetsera, con la que había de engendrar un amor apasionado. Al morir su hijo Sissi se hundió en una desorbitada tristeza donde el dolor rompe y la pérdida de vida por la fuerza de la destrucción de un hijo amado constriñó del presente al martirio. Abandonada a su propia seguridad, el dolor es el vacío de la habitación, el dolor es la lágrima tras la córnea siempre lista a resbalar, el dolor es no poder más.  




La temida locura se había aposentado sin poder librarse de esas ideas, que la despertaban y la soñaban. La impotencia había hecho herida abierta y había desestructurado toda su cordura. El luto fue el protagonista. Tras la boda de su hija, quiso ser una aventura regocijada en el tormento. Y a las tempestades fue a embarcar para sentirse lejana. Vaga por el mundo entre somnolienta y la cocaína con enfermedades de los sesenta. Deseaba ser preguntada como poetisa y envolvió en 1950 dos volúmenes de versos para el presidente de la Confederación Helvética que fueron publicados.



Sus últimos años, los padeció lejos de palacio, sin ocupaciones. El abandono de la vida impuesta fue la cumbre de su ansiado destino, aunque su marido fuera la amara con todas fuerzas sus hijos ya crecidos, aunque pasara las yemas por los juguetes de los nietos y los enviara en el ocaso. En la mutilación de la belleza corrosiva, el esmero es saber llevar la limpieza dentro de sí, mirar en el espejo y aceptar irradiar por la carga que tenemos honda, no por la arruga que nos ayuda a seguir vivos. 

1898, 10 de septiembre, Ginebra. En la mañana, un estilete de un anarquista le atracaba el corazón y caía muerta, sin nadie que pudiera salvar la vida de Sissi. Muere un alma que pereció siempre en el dolor de no alcanzar la tierra prometida, pero que supo buscar en sus adentros alcanzando la savia de la indeleble melancolía viva. Histórica lucha de una mujer que quedó a la sombra de ser la dama del emperador de Austria, de ser una sombra que brillaba aún quisiera arrinconarla, una luz eterna que galopó en busca de su propia libertad sin escapar de su destino.