jueves, 13 de julio de 2017

María Antonieta

El día del nacimiento ya dilucidaba la tragedia, en Viena repicaban réquiem por el Día de los Difuntos. El terremoto de Lisboa rajaba edificios y la fuerza de la naturaleza se sobreponía a la de la ciudad, por ello los reyes de Portugal no acudieron al primer sacramento de su ahijada.

1755, 2 de noviembre. La emperatriz de Austria, reina de Bohemia y de Hungría da a luz en un parto consagrado a alianzas de poderío o a acuerdos de paz con sus enemigos. María Antonieta Josefa Juana perdía su cordón umbilical para ser un ombligo. Madame Antoine nacía en el seno de ocho hermanas en el palacio de Hofburg.





La madre de María Antonieta tomaba la vida sin amago de ser madre únicamente en el parto, era devota de su gobierno por lo que sus dieciséis hijos no le importaron, sólo tenía en mente el anhelo que tienen las intenciones maquiavélicas; conquistar para la reputación. Era la mujer más poderosa a la hora de salir victoriosa de los ultrajes que condicionaban la fuerza de los Habsburgo. Al mirar a María Antonieta, la vistió en su imaginación como reina de Francia, un rival que era preferible aliar en el momento que se habían unido para abarcar Prusia e Inglaterra. El poder corrompe hasta la maternidad. Se encarna en las entrañas y hay un eclipse entre la ternura y la solidez. María Teresa, hija del emperador Carlos VI, sólo advertía el camino de la victoria y usaba a sus hijos para alcanzarla. Su trabajo eran sus condiciones. ¿Qué importa más el reino o los sentimientos? El uso de la razón se acuesta con la ambición, los sentimientos son un camino a la perdición. Ella optó por no sufrir de altercados en el corazón y se dedicaba a asistir a la cristiandad, reuniones de ministros, escribir epístolas, sentenciar decretos y recibir los altercados.


María Antonieta baña en agua bendita en la Iglesia de los Agustinos. La vida en palacio contenía un hábito de vigilancia que trastornaba la libertad hasta desecharla. En el palacio rococó de descanso de Laxenburg se siente la paz de campar y los niños salpican sus juegos en el idilio. Desde pequeña entonaban, teatralizaban, danzaban.

Sus padres la concienciarían en la buena música -afin a Haydn, afin al arpa- y el bel canto. Tenían la intención de modelarla en la sumisión para que obtuviera una actitud satisfecha, pero la rebeldía era el ápice de la educación estricta de la corte. Mantuvieron que debía ser fiel al requisito. Para la creación de su propio corazón, fue duro tener una madre tan autoritaria, el hierro era imposible de apaciguar, la sensatez de mantener el reinado se denota en una tara de una conciencia indisoluble que no deja términos para sentir. En la inocencia, María Antonieta hace un trampa con sus conocimientos donde su institutriz le hacía el deber y ella sólo tenía que anotar la respuesta. Así, sería sustituida por la severa condesa de Lerchenfeld que no le hizo sucumbir ni al sentir literario, ni al placer de la escritura.

Pareciera que la crianza fuera la naturaleza para un futuro basada únicamente en contentar a la nobleza, así trataría su amor como escapatoria en su hermana María Carolina. Cuando la emperatriz es consciente de las condiciones de las conversaciones que no acordaban con la rectitud, decide separarla.

1765, agosto. En sus nueve años ve truncada su paz cuando fallece su padre por una apoplejía en Innsbruck destruyendo los ánimos de toda una familia. Todo se volvió triste y sombrío para María Teresa, relató el luto hasta el fin de sus días en una vida donde no volvió a tener una felicidad complaciente, pues la fe en el amor deja el recurso desconsolado y todo lo soñado se vuelve amargo. Aunque pensó en dar su vida a un convento, su obligación la reprimió.

1767. Las desgracias comenzaron a extremarse al miedo por la muerte. María Cristina recibe una grave enfermedad alcanzada hasta la extrema unción donde sólo un milagro la salvó. La viruela descansó en Viena. La adolescente Josefa acompaña a la cripta a María Cristina al rezo a la enfermedad que la mataría a punto de su boda, dejándola enterrada con su vestido de novia. En la agonía familiar, en el lugar de su hermana, Carolina fue la consorte del rey de Nápoles ante la muerte de su hermana instigada por el interés de la emperatriz.


En la tristeza de María Antonieta, se inicia la aprobación de unirse al Delfín de Francia, Luis Augusto de Borbón, Luis XV. A María Antonieta le asumen sus defectos y comienzan a corregirle hasta que sus bustos y la instancia de su estatura quedan corregidos al gusto.

A los doce no le interesa ni lo escrito, ni el hecho histórico, ni el atuendo literario y cuenta con faltas de ortografía. Sus idiomas son pequeñas, medio del italiano y chispas de francés. Y en la ruptura de sus futuros, María Teresa acontece con más esfuerzo e incisión en la lengua francesa con el abad de Vermond, cargo oficial del preceptor de la Delfina, donde se refugiaron en consejos y el cariño amistoso se forjó. Ejerció su sabiduría en el idioma y la historia del llano y de la realeza y ella tomaba como ansias en la Corte de Versalles. El ingenio y la pereza asumieron sus consecuencias, y María Antonieta buscaba ser rápida para rehacer sus quehaceres. Su hija partía sin haber ocupado el rango que ejercía la coronación, así que intentó recuperar su tiempo perdido cuidando con consejos en el habitáculo. 'Nunca te averguenzes de pedir ayuda'. 'No manejes tu capricho hasta que posea e infrinjas el poder.' Teme que al ser tan vulnerable, las críticas pudieran destruirla.' Teme que el decoro quede calumniado por las extravagancias de la corona francesa, que la fe católica ya no esté predispuesta como ocurrió con el escándalo de María Amelia.

6 de junio, 1769. El embajador de Francia pide formal la mano a los trece años. Para colmar su alma de paz, realiza un retiro espiritual con el abad de Vermond antes de entrar en la historia. 7 de febrero, envía un carta a Luis XV donde deja claro su predisposición a confirmar que la infancia había acabado. 17 de abril, María Antonieta decide ante la Biblia la renuncia de Austria y Lorena. 19 de abril, se celebra la boda real en la Iglesia de los Agustinos. El banquete puso a prueba un banquete puso a prueba a María Antonieta hasta dejarla exhausta. Todas las relaciones de Luis XV pasaron a ser parientes, y ella se colmaba de posesión pero pedía indulgencia por ser inexperta en el arte de reinar. 1770, 21 de abril, da la despedida a su Austria natal para comenzar su prestigio. Antes de partir pide comprensión ante el pueblo para que se perpetúe como un ángel.


Al llegar a la abadía de Schuttern, el conde de Noailles la espera y la ofrenda con la prepotente duquesa de Noailles que actuaba con poco cuidado en la sensibilidad de María Antonieta. Al día siguiente, la ceremonia de entrega, es otra dura despedida tanto de su estabilidad humilde hasta vetar el protocolo en un abrazo rechazado.

La hipocresía de las damas de compañía Adelaida, Victoria y Sofía pecarían de hipocresía y ésto le transmitía peligro. Algunos disfrutaban de la jovialidad de la niña y otros la acusaban de torpe e ingrata.

En el castillo de la muerte, continúa conociendo al séquito. Esa misma noche conoce a la amante del rey Mercy-Argenteau, donde María Antonieta se sintió empequeñecida ante el asombro de la bella amante del rey que así de cínica había acudido al viaje. Sin embargo, Madame du Barry le resultó de mala comprobación pues su impertinencias la sobrepasó.

En la entrada de un día soleado para concebir el reinado, irradiaba Versalles, hogar magno de su vida. Fue llevada a la planta baja ocupando lo suplente de la antigua Delfina, María Josefa. Trataron de comprar el malestar de la rotura de la privacidad con perlas.  
  

En la ceremonia del matrimonio presidida por el arzobispado de Reims en la capilla de palacio tomaba la unión María Antonieta vestida con una esplendorosa sonrisa. Tras la consolidación del destino, doran el espectáculo bucólico de los jardines hasta que se torció roto por una tormenta y el pueblo abandona a la pareja a un banquete nupcial. La toma del acostamiento se da con el paso de compañía del séquito donde rey y religión bendicen el lecho. Cuando ya toman la cama, los presentes marchan dejando a la pareja en una nada consumada.

A María Antonieta no le interesaba todavía más que realizarse en su cuento de hadas. Versalles contaba con unas decadentes costumbres de etiquetas vacías desde que lo implantó el Rey Sol. Pronto reconocería que era una consecución de escenarios donde se administraría un papel teatral frente a la nación. Podía asistir cualquier visita a la soberanía con agravio de la delfina. Las personas se abarrotaban en el habitáculo, mientras ella daba su día. Pronto le repercutiría la rutina y la soledad se hizo morada de lo monótono. Apenas la querían, sabía que actuaban con hipocresía, pero ella corría por un pasadizo hacia las tías para afrontar el abandono.



1770, 14 años. Como primera dama de Versalles la tristeza de ver al amante, los protócolos con las damas que la desvestían, su vida sumisa ante las convenciones basada en el respeto y en dejarse amaestrar sentenciaban sentimientos. Olvidaba en los movimientos de la danza que aseguraban un porte de empedernida diversión. La madre de María Antonieta piensa en su nieto y el futuro no llega. María Antonieta elige el error y lo cuenta en la corte, corre el rumor. Luis no muestra ningún interés en la pequeña, cazar era su jornada y el aposento tomaba su carácter de encierro. María Teresa le preguntó por su nieto y él le toma la propuesta tanteando probando que era tímido, a su hija le tirará la culpa por la impotencia. Perturbada la conciencia, María Antonieta crea bailes en sus dependencias para que asistiera su esposo y le daba el máximo tiempo. El adolescente se enamoró de la nueva niña. Cuando llega a ser rey, nunca dejará de serle fiel.

Por no consumar el matrimonio, Luis XV  se entregaba a las concubinas, ¡hasta tenía un Intendent des Menus-Plaisirs!' que creaba la cita. No le resultaba un escándalo aceptando su virginidad. Pero cuando se hizo dolor, fue cuando vio el poder que ejercía otra mujer cuando un ministro fue deportado. Monsieur Choiseul fue cambiado por Madame du Barry. Ahí ejerció su enojo María Antonieta estableciendo una afrenta con la elegida del futuro rey. Luego, viéndose pordiosera en la situación le dejará unas palabras y nunca más volvería a hacerlo más.

La descendencia se intentaba, pero no llegaba. Como la anatomía no cambiaba de opinión y de paso acallar los rumores que hacían sobre ella festejando con los parisinos. 1773, 8 de junio. La primera visita a París resultó de honra, y quedaron muy contentos de como habían sido acogidos. Luis le mostró su admiración en su buena actitud. Nunca dejará de huir del aposento para preparar París a su vista. 1774, conoce a un portador del Consejo Real de Suecia, el conde de Artois, Hans Axel de Fersen fiel en su confianza hasta el final.

Año de luto, 1774. Luis XV deja la vida por la viruela. Cuentan que cuando Luis y María Antonieta cayeron de rodillas implorando 'Querido Dios, guíanos y protégenos. Somos demasiado jóvenes para reinar'. Aún no alcanzaban los veinte y temblaban ante en un avistamiento de decadencia por su poca experiencia. Pero pensándolo mejor, el orgullo de reina componía la atracción al trono.  


La vida de María Antonieta desde su entrada en Francia. En las cartas a su madre lamenta que su vida matrimonial no sea suficiente, aunque su marido la cuida en su capricho. Pero el tiempo en el que ocupa en sus cuidados son la dualidad de lo distinto, él hacía el exterior se vertía en ocasiones de caza, buen alimento, modelar en la fragua y admira su soledad, que le ocupa más tiempo sin importarle el resto, ella era muy extrovertida y todo su albedrío en la danza y la música y en propiciar su diversión. A medida que pasan los meses, comienza a ascender en su propia imagen volviéndose con un atavío de insolencia. Sabe que ella sólo es tratada como un vientre para el parto, y que no será brillante hasta que no traiga un heredero.

Para combatir su fracaso, se acurruca a María Teresa de Saboya princesa de Lamballet haciendo encantador el Petit Trianon. Inventa su vida como sólo lo decidiría una reina niña. Era una mujer de luto, dulce, prudente, respetuosa y tímida, llena de bondad. María Antonieta la tomó hasta compartir la economía. Aún controlada la mente por el poder supo como aprovecharse de ella y eso añadió para la mala fama de la soberana.


Todo debería estar limpio para el vestuario que representa el centro rococó, al igual que defendía su reputación pues París era el centro del mundo. Cuando Rose Bertin, le confecciona los trajes derrocha su ambición y será criticada por no querer conocer sus bajos reinos. La ministra de la tela había encontrado a su mejor clienta, para promocionar su sofisticación y la extravagancia había tomado el escenario. En ésto podía derrochar miles y miles de libras, mientras el pueblo vivía con una libra al día.

No ignora la crisis económica que tiene Francia, deshecha en la cosecha. El célebre acto
en Reims se aplica en 1775, 11 de junio. Lo sublime fue el precio perdido en la coronación. Por una parte, sonrieron cuando la multitud tras el trono invade la salida con un '¡Viva el rey!'. Y otra levantaban calumnias contra ella para destruirla acusándola de libertina y de despilfarrar el efectivo en la frivolidad, cuando todo estaba desatado en el pueblo.

1776. Afincandose en el hedonismo, gasta en la apuesta por su placer hasta la deuda que ascienden en el tiempo a quinientas mil libras. Luis la complace prohibiéndola que no cayera en las tentaciones a favor de su fidelidad.

En la desesperanza de su fertilidad, pide ayuda en su hermano José para intentar parar su desgracia. El motivo de aceptar ir a la invitación es doble. La intención era convencerle de una operación del miembro para consumar su unión y otra, para explicar a María Antonieta que sus tentaciones resueltas acabaran por terminarla. Cuando llega a verla queda muy entusiasmado con la nueva y ella en su vulnerabilidad a pesar de su grata apariencia le confiará la sinceridad de su soledad, sus problemas de matrimonio, las intrigas de la corte, las discusiones de sus favoritas, sus deudas por las dudas de darle a su vida y sobre todo, lo que se esperaba de ella, ser madre. Antes de partir le da consejo 'Has nacido para ser feliz, virtuosa y perfecta. Pero te estás convirtiendo en mayor y ya no tienes la excusa para ser joven. ¿En qué te convertirás? En una mujer infeliz y todavía más desdichada...'




Durante los dos meses siguientes es triste por la partida, la soledad se preguntaba si se puede soportar por lo que se valía de la compañía de su marido a la caza apartándose del lucro de los juegos de cartas. En esta época, los cónyuges se unían en relaciones sexuales plenas tras la intervención quirúrgica del rey. Al año, logra estar encinta y no tarda en hacer una epístola para su madre para desembocar la alegría de su familia.

1778, 19 de diciembre. Las contracciones se avivan en un parto de tradición. El fin de la fecundidad era un acto público. Cualquiera podía asistir al nacimiento. Su esposo sufre viendo su sufrimiento donde la intimidad era erradicada hasta el momento más crítico. Tras doce horas de parto, nace María Teresa, nace Madame Royal. La angustia de ver a los asistentes, el ardor sofocante que sufre la fuerza y el cansancio provoca una hemorragia haciendo desconocer a su hija después de dar a luz. La alegría del nacimiento es bendito. No tardaron hasta adjudicarle una exigencia como esposa de tener un hijo, que pudiera ser descendencia donde no se optaba a ley sálica. A los tres meses, el amamanto es entregada a una institutriz, la princesa de Guémenée hasta que el rey exige que una madre es una madre y María Antonieta vuelca todo el amor maternal que nunca tuvo.

María Antonieta ejerce un gran cambio, aplica su conciencia a una vida certera donde sólo tenía ojos para la pequeña. Pero la corte era cruel, y por su vulnerabilidad inciden en darle daño, en arruinar su popularidad con ataques de calumnias. El infierno que se había prendido hace meses no cesa en los que veían usarla como diana de forma vil. Aquí es cuando el rey se enamora de ella y de su fortaleza para soportar la intriga. Juntos soñaban con darle un heredero al país, juntos cuidaban el uno del otro con entusiasmo haciendo eclipse con la confianza, negándose a tener más amantes para amarla como única.


En 1780, María Teresa de Austria redacta su última carta, pues pronto la respiración de la emperatriz cesaría a los 63 años dejando huérfana a María Antonieta. Los remordimientos fueron insoportables, al no ser la hija esperada, al no ser la inspiración de la perfección del seno de su madre. Con ella, habían cesado los consejos y había caído en la desgracia del arrepentimiento desesperado.

Marzo, 1781. La suerte genética trae el germen de un heredero. Esta vez, el parto se hará con la dignidad debida y nadie osará entrar en la alcoba. En el bautismo de Luis José, la emoción del padre fueron una inundación de lágrimas festivas.

La maternidad ha compuesto María Antonieta en una edad madura. Los tiempos en el Petit Trianon le alejan de los jaleos de los súbditos que la sancionaban con cada una de sus muestras.

 1783. Agrega a su estancia una aldea de lucro bucólico, un pueblo en miniatura. 1785, familias en la miseria son invitadas a compartir con ella la naturaleza y además procura su manutención. Pero el derroche volverá a desear más y manda construir un palacio en Versalles donde procura la decoración como una réplica del palacio de su infancia. El amor por la resolución de su diversión era su dividendo de divisora, así que crea un ambiente de teatro amateur con sus allegados para adoptar un personaje de pastorcilla o doncella de villa. Así, se encerraba en idilio donde se refería a sus favoritos desertando de palacio. El rechazo al pueblo y la elección de la resolución a los que dotaba de títulos y presentes daba una baja opinión en la nación.



Finales de junio. Axel de Fersen es el secreto que domina el amor de la joven. El aristócrata sueco vuelve de Norteamérica, un hombre de armas que a dejado su valentía en la guerra de la Independencia. Su aspecto irresistible encandilaba a todas las damas. La reina se muestra como una escena mitológica, sentada encinta tocando el arpa, cuando Axel entra el Salón Dorado. No había duda, ni deuda, eran amantes. Su valentía y su lealtad eran el visado de su sentimiento. No parará hasta hacerle honor militar y así Luis XVI nombra al conde de Fersen coronel y propietario del regimiento real suecofrancés. En su partida, confiesa a su hermana la congoja de que dos enamorados no se encuentren en consumar sus sentimientos. Poco después, la reina aborta.

La amistad con la duquesa de Polignac, Yolande de Polignac hace saltar de nuevo el escándalo en el rechazo del pueblo llano que se acompañaban en comentarios malversados por la frivolidad de la duquesa. María Antonieta la elige como institutriz.

1784. El interés de Versalles era explotar a la reina para que fuera una máquina de concebir herederos, por ello agregan la alegría ante las fértiles noticias de un nuevo embarazo.

A diferencia de la pequeña María Teresa, su hijo era encantador pero padecía de serias fiebres que colmaban de precaución de sus padres. María Antonieta pedía y pedía y pidió otro capricho; el castillo de Saint-Cloud para que curara las fiebres en beneficio de la salud del Delfín. Ésto le valió para ganarse el título de Madame Déficit por la responsabilidad de la ruina que asolaba el país. Los últimos meses de su nuevo embarazo vivía en nubes de crear lo precioso en el costoso lujo. En la madrugada de marzo de 1785, nace su tercer hijo Luis Carlos nombrado duque de Normandia que se hará favorito por la dulzura en un albergue de fortaleza física.

Al presentarlo el desprecio y la frialdad fueron consecuentes con la reina cuando meses más tarde marcha a misa en Notre Dame. Aunque pedía afecto, el temor de no verse querida era el suplemento real. Buscara donde buscara todo el amor era odio.


1785, 12 de julio. María Antonieta recibe una carta de Luis de Rohan donde se describía un collar de diamantes. Irritada por un ser libertino que se reía de ella porque no alcanzaba los medios para conseguirlo y que además quería desempeñar un poder en la corte como ya había ejercido en Austria como embajador de Francia. Una mujer sin escrúpulos, Jeanne de Valois, condesa de La Motte haría tergiversaciones para salir de su pobreza aprovechándose de los placeres que acostumbraba a usar la reina, falsifican su firma para dar lo fácil. La gran estafa funcionaba ante los ojos cerrados de María Antonieta, que se dejó llevar por la adquisición. Los cómplices reían cuando la reina era usada, y al darse cuenta su marido hará el encarcelamiento entregándolo a la celda de la Bastilla. Acaba de comenzar un asalto social. Herida pide justicia para renombrar limpio su nombre y él se disculpa ante el Parlamento.

Los últimos sucesos le traen la profecía, presa de la humillación. El cardenal es absuelto y la condesa condenada a cadena perpetua., flagelada y marcada con una V -voleuse, ladrona-. Enferma de ira por su condena, escribirá el manuscrito de la guillotina que condenaría a madame Antoine.



El refugio de Saint-Cloud resguarda a Carlos José que padece enfermo, mientras que su madre embarazada en su cuarto embarazo, no se deja ir de la cama de su hijo aún los médicos le habían dado el descanso.

1786, el 9 de julio, María Antonieta da luz a Sofía Beatriz desde su cuerpo llorado. Lo que supone la alegría de dar a luz, se transforma en una depresión porque su imagen había sido blasfemada y sola, ya no contaba con el apoyo noble, ni con el apoyo parisino.


1787, febrero. El primer abucheo en la ópera la dejará rota. Ante el juicio social, se carga de arrepentimientos en su hogar y se mantiene en secreto pues su cuerpo puede ser atentado. El reinado de la bancarrota acababa de comenzar. Monsieur de Calonne, ministra del gasto, reconoce que todo está agotado. Y esperando para destruir a cualquier precio a la reina, muestra al pueblo el derroche de Versalles además de hacer un presupuesto de reforma. Por este alzamiento, marchará al exilio de Lorena. Su plan de reformas podría haber salvado palacio, pero el orgullo es más convincente.
El dolor verdadero llegó con la pérdida de la niña Sofía. No pudo salir de su desesperación llorada cuando vió a su hija con una diadema dorada y cubierta con un velo mortuorio. El padecimiento senil que trae aprender de la muerte era un protagonista hasta quitar el brillo de sus ojos por las tensiones que había sentido.

Luis XVI ya es colmado de depresión. No puede soportar su error, se lamenta de que debiera haber sido consciente de que sólo vivía entre enemigos. El Parlamento sólo quería enemistad, y así lo comprobó. Al concienciarse y sufrir por su esposo, se le ocurre tomar los asuntos de Estado pero las buenas estrategias llegan tarde. Todos la querían ver muerta.
En la pesadilla, se empeña en mantener en la Corona haciendo balance de la humillación. Disminuye el ambiente del lujo, destituye a consejeros pagados, asiste al consejo de los ministros junto a su marido, suspende sus aficiones y reduce la alta costura. Apuntan que es 'mujer melancólica que sólo encuentra paz en el silencio y la soledad'.


No llega a chocar nunca con la dicha. Su hijo mayor cae enfermo de tuberculosis, circunstancia vitalicia. Actúa con miedo maternal y lo instala en Meudon. Él ocultaba como su columna había comenzado a retraerse y mantuvo temor a verse. María Antonieta no cesará en sus visitas donde le suplicaba al aire que lo curara.

1789, invierno. Los precios ante la escasez son más altos. En la corte, la crudeza del fuera por las hambrunas se sucedían pequeñas revoluciones. Al convocar los Estado Generales, buscaron darle más poder al pueblo en busca de una aprobación. Pero el daño cada día era más caro. Protagonistas de burlas y sátiras, los periódicos se llenaban de ofensas como ofertas de la destrucción de la fémina.

1789, 4 de mayo. Con la comitiva, bajan hacia al pueblo parado de aplausos. Ellos ignoran lo que sufre una madre al ver perder a su hijo. El sufrimiento es la distancia que medía con el pueblo.
Al día siguiente, se reúnen los Estados Generales en la suntuosidad del salón para reformular los estamentos. Ella disimula ante la hipocresía, pero su interior era incomoda. El presentimiento de la intuición le obliga a escribir 'No hay ningún partido aprovechable en esta Asamblea, no es más que un amasijo de desalmados, locos, bestias'.

El pequeño Luis José padecía en el Castillo de Meudon, disputaba a la temprana muerte hasta que vence la última fuerza de la vida, la muerte. Recibió su solemne entierro de forma humilde en palacio ante la vista abatida. Perdido todo, sus hijos eran lo único que tenían. Diez días después, rey y reina marchan a Marly para pasar una semana rezando al luto, el dolor era merecido.

En su ausencia, los Estados Generales extralimitan sus funciones creando constituciones. El rey ante su concentración de absolutismo, los niega y los disuelve. Pero el nacimiento revolucionario ya había comenzado.


1789, 14 de julio. El pueblo se había cegado en su salvación, arrendaban las armas y la barricada será la lucha por la República. La cabeza del carcelero de la Bastilla es el estandarte. Veinte mil hombres lucen los creados símbolos de la revolución.

Mientras, rey y reina descansan durmiendo plácidos después de destituir a su ministro financiero con la conciencia centrada en mantener su absolutismo, con la intención de asistir a los Estados Generales. El duque de Liancourt es el encargado de anuncia al rey que la cárcel había sido liberada y que la revolución no es una pequeña revuelta. Todos los conservadores comienzan a retirarse de sus puestos porque el pueblo había levantado su voz con violencia, porque nunca vieron remordimiento. Maria Antonieta veía las huidas de sus querido círculo y no pudo contener las lágrimas cuando Yolande de Polignac se retiró de ella, como tampoco pudo retener ante el abad Vermont.

El consejo de exilio es denegado, María Antonieta se ve capacitada para asumir. El caos no es un problema, al percance sólo le apetece continuar con la educación de sus hijos donde al final será instituida la marquesa de Tourzel.

Los panfletos con caricaturas son la dureza que tiene que soportar la reina. Estaba completamente sola. Convivía con comentarios de promiscua, intenciones lésbicas, succionadora del arca. Ella cerraba esos rumores en su conciencia. Pero al volverse tan repetitivos afirmó que eso era lo que la iba a matar.


El 5 de octubre en la tarde, pasea por sus jardines, saluda con cortesía a las gentes en las granjas, en el musgo piensa en la deslealtad. En su tranquilidad, recibe una carta, el pueblo toma las riendas y marcha hacia Versalles con pistolas y cuchillos. La razón colectiva era el terror, nunca más podrá probar las mieles de la felicidad. En su desgracia, intenta animar a los demás. Todos chillan afilar la violencia para arrancarle la mente. Siente un sentimental peligro, pero se promete no temer a la muerte. Esa misma noche, despiertan chillidos en su aposento de '¡Muerte a la Austríaca!' y 'Maldita ramera, puta del demonio!'. Los rumores sólo le echaban las culpas al pan de la muerte que había acaparado iba a ejecutarla. Huye, huye por un pasadizo a un escondrijo en el aposento del rey. El insulto y el odio era un trauma de una vida que tocaba ya a su fin.


Al día siguiente, ocurre el abandono del idilio. La duración del viaje a París en siete horas estaba cargado de la presión de insultos, amenazas de alcanzar el vacío vitalicio y manos que empujaban para el descarrilamiento de la carroza. Detenidos en el palacio de las Tullerías, descubre un palacio totalmente arruinado y su vista no para de llorar el tiempo que contaban con el ditirambo. La vida se acaba al perder la gana. Viven como presos políticos, únicamente mantienen relación en una desértica corte con los que aún guardan su aprecio en la afrenta. Las únicas sonrisas la traían sus hijos. En el litigio, todos coinciden en que la reina adquiere una personalidad de coraje para sorpresa del resto, la histeria había desaparecido para hacerse justicia de su dignidad. Cuida a su marido que muestra más en el fracaso y ella como protectora de la Corona actúa como defensa. Para llenar, actúa conforme a nuevos consejos. Actúa con vísperas a seguir viviendo una vida histórica, conviviendo con la tragedia.



1790, febrero. Fallece José II, dejando rota a la reina, dejando el puesto a Leopoldo II, un hermano de poco trato que toma el trono. En este instante, el ministro Mercy-Argenteau la abandona por ser ministro de un país que no estaba en peligro. Con la partida, se sirvió del conde de Mirabeau para hacerla recapacitar en la Asamblea.

1791, había que abandonar la vida real. El conde de Mirabeau sustituyó a la suerte y se marchó. Ambos quedaban completamente necesitados de la huida. Querían arrancarle las entrañas, eso pedían los gritos. Levantan los puños, escupen a las ventanas, quieren la muerte más drástica. Prematura y senil a sus 36, se deja caer en el aposento resignada a la base de sólo existir. Pero no había razones y marchaba pronto a dormir.

26 de junio, Luis XVI muestra que han sido obligados al arresto. Ésto será el argumento que perdonará en la Asamblea esperando a la aprobación de una Constitución. 14 de septiembre, Luis XVI acepta la Constitución donde pierde su autoridad absoluta. Ya no hay trono, sino una silla que tenía tallada la flor de lis. Unidos abrazan su desgracia.

  
A los meses siguientes, nada podía matar su moral. Su sueño era que su hijo alcanzará el reinado. María Antonieta necesita en su desesperación mandar cartas para conseguir apoyo extranjero y salvar la situación. El eco será ahogado, todos abandonan su grito de emanciparse de la Revolución. Su fragilidad es la risa de Europa. Sin embargo, la princesa de Lamballe será fiel y no dejará de preocuparse por su amiga abandonando Londres. Todo lo atroz ocurre fuera de palacio, el temor recluye. Otro compañero, Fersen, propone un plan de fuga argumentado por el rey Gustavo de Suecia. Pero Luis XVI se niega, abandonar su real tradición sería traición fallando en su última oportunidad de seguir existiendo.

La madrugada del 10 de agosto, la histeria colectiva se dirigía a las Tullerías dispuesta a destruirla. Abandonan palacio ante un sol oscuro seguidos de la princesa Isabel, la señora de Lamballe y Madame de Tourzel. No miran atrás, la espera de la muerte les resulta paraíso pues sepultan el doloroso castillo de la pena. En la Asamblea, asumen el arresto y con la cara alta ven el expolio que habían sufrido. Deciden un encierro en la Fortaleza del Temple y a pesar de todos los dolores del destino, siguen juntos. Sus manos enlazadas pronto serán separadas por la tumba.

Todos los enemigos de la Revolución, habían sido encontrados y asesinados. En el torreón María Antonieta se destroza ante la muerte de la princesa de Lamballe y no contentos el pueblo con eso traen entre risas, la cabeza de la princesa para mostrársela a su amiga. La noche se dio entre rezos y llantos. El desastre ya está desbordado. 



1792, 21 de septiembre. La Asamblea es la Convención Nacional. La monarquía es erradicada. La República gana. Luis es ejecutado el 21 de enero de 1973. El crimen comenzó a las seis de la mañana. La víspera del crimen comenzó a las seis de la mañana. La última noche, la reina rezaba temblando. Y así, con un libro de oraciones recogerían al rey. El júbilo era el cinismo de la ejecución. A las diez de la mañana, María Antonieta era una viuda con ojos secos.

Su única salvación de la alegría que puede salvar sus días era tener a su hijo cerca. Pero en la noche del 3 de julio, la petición de la cabeza no atiende ni a la negociación, ni a la desesperación de una madre que no quiere que se lleven a su hijo. Morirá aislado, enfermo y llorando porque le habían hecho creer que su madre se había desenlazado de él.

Ella no distinguía ya la vida de la muerte. La vida en prisión no es cuidado de la existencia completa, ¿qué más da estar muerta? 1793, 1 de agosto. El traslado a la prisión de la República con nada que perder porque ya lo había perdido todo. Sabía de la savia de la guillotina, la miraba y pensaba 'Ahora ya nada podrá hacerme daño'. Así, se despide de sus últimas personas y marcha al cadalso, negándole la posibilidad de despedirse. Pasa su última noche en la sucia celda. Su mirada perdida perpetra en la gravedad durante dos meses que dura la reclusión. El 15 de octubre entra en el Palacio de Justicia donde se decidirá el destino. Su cuerpo estaba encerrado en un cadáver. Su cuerpo respondía con justificaciones en todos sus juicios. Tuvo que enfrentarse a la peor revelación, su hijo había inventado que había mantenido relaciones incestuosas con ella, ante la presión de un periodista que había dicho el invento de que su madre vivía y ya no le quería.


María Antonieta escribe con el temblor del miedo en las manos su testamento. Aquí muestra su amor maternal, su arrepentimiento del reinado. 1793, 16 de octubre. Repasa y repasa un rosario a expensas de su verdugo que la arranca de él y corta sus cabellos para ridiculizarla. En el traslado al cadalso, sus manos van atadas en forma de criminal.


Sale de la oscuridad, para cegarse con su último sol. Aún tuvo que sufrir con sus oídos la poca piedad que tenían en la plaza, lo último que escuchó eran insultos. Los últimos pasos eran el estrado de la guillotina. 

Su última voz 'Os pido que me excuséis, señor. No lo he hecho a propósito.'


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