jueves, 6 de julio de 2017

Sissi



Su infancia fue su continuado anhelo pues no ofrecía ninguna preocupación, andando en los días se toma la natura y la regalía es lo inexplorado en el ancho sol. Su madre, la princesa real Ludovica de Wittlesbach casa con el excéntrico Maximiliano de Baviera con un regalo de bodas; el abandono. La sumisión era la expoliación de su felicidad matrimonial. Sonaba la sinfonía de las lágrimas de una madre y el consuelo en los campos de la corte, donde alejados de los problemas sociales se inmiscuían en la evocación de problemas sentimentales. Los desfallecimientos de las fanegas se transformaron en tertulias de poesía, música popular donde argumentaba su mesa redonda como un compositor, Arturo en la Mesa. El abrazo a Sissi era para su regalo de Navidad. Les transmitió amor por la sencillez, la naturaleza y la libertad.


Sin prejuicios sociales y amaestrados por la curiosidad infantil del jardín, Sissi juega entre un corzo, cordero y conejos hasta que la tristeza sería la tiniebla de unas profundas depresiones que habitaban más que el capricho núbil. Dejándose dominar por la ilusión de la sabiduría de su hermana mayor, contenidos en sus propios carencias y quebrantos. La nota del garabato, verso ingenuo de los primeros años de conocimientos. Que son mímesis en apuntes de lejanos Andes, especiales especies de árboles, detalles animalescos. La intención de su padre, al aire libre o al espectáculo, escudriñaba más su inquietud. Su infancia fue su continuado anhelo pues no ofrecía ninguna preocupación, andando en los días se toma la natura y la regalía es lo inexplorado en el ancho sol.





















Francisco José es requerido en la abdicación de su tío el 18 de agosto de 1848, seguido a ésto el archiduque Francisco Carlos poco apto perece como jefe. Francico José se legitima como jefe de la casa imperial de los Habsburgo con detonante de una revolución aburguesada amansada que dejo satisfecha a Sofía, ningún territorio estaba emancipado, la coronación vibrará en Moravia. La promesa de madre es no entrometerse en el emprendimiento, pero maneja su interés a través de la demagogia que nunca se llegara a absolver por la inseguridad cierta de él. Cinco años más tarde, representa al Antiguo Régimen, jefe de la fuerza armada con un gobierno sin Parlamento y anulada Constitución. Aceptará todo a lo que el corazón le propongan.

Verano, 1853. La archiduquesa Sofía invita a Ludovica y a sus dos sobrinas, Elena e Isabel a las termas de Bad Ischl. Elena marchaba con un encanto. Isabel viajaba con el corazón ingenuo avasallado por el amor hacia un hombre al servicio de la corte de su padre, que marchó a una misión desterrado de Munich donde murió. El luto era el poema, las lágrimas eran el consuelo del recuerdo. El luto debe estar manifestado en profundos centro artísticos pues no cae más benevolencia y pureza que en la belleza. Su nombre cada vez era más silencioso en la sala, no quería pronunciar la suave voz de la tristeza, sólo el camino a su grandeza acogido por manifestaciones pintorescas que no debieran caer en pozo hundido darían continuidad y a un amor que no se olvidará, pero sí se allanará.

1853, 16 de agosto. La duquesa llegaba a Bad Ischl donde los contratiempos eran las paradas matriarcales. Elena fue perfeccionada por la camarera y Sissi sola se enturbió el recogido en dos trenzas. La espontaneidad de Sissi era el punto de mira, el truco era despedido. 'Enamorado como un cadete, feliz como un dios'. El impulso del amor en guerra con la cordura coronara cualquier sentimiento, es el único que no podemos escoger, nos elige. Le eligió por elogios. Sissi no tuvo deleite, no tomó alimento, comió nervios. Tan cohibida como la sociedad estaba dispuesta a opositar.

A los diecinueve, la archiduquesa Sofía de Baviera contrajo matrimonio sin aprensión a el amor, con tintes políticos donde emergió una personalidad independiente y activa. La fortaleza de la situación nos consolida con un narcisimo necesario, para no ejercer la destrucción de la enmienda de la situación. Yo seré reina de cerca de cuarenta millones de habitantes que me engalanaron con gasas en un prestigio convertido de acompañar al Imperio. Yo debo alzar el poder una torre que en la corte tomarán como amplio disposición hacia un destino que no es mío, pero del que debo disponer si me quiero en vida.

La mañana puntuó. En la noche, con Sissi se casó en sueños. Y no fueron ni veinticuatro horas, cuando el baile ya estaba aplicando el sometimiento que le ensañó. Prepara la corona. Y en su inocencia, ni osaba repartir su ramo. Al ser elegida, el profundo sentimiento de ganadora le impidió compartir el podio. Su trofeo era un vals, sus puntos de vista a oscurecer son los ojos que observan. La continuación de la enérgica ya era contemplado y decidido.

Coincidió el 18 de agosto en una ceremonia íntima donde la principal preocupación de Francico José fue darle todos sus propósitos. Cuando la pregunta fue enviada directa, entre llanto asintió que traería toda la felicidad para el emperador y sería fulminante en cariño con Sofía. Ante la situación inexperta, el impulso de divorcio por la época sería romper más la ruina.

Las horas siguientes, eran el trono. Trasplante de baile a condecoración, banquete que era el intermedio de la diversión. Eso significaría el insulto vanidoso aristócrata vienés, el aura de la envidia, el descontento de la inmortalidad.

24 de agosto, se acepta el compromiso. La alcurnia de Sissi fue demoledora al no estar a la altura de los Habsburgo. La iniquidad para destruir su fortaleza sólo acababa de comenzar. Le reprendieron en primer lugar por el linaje. El 31 de agosto, los caminos se bifurcan a Viena y al castillo de Possenhofen. El delirio era la burócrata tinta ante un hombre totalmente extasiado en el amor profesado. El profesorado de Sissi era el nuevo contraste, así tomará el francés y el italiano para ser la responsable emperatriz a la que su cuerpo ha ido a pertenecer. El conde Johann Mailáth fue maestro político hasta que sobresaltó a oradores armonizando que la República sería el estado de derecho más conveniente.





Ajena a joyas, ajena a gasas, no disponía de apariencia de su sello actuando según sus inicios. La nostalgia reina en el silencio, hasta que los labios de los amantes fueron dulce pesar de júbilo. Sus despedidas fue su continua tristeza. 

En su indulgencia epistolar, mandó una carta íntima a Sofía sin protocolo. Decidieron una relación imposible. La suegra marca el correcto advenimiento de su hijo, sin saber que la enamorada se reprende por un protectorado que teme perder, pues no está forjado a línea cerrada como se conmueve un vínculo familiar.

Sissi deshizo el ajuar para ser la modestia. Renegada por la alcurnia, simbolizaba un futuro decadente sin grandes riquezas para la patria. Pero los elegantes vestidos que se sobrevolaban unos a otros, parecían alzarse como alas de libélula de bailarinas. La etiqueta era la presencia, la renuncia eran las miradas de desprecio.

En la carroza de oro de la entrada, caían lágrimas de plata. Su nuera la dejo sentada distante. Las lágrimas son la intromisión de emoción que el corazón quiere dejar, y se deslizan a la boca, las más amargas son las que se incrustan en lo que el corazón ya no puede dejar. Una sobrecogedora seriedad es maestra, hija de la composición negra de darse cuenta del abandono debido a una obligación de amor con el pago de su ida libertad. Su existencia contemplativa ya no pertenecía a lo ecuestre, sino a galas, intervenciones en ceremonias, pulsos sobrecogidos en desfiles militares y fingir en recepciones sin poder volver a su propia actitud, una actitud para los demás. Es norma su aislamiento, sólo pueden dirigirse a ella como respuesta. Infringida norma que bajará por la voz de su espontaneidad como sucedía natal. Sissi no predicaba con ser rienda de su propia historia, sino una acusada y aceptada en su propio destino.

Dirección al palacio de Schönbrunn, residencia veraniega de los Habsburgo vio el descenso de privacidad y un exceso de dar una imagen sonriente, que no acompañaba a su propia naturaleza de acurrucarse en el pasto, ahora era el punto de mira de la congregación. El cansancio por la sorpresa social debe ser aprendido como un método de entrenamiento al futuro. En la fatiga de su aposento con su respectivo pesimismo de insatisfacción, no acabaría hasta que hubo de conocer a las damas bávaras o a su camarera mayor, Sofía de Esterhazy, princesa de Liechtenstein. Su intuición fue un desencanto, al no contar con su empatía sino con una sensación de espía. Remediaría los encuentros con falta de interés, usándola como institutriz confeccionada por los catálogos de la corte que desde luego, tampoco le interesaba, sin embargo, 'Ceremonial para la introducción en la Corte Imperial de Su Alteza Real la Serenísima princesa Isabel de Baviera'. La archiduquesa incide en sus errores cuando son continuos, criticando cualquier movimiento con alarde de forjarla débil. Por otro adminiculo, mujeres desinteresadas la apoyaban con dulzura. Aceptaba que nunca podría estrechar lazos porque en su rango cualquiera podía usar sus infamias podrían crear tergiversaciones a ojos para crear la muerte de su aspiración.




Y fue llanto lo que su suegra lo dijo sobre excentricidad, pueril decisión, destructora del deber a expensas del capricho. Abandona con precipicio un acto de protocolo y vuelve a caer en la cama con semejanzas a sus anteriores tragedias. Amaba al emperador, pero no amaba su condición. Podrían llevarse los ciertos imperiales, el ajuar y la riqueza y sólo quedarse con el dulce nombre de él. Admitía su amor y se dejaba en su propia sumisión de acompañante y estatua elegante por tener un beso en su frente. Pronto eso se convertiría en envidias, ultrajes de descorazonados que no comprenden la severidad de estar enamorada hasta donar las últimas reservas de tu vida de la 'novia-niña'. Soportaría todo lo amargo, si se llevara a cabo por ser un mutuo desahogo. Caería por su propia presión, por tenerlo en la bendita prisión de 'eres mío'.



Sin embargo, la concesión no llegaba. Aceptó el ritual de acostamiento donde las dos madres tomaban la vigilia de la cama. Al alba, hubieron de desprenderse de su compañía de nuevo para recibir al día. Si rehusó de su propio ardor, fue sólo por quedarse cerca de él, como una especie de extinción protegida. Sissi, en su '¡calla!' cuando él la abandonaba por sus asuntos, jugaba con sus mascotas Possenhofen, escribe en el cuaderno de los dolores.

16 años. Su suegra maldecía todo lo que hacía, arrebatando a la emperatriz su lustro ante el Estado, por ejemplo, temblor. Aprisionada en una jauría que contraataca su actitud anulándola. Abrían los jardines para que ella no pudiera sentir la seguridad de no ser vista. Ésto cabría en el impulso de sentirse despreciada, sino fuera porque existe la cura del pensamiento donde es imposible amaestrar a alguien que ha nacido para ser independiente y no un instrumento. La pérdida del lugar donde quería convivir casada era más de lo que podía soportar, pero verse vestida y desnudada por damas era una imposición si quería arrendar. Su errar era aparentar y no marcar su propio incentivo en ser como a la existencia le preocupaba. Su marido no entendía lo mucho que sufría al estar en esta situación pues estaba tan colmado en su vida de engendrar su propio interés y el de su país, que no podía comprender lo innecesaria que era la educación y la avaricia de cariño. Pronto descubrirán que sus personalidades son alternativas pues mientras uno, busca la alza de su Imperio, Sissi se dedicaba a ser sensible e inteligente buscando el poder en lo culto mientras que su marido, lo haría en el asunto siguiendo únicamente su propia ambición. Sissi se alimentaba de sí. Supo ser fría y darse cuenta como había quedado a un papel irrelevante donde su condición había quedado a ser a los ojos del resto, una mera marioneta llena de títulos.


Tras el levantamiento de Viena y Hungría, la huida de Olmutz. El viaje era un acto de agradecimiento a los Habsburgo por sus coyunturas ante las dificultades. Allí ella alcanzó las manos que quería tocar; conventos, iglesias, orfanatos, escuelas y hospitales de caridad. Por su personalidad y educación, podría haber sido la donante de los más desfavorecidos en tan empobrecido imperio, sin embargo la decepción llegó cuando sucumbió a la idea de que iba a alcanzar un papel decorativo. Esta decisión contra su vida, sólo podía ser rota por la fuga.

Encinta se mira a los ojos y en su vientre está su anhelo más esperado para perpetuarse en su soledad. Fue amonestada como una especie de ovación ante las turbulencias de Rusia, de Turquía, enemiga de Austria para eclipsar la densa peste que cubría la inseguridad.  Alojar un hijo que nace desde un claro de la gestación, su apariencia -obligaban a marcar su ombligo cuando era expuesta- hubiera debido de ser un único espejo y dar la protección al feto para abrir el nido como cuidar su voz a una nana hermosa. La placenta siente el absoluto, de nada sirve tener la hija si la vida no acababa de ahí. Ser desposeída para las pequeñas. Las niñas se llamaron Sofía y Gisela. Arremetiendo contra la emperatriz, su suegra decidió que debía condenarla apartando a sus propias primaveras venidas a confiscar habitaciones de cuna cercanas a su suegra. No pudo elegir ni los nombres, no pudo tener caricias en soledad con ellas siempre ocupadas en sirvientas y visitantes, no pudo instruir su propia educación, tuvo que guardar su amor. Y el amor no se guarda porque nos despedaza, el amor maternal es la leona que entra en la lucha por salvar el dolor de su parto. Es dueña de su maternidad y ni aún en el peor de los casos, puede desprenderse de su propio instinto. Y así lo dedujo en una carta que escribió Francisco José, de un juicio del que salió ganando, aún en el empeño de hacer la vida imposible a Sissi arrebatando la tutela.  



1856, en un viaje dispuestos al aprecio, marcharon a Hungría y Lombardía-Venecia. Cuidados cuatro meses en Milán y Venecia, desplegaron su máxima virtud para ser queridos y fueron recibidos con odio. La emperatriz mantuvo su firmeza ante la constancia de saber que debía conformar su propio intelecto con dignidad. En ese ritual, tuvo que dar su torso a la concentración que se dispuso porque el misterio de la belleza escondida en no-retratos de Sissi había surcado las casas. No hay vuelta atrás y Hungría. 1848, enfrentamiento de Budapest y Viena en unas penas de muerte para nobles por la represión del ejército. Los aposentos vieneses eran hostiles con Sofía al frente, pero Isabel era atraída por su valentía. Él estaba seguro de que el encanto de ella amainaría a los sublevados. El viaje sería enorme, la estancia estaba convencida durante cuatro meses. Sissi pidió el amamanto de sus hijas, así tuvo otro enfrentamiento con su suegra pues ella pensaba que el trayecto que se daría a hacer era perjudicial. Y ella mostrando su poder como madre en su autoritaria potestad infinita sobre el parto que se dio. La madre muestra su fecundación como una apropiación, pues así ha nacido de su vientre.

Budapest fue Síndrome de Stendhal, nunca pudo olvidar aquella belleza casi autoritaria, donde dejó de contemplar su anatomía para estar presa de delirios de pinceladas de realidad. Para su sorpresa, después de tanta reticente rechazo en Hungría, Lombardia-Venecia el aprecio fue la certeza de que podía ser sensacional la estancia a pesar de la opresión política tirante, con necesidad de exigir asuntos de Estado a Francisco José. Como ella la quería, en calma. Cuando un día, Godiva vestida sí, fue galardonada aplaudida con entusiasmo, aún fuera juzgada por su acto por aparecer a la hípica como deplorable.

En su primer viaje oficial a Hungría, su hija se desvaneció en disentería -infección inflamada en la úlcera y fiebre que causa colitis con secreciones nasales y sangre-. Seeburger diagnosticó dentición. Sissi no se separó ni un segundo de las sábanas debilitadas de Sofía. La fiebre y el delirio, el dolor de la sen y la erupción en la piel, el tifus fulminó a la pequeña Sofía, un ataúd ataviado por una espina en la madera en una anatomía tan mínima y una experiencia tan medida por el destino. El funeral era un solemne silencio. Yace en la cripta de los Capuchinos como Sofía Federica de Habsburgo-Lorena.

Durante el luto, Sissi nunca alcanzó la fuerza, ni la visita. Del impacto, regresaron a Viena con el cuerpecito velado. En la impotencia, se intentó destituir al médico por parte de la emperatriz, pues su suegra estaba tan ensimismada que se le siguió marcando un respeto. Él fue el encargo del peligroso ayuno y la invasión de crisis nerviosas. Vana era la vida con la súbita muerte de Sofía, el sentimiento de culpa conllevaba el recuerdo de aquel largo viaje destructivo que se le venía a la mente como consecuente. Vana era la vida. Aislada al llanto sin probar alimento nunca se sintió perdonada. Este sentimiento caló tan hondo que decidió dejar de ser madre y dejó de luchar por la crianza de Gisela, con once meses. El arrepentimiento nos muestra en una experiencia sensible donde el ser se convierte en benevolente consigo pues nos estamos negando a otros mismos.
Verano, 1857. La preocupación era tan emergente que la duquesa Ludovica de Possenhofen acompañada del doctor Fischer que inspira más y más soledad ante el quebranto. La reducción de abrazos ante un corazón roto es esencial, pues no se puede salvar el alma sin dar determinados consejos de uno a sí. Aún tengo que pasar por el dolor más inhumano, el ente se proyecta con un sentido de desesperación donde el fracaso está aportado por el mismo creando la sin salida del laberinto.

En su primer viaje oficial a Hungría, su hija se desvaneció en disentería -infección inflamada en la úlcera y fiebre que causa colitis con secreciones nasales y sangre-. Seeburger diagnosticó dentición. Sissi no se separó ni un segundo de las sábanas debilitadas de Sofía. La fiebre y el delirio, el dolor de la sen y la erupción en la piel, el tifus fulminó a la pequeña Sofía, un ataúd ataviado por una espina en la madera en una anatomía tan mínima y una experiencia tan medida por el destino. El funeral era un solemne silencio. Yace en la cripta de los Capuchinos como Sofía Federica de Habsburgo-Lorena.

Durante el luto, Sissi nunca alcanzó la fuerza, ni la visita. Del impacto, regresaron a Viena con el cuerpecito velado. En la impotencia, se intentó destituir al médico por parte de la emperatriz, pues su suegra estaba tan ensimismada que se le siguió marcando un respeto. Él fue el encargo del peligroso ayuno y la invasión de crisis nerviosas. Vana era la vida con la súbita muerte de Sofía, el sentimiento de culpa conllevaba el recuerdo de aquel largo viaje destructivo que se le venía a la mente como consecuente. Vana era la vida. Aislada al llanto sin probar alimento nunca se sintió perdonada. Este sentimiento caló tan hondo que decidió dejar de ser madre y dejó de luchar por la crianza de Gisela, con once meses. El arrepentimiento nos muestra en una experiencia sensible donde el ser se convierte en benevolente consigo pues nos estamos negando a otros mismos.

Verano, 1857. La preocupación era tan emergente que la duquesa Ludovica de Possenhofen acompañada del doctor Fischer que inspira más y más soledad ante el quebranto. La reducción de abrazos ante un corazón roto es esencial, pues no se puede salvar el alma sin dar determinados consejos de uno a sí. Aún tengo que pasar por el dolor más inhumano, el ente se proyecta con un sentido de desesperación donde el fracaso está aportado por el mismo creando la sin salida del laberinto.

En esta época, sufre la comparación con la esposa del archiduque Maximiliano, Carlota, hija del rey de Bélgica. Aprovechando ésto su suegra la archiduquesa Sofía comenzó a comparar las excelencias y cualidades de la nueva cuñada, mostrando constantemente una preferencia por su nueva nuera. Sissi tenía a su imponente marido y su propio satélite personal hegémonico paseado por intensas sensaciones para no sentirse hundida en su porvenir porque pudo contemplar su alma bella todo el tiempo a pesar de no tener un árbol genealógico tan espléndido, ni su belleza aún presente, ni la inteligencia que había mostrado en sus quehacer pues cada una se diferencia por su moral y saber ser. La relación de su suegra ya estaba completamente indispuesta, por lo que no era necesario aceptar ningún tipo de juicio pues sólo mostraría aceptar que la contradicción de su personalidad, la personalidad sólo es conocida por uno en su propia razón. Nadie atiende al pensamiento. Los intereses de hacer daño sólo muestran la carencia de otro humano querer sobreponerse.

El 21 de agosto de 1858, Residencia de Laxenburg, nace Rodolfo, coronel de los ejércitos, en memoria de la dinastía de los Habsburgo. La alegría en palacio, los donativos en el pueblo llano, los regalos de su esposo... Todo significaba debilidad y que su hijo debiera pertenecer al ejército. Tampoco en esta entrega se prometió el amamanto que fue mermado por Marianka de Moravia, elegida por la archiduquesa Sofía para flagelación de la emperatriz. La realeza pudo más que el ruego, el silencio pudo más que el chillido.

Corrieron tiempos de enlace y el amor real volvía a ser la tragedia de participar en una investidura. Sissi temía porque sus hermanas corrieran la misma suerte de prejuicios y perjuicios que ella había padecido. Elena 'Nené' casaba con Maximiliano de Thurn y Taxis, acaudalado y ocupado de Austria. María Sofía se comprometió con Francisco de Borbón, legado de Nápoles y Sicilia sin amor, sólo por el alto cargo a un hombre débil en su promesa mental y de anatomía débil que la llevaría a la ruina. Antes del exilio, insistió en hacer brillar a la emperatriz, 'quédate antes de que no tengas un esposo que te ame tanto como a mí el mío', 'quédate, hermana', 'quédate en mi salud que cada día empeora más'. Ella no ofreció el monólogo de su empirismo tétrico, ese ir y venir de máscaras que había tenido que soportar donde ella era la única neutral por la humildad de los tiempos de cuando niñas.

1858, septiembre, fallece Margarita de Sajonia. Pese a la maldición de la cripta capuchina, asistió al entierro. El final de los Habsburgo estaba en ese lugar repleto de sarcófagos y antorchas. Negada por su negación de la muerte, impidió ser enterrada como miembra familiar de la corte.



Primavera, 1859. Francisco José callaba la mala política. Sissi siente en la política interna la tensión de Italia y Hungría sobre Austria. Él parte hacia la Alta Italia en supervisión del destacamento y organización de la operación militar que por la inexperiencia será la derrota. Tras la partida en la estación de Murzzuschlag, regresa al palacio de Schonbrunn a sentarse en su llanto a la soledad de la tiniebla. Toda la esperanza queda envuelta en la pérdida de sus sentidos, su marido y sus hijos. Sin fuerza de independencia y la corte como único sustento de vida, se sitúa como su única situación. En la pérdida, caería presa de la ruina de su vida donde el abandono y su sentenciada capacidad como madre se hundiría tras la muerte de él. Ante la ausencia, se deja en las paredes de su recovecos que se llenan de angustia y horror. Monta a caballo por la exigencia de sentirse libre en alguna actividad, ayuna porque como pensamientos con disparidad y la única alegría son las cartas de amor que se debían ambos. En el desierto de la unidad, la pena se rehuía con el escándalo del tabaco en el humo.

Las noticias del frente son un desastre austríaco, que el emperador intenta amainar amando a su amada preocupada. Tras las derrotas de Magenta y Solferino de Napoleón III, asume su responsabilidad de ser un fracaso. Reprochado por cometer una guerra en lo absurdo donde perdían la vida los soldados, donde la sangre corría por la ambición, donde la falta de mando político era la exclamación. El reinado de hombres siempre ha llevado a la emancipación de la paz que aguarda la mujer como ya se ha observado en tiempos pasados. Los hombres enferman de codicia, las mujeres son las enfermeras.

En el palacio de Laxenburg se toma un hospital para tomar y salvar vidas heridas. Pero hay más de 62.000 en riesgo y la medicina no alcanza. Todos los lugares eran improvisados centros de salvamento. Sissi criticó como se puso en peligro el esplendor del Imperio por la avaricia, estaba convencida de que las ideas de Sofía acarrearían la ruina pues tenía mente de aspiración áurea para Austria sin predisposición de ser consecuente con las vidas. La riqueza mediante la guerra siempre trae podredumbre pues las vidas están dirigidas hacia la muerte de la violencia ciega. El humano se ha disipado en destruir todo lo que pueda tener en su mano para alcanzar un abstracto sensación de poder, al derramar la sangre, la dignidad y el camino de vida de un individuo pues así podría tapar su carencia como ser humano egoísta. La excusa sería la guerra desenvuelta en un establecimientos de la maldad humana. El hombre aprovecha la debilidad y la grandeza para exigir poderío a su persona, el número de muertos que ha recontado será el calor de su hogar almidonado con una recompensa bélica.

Sissi se contraría al absolutismo y destrucción del reinado de su esposo, exigía la paz con Napoleón. Exigía en su corazón conmovido el fin de la masacre, contraataca contra el régimen. Apartó su consejo y en mano equivocada tuvo que ceder Lombardía y Venecia. El Diploma de Octubre estableció un régimen parlamentario constitucional, destituyendo al absolutismo que dejaba a los primordiales regentes en favor de aceptaciones y opresiones.


Invierno, 1859. Primera crisis matrimonial. La presión interminable entre suegra y nuera, hace perder los estribos a él. En los lechos ya se comienza a rumorear las relaciones extramatrimoniales del emperador. Cansado del sexo, la emperatriz alcanza la desilusión. El fuego que ocupa otra se enciende y la llama se detiene, se pierde en nuevas pieles. No hay en una unión algo tan doloroso como tal. Perecen las intenciones de futuro y las horas pasan pensando en como otro cuerpo besa otra carne y los celos son termitas del hambre. Las noches ya no son la práctica de la oratoria con final en lo carnal, ahora todo está arrebatado por el fin del hombre; ampliar su extensión de visionado de féminas que le desnudan. El amor fiel es una utopía que ella como un tesoro vendido.

Sissi opto por su diversión y convocó bailes de ilustres familias que la entretenían hasta horas de la madrugada para olvidar lo que la desesperaba en la primavera de 1860. Su cuerpo se mecía al compás, siendo musa de la música, siendo extrovertida con los invitados, siendo el olvido en lo privado. Su excentricidad empezó a rebosar, pero no, no era ésto, era su verdadera personalidad en una peligrosa realidad para las mentes retrógradas de la corte. Ésto sólo fue un servicio para criticarla aún más, una temática más para intentar destruir a un corazón desconocido que sólo buscaba soñar.

Los vértigos, los dolores de sen, las náuseas, la fatiga, la fiebre, el ayuno, el insomnio, el tedio se sublevan. Después del parto de Rodolfo, luchaba contra su palidez y astenia con ejercicios de adolescente, pero su debilidad con el alimento la amedrentó con anemia. En su obsesión por mantener su cuerpo delgado, se exigía su gimnasia y el galope hasta la extenuación. Comenzó a acrecentar una enfermedad aún desconocida; anorexia nerviosa.


23 años. En la presión que la obligaba cada día de una belleza rutinaria, pero encerrada decide marchar a la isla de Madeira aconsejada por el doctor Skoda que temía porque el desenlace fuera una tuberculosis. Y así, marcha a la serenidad del tormento de un desesperado espíritu. Supo el ingenio que la soledad brinda el remedio. Supo como dejar callados los truenos, que también ansiosos de su pérdida para conquistar el prestigio que ella eclipsaba. Como la madre del emperador que tramaba sólo volver a obtener su imagen y la educación de los infantes que consiguió con hipocresía de apoyo y dándole el parte. El yate en Amberes de la reina Victoria fue su pasaje. El crédito ilimitado fue por su marido. La elección de su seguimiento fue por la emperatriz. Libre de toda condición marcha a su disposición en la vida que ella siempre esperaba, una vida sin asperezas gubernamentales, una vida sin críticas a movimientos, una vida que quería vivir con sus hijos pero tenía que hacer el sacrificio. La despedida fue de lamento, pero decisiva. El trayecto aún la baja salud de la dualidad de su fortaleza mental y su anatomía débil no le hizo dejar de gozar la llegada a Madeira, no se dejó marear en el golfo de Vizcaya cuando las olas empezaron a jugar y a molestar y a despertar el mareo.

Su vida esteta y errática acababa de comenzar como ella de querer, disminuyendo Viena por envíos de ella como individuo y no como soberana. Quinta Vigia, su residencia de hibernación en el placer estaba amurallada tropical. Su tranquilidad y su soledad es obtener lo que das dentro del cascabel vital. Todo es tan idílico como la infancia, sin complicaciones ni comparaciones ni compañeros adversos. La primavera le estalla en un saludable bienestar con una mezcla de añoranza por sus hombres, por sus crías. Su destino estaba hecho para no ser dos mujeres a la vez, sino tan sólo una.

La de la libre elección, se ve como ella no tiene sentido de la decadencia sino una lucha instintiva para su supervivencia altruista y cuando no ha podido por sus truenos en ellos, narcisista como se puede ver en el cuidado de su cuerpo y su búsqueda de apariencia aceptable y mejorada por su psique. Oía la Traviata de Verdi en una mandolina, leía todo lo que se le posaría, ¡oh, filosofía y poesía!, aprendiendo idiomas, ¡húngaro de Hunyady que pronto fue censurada porque la marca de su amor por Sissi no podía ser ocultada y de nuevo, Viena!

1861, abril. La añoranza es la clave de la esperanza. Decide volver a Hofburg con sus tres hijos en el temor de tener que volver a estar con la madre del emperador, y además reprimida por su decisión que sabe que sería tomada como error, sería otra vez el gobierno de la cruz.



Antes de la reunión de Trieste, paró Cádiz, toma asiento en una corrida de toros de Sevilla donde todos admiran su sencillez y humildad con los del pueblo llano. El escape del peñón de Gibraltar, el paso por Mallorca y el fin en Corfú. La isla inglesa fue cautivadora hasta ansiar detenerse en ella más tiempo, pero él la tenía que arrestar en Trieste. Con el estrés de la corte, llegó el motivo del llanto, el cuerpo roto por el quebranto, le pedían que fuera un dulce bálsamo, pero sólo era esclava, de su propia negación a la situación. El diagnóstico fue tisis por el trote. La emperatriz se hunde en su enfermedad, presiente su desgracia y anuncia su partida clamando ojalás.

Sissi carga con un séquito de 33 personas y Skoda, se alejan las fiebres en Citerea y todo vuelve a la primavera que era. La alegría es una ola de aprendizaje para saber cuales son los motivos indispensables. En el campo, decide la vida retirada y solitaria, únicamente con su conocimiento y el paseo por lo salvaje. El claro estaba colmado de aire fresco y el pulmón atrae la mejoría. La ría de fe en una vida nueva trae la compasión del pasado, lo cuenta el olor a Mediterráneo.

En los despachos donde sacuden los disturbios de Hungría con el empobrecimiento y lo debilitado que se muestra en las actas de su Imperio. Difuminado por su ansias de estar con ella, él se sitúa hacia Corfú para recuperar a su esposa. No es un encuentro como los anteriores en las estaciones, sino en la frialdad y respetuosa pero con la concepción de tomarla de nuevo entre sus brazos. Después de permanecer en Corfú y Venecia, la resolución a volver era inquebrantable y quería seguir perpetuándose en Possenhofen, fuerza de ilusión y saber que la vida era más que la insoportable vida de Viena. En Baviera, los animales eran predilectos y así debieran marcar su supremacía pues son seres más bondadosos que el ser humano, al tener una comunicación basada en la propia supervivencia y no la destrucción pues carece de moral.


Mediados de 1862, Bad Ischl, cumpleaños del emperador. Al saber que ella era el fue del hogar, admitió su presencia advirtiendo las condiciones retirando la angustia. Montará a caballo el tiempo que le colme, actuará en actos sino puede verse obligada por su importancia a la clandestinidad, paseará sin control policial, será la madre que ella quiere ser para sus amados. Y la catástrofe ética llegó a la corte cuando destituye a la condesa de Esterházy. Ante su alterado bienestar, sucumbe a una buena anatomía con una alegrada mentalidad que la mantiene sin restos de enfermedad.


4 años, Rodolfo de Habsburgo. Su padre tomó su destino donde gobernaría una educación militar para que fuera el coronel de los ejércitos. Para ser un rígido ejemplo era sometido a tutelaje físico hasta el agotamiento, gélida agua tras ellos y hambriento esófago, hambrienta alma para tan sólo un niño. Pero su sensibilidad y excitabilidad hacían estragos con fiebres, náuseas, indigestión y trastorno en manos de la baronesa de Welden y el maestro conde de Gondrecourt. Como madre emergería su dominación, abandonaría Austria si era necesario ante Francisco José que la valoraba como su joya más preciada, daría la expulsión por su hijo que era su trozo y vida entera. Al sobreponerse inapelable, se apropió de los intelectuales para que su hijo palpitara en el Parlamento del conocimiento. Nunca pudo partir de su pasado y se mantuvo con grandes secuelas y pesadillas el resto de sus días.

Sissi sabía que tenía la seducción en sí. El cuidado de su cuerpo por intensos ejercicios y la dieta estricta mantenía un cuerpo voluptuoso que la convertía en un ídolo. Su espejo le respondía piropos y se lleno arrogancia, caprichos y ego. Todos estaban enamorados de ella. Y ella, que era consciente del poder de su belleza sabía como saciar sus sensaciones por el lenguaje, sí que para su vista decidió rodearse de mujeres bellas que hicieran brillar más el escenario. Como Luis I de Baviera en Munich en su Galería de Belleza comenzó a coleccionar retratos de mujeres hermosas.
Pronto lo que siempre había previsto para su cuerpo, sería convulsiones certeras pues los acercamientos se enfrentaban a su timidez. El temor a las personas desconocidas se hizo patente. Isabel se seducía a sí por su propia seguridad. 'Belleza, encanto, distinción, sencillez, bondad, nobleza de sentimientos... ingenio, gracia, picardía, sagacidad, inteligencia, pero como una maldición todo se vuelve contra ti, y hasta tu hermosura no te causará más que disgustos y tu elevado espíritu volará tan alto, tan alto, que conducirá al error.'



Isabel no mudó sus modales de acogimiento al pueblo húngaro y acogimiento por sus revoluciones que además de repercutir, abría la defensa. Así, conoció en 1864 a Ida Ferenczy, íntima confidente hasta la muerte. 'Usted ya sabe que teno varios amos, el rey, la Cámara de los Comunes, la Alta Cámara.. Pero no tengo más ama que una, y precisamente por una mujer que puede mandarme obedezco'. Gyula Andrássy líder de la revolución de 1948 y por ello líder nacional por los rumores de amor fue condenado a muerte por traición por el emperador. Huyó a París donde se dio su amnistía después de la huída. Debiera usurpar el usufructo de merecer amistades y una vez, elegidas a ella embadurnarse de su efecto y luchar por ellos hasta quererlos en su camino vital.

La verdad política salió a la luz y el recibimiento fue una protesta policial para reprimida por la policia. La revolución fue también el sentimiento del ejército que daban su cuerpo para encontrar la justicia. El partido comunista se ahogó. Imre Nagy, sustituto de Rakosy, decidió aislarse del pacto de Varsovia pidiendo a las Naciones Unidas para que se reconociera la ciudad como un país neutral. Suficiente para que el Kremlin entrara el 4 de noviembre y Nagy tuviera que alojarse en la embajada. Las huestes húngaras contra batallas soviéticas. La catástrofe se calmó con el exilio, las heridas y los exilios. En 1857, los reyes austríacos fueron coronados en Hungría donde fueron bien recibidos por las intenciones que mostró la emperatriz basadas en la ayuda, la misericordia y la caridad. Como recompensa, le regalaron el Castillo de Godollo.



A los diez meses de la coronación, nacía María Valeria bautizada en el castillo de Ofen. Tanta regularidad había en su cuidado que sus ojos sólo iban a ella que Sissi había perdido sus manos para ser madre que se convirtió en la llamada 'La única'. Años después, diría que ese amor se le convirtió en insoportable por un hábito maternal exagerado. Una sensatez de sobreprotección dota de carencias en la línea del buen cuidado, pues la infancia no toma a la soledad, ni la individualidad de los primeros años donde se empiezan a desarrollar las decisiones más ilógicas, pero del sometimiento a la actitud.

En la decadencia de Austria, Francisco José fue la terrible derrota de Sadowa que anuló Alemania y Venecia. Su esposa se arrulló a su propias decisiones para ser reina de sí misma y de su hija Valeria, favorita en predilección.   

La muerte llega a las generaciones. Los ángeles traen la cartela de la apocalipsis. La archiduquesa Sofía en su lecho muere antes anudada a las manos de su nuera con 67 años. El séquito plañidero que la consideraba como la verdadera emperatriz lavaban sus paños en el entierro en la cripta imperial después de sacrificar su existencia para llevar el Imperio a la gloria.
Se deshizo de toda vida de cara a los allegados del pueblo llano y desmembró hasta su meticulosidad que hacía mermar a su nuera, abandonó la bonanza de sus benevolencias a sus otros hijos hasta que su padre tuvo que tomar las cuestiones del crecimiento.



A los 37 años comenzó a tapar su belleza senil disimuladamente con velos para dejar la consecuencia de las opiniones, que podrían alterar su concepción de sí misma en su retiro. El físico es un accidente que nos guarda como recipientes y no como muestra a los demás. La sensación del eterno femenino se trastorna por el ideal que se alimentó en la juventud, pero al ser ser visual sólo debiera ser consciente de alcanzar la intelectualidad.

La emperatriz tomó su altibajos, pero en la distancia a su marido, no volvió a concretar su imagen como primera dama por el insulto y el desprecio que se fecundaba. Marchó a Godollo. Decidieron reunieron sólo en ocasiones de compromiso como cumpleaños o ceremonias. Alejada de comensales que no le aportaban más que silencio en su búsqueda de la realidad y del espíritu con lecturas de sentir por la vida y no por la política. En su refugio, era amazona por el día con y gitana por la noche.



En 1883, su decaimiento en Hofburg, fue la astenia y cambió la hípica por paseos de más de ocho horas porque su gran amigo Bay Middleton sucumbió a dejar de acompañarla por dedicarse a su vida matrimonial.

En 1879, la pareja celebró las bodas de plata en la acomplejada felicidad, como el final de 'El graduado'. Entre ambos amantes existe una disolución por la imposibilidad de donarse en un mutuo las añoranzas espirituales que tenía Sissi pues sus asuntos lo tenían doblegados a la tierra y la emperatriz surcaba altos vuelos cavilando sobre la existencia. Ella se rodeaba de hombres de ingenio que la admiraban y la completaban. Su inaccesibilidad la dotaban de fría, por una parte estaba encomendada al emperador y sólo hallaría amables amistades y por otra parte esa entrega a la fortuna del hombre más enamorado y más afortunado, la convertían en más reina de su vida todavía.  Ni siquiera las aventuras amorosas del emperador le resultaban peligrosas pues había dejado de quererlo, mientras que el sexo era insatisfacción por parte de él que nunca podía comparar a su mujer. Catalina Schatt se convirtió en amante por la ausencia de Sissi, lo que le sirvió para ausentarse en Viena. Ella no sentía ningún tipo de intervención destinataria con Francisco José y apoyaba a Catalina, e incluso la proclamó su amiga. Cuando la rutina es la piedra angular, el río de cariño se determina hasta quedar seco de monotonía. Él se limitaba a los regalos y Sissi se empeñaba en su narcisismo, lo que la hacía consolidar su psique sin consideraciones en su atuendo. Ella siempre estuvo en el empeño de quererlo, pero las circunstancias de la corte y ver a un hombre político en su dormitorio e imaginar que probablemente estuviera ahondando en como salvar la nación, obstruían el entusiasmo. En un esfuerzo de tenerla, pidió al arquitecto que construyera la Villa Hermes.

 La extenuación de la vejez la imposibilitó sin paraísos rimada con la angustiada muerte fiel que tanto le espantaba. 1889, 30 de enero. Leía a Homero cuando la desgracia rondó por la esquina de la vida maligna. EL heredero yació suicidado en el dormitorio del pabellón de caza de Mayerling junto con María Vetsera, con la que había de engendrar un amor apasionado. Al morir su hijo Sissi se hundió en una desorbitada tristeza donde el dolor rompe y la pérdida de vida por la fuerza de la destrucción de un hijo amado constriñó del presente al martirio. Abandonada a su propia seguridad, el dolor es el vacío de la habitación, el dolor es la lágrima tras la córnea siempre lista a resbalar, el dolor es no poder más.  




La temida locura se había aposentado sin poder librarse de esas ideas, que la despertaban y la soñaban. La impotencia había hecho herida abierta y había desestructurado toda su cordura. El luto fue el protagonista. Tras la boda de su hija, quiso ser una aventura regocijada en el tormento. Y a las tempestades fue a embarcar para sentirse lejana. Vaga por el mundo entre somnolienta y la cocaína con enfermedades de los sesenta. Deseaba ser preguntada como poetisa y envolvió en 1950 dos volúmenes de versos para el presidente de la Confederación Helvética que fueron publicados.



Sus últimos años, los padeció lejos de palacio, sin ocupaciones. El abandono de la vida impuesta fue la cumbre de su ansiado destino, aunque su marido fuera la amara con todas fuerzas sus hijos ya crecidos, aunque pasara las yemas por los juguetes de los nietos y los enviara en el ocaso. En la mutilación de la belleza corrosiva, el esmero es saber llevar la limpieza dentro de sí, mirar en el espejo y aceptar irradiar por la carga que tenemos honda, no por la arruga que nos ayuda a seguir vivos. 

1898, 10 de septiembre, Ginebra. En la mañana, un estilete de un anarquista le atracaba el corazón y caía muerta, sin nadie que pudiera salvar la vida de Sissi. Muere un alma que pereció siempre en el dolor de no alcanzar la tierra prometida, pero que supo buscar en sus adentros alcanzando la savia de la indeleble melancolía viva. Histórica lucha de una mujer que quedó a la sombra de ser la dama del emperador de Austria, de ser una sombra que brillaba aún quisiera arrinconarla, una luz eterna que galopó en busca de su propia libertad sin escapar de su destino. 


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